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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Asma con peso de género: cuando las hormonas le juegan una mala pasada a las mujeres adultas

Después de la pubertad, las pacientes con asma sufren más crisis, más internaciones y un control más difícil que los varones. Especialistas consultados explican cómo influyen el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia, y qué señales conviene no pasar por alto.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Asma con peso de género: cuando las hormonas le juegan una mala pasada a las mujeres adultas

Lo veo casi todas las semanas en el consultorio, pero esta vez lo vi en la sala de espera del hospital público donde una neumonóloga me dio turno para conversar sobre asma. Tres mujeres adultas, con la boca del estómago apretada y el silbido en el pecho a flor de piel, esperando que alguien les firme una receta nueva. Las tres habían terminado el verano con una crisis. Las tres habían ido a la guardia más de una vez. Una me dijo que su marido, con el mismo diagnóstico desde chico, jamás había terminado adentro de una ambulancia. Ahí entendí por qué la médica, antes de empezar la entrevista, me pasó un paper sobre asma, sexo y hormonas y me dijo: 'Empezá por ahí, que ahí está la clave de lo que te voy a contar'.

La conversación arranca por un dato que cualquier adulto con asma ya intuye, aunque no lo tenga medido: hasta la pubertad, el asma es más frecuente en varones. A partir de la adolescencia, la foto se da vuelta. En la adultez, las mujeres tienen mayor prevalencia, consultan más seguido a urgencias y requieren más internaciones. Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, basado en datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que 260 millones de personas vivían con asma en el mundo ese año. La brecha por sexo aparece sobre todo en la edad reproductiva, que es justo donde más cuesta mantener la enfermedad a raya.

Estrógeno y progesterona como gatillo

La diferencia no tiene una causa única. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, conducido por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, estudió células inmunitarias de pacientes con asma grave y encontró que el estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios. También detectó mayor actividad de células llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. Los autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni aplica a todos los casos: el grupo estudiado fue reducido y parte del análisis se hizo en modelos animales.

Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, me lo resumió en una llamada así: 'No es que haya genes distintos en mujeres y varones, sino que un mismo gen se comporta diferente según el sexo, en diálogo con las hormonas y con el ambiente'. O sea: el cuerpo de una mujer no tiene otra asma, tiene el mismo asma atravesada por otro contexto hormonal.

Ciclo menstrual, embarazo y menopausia

Algunas pacientes reportan cambios en el control del asma antes o durante la menstruación. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40% de las mujeres podría notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten fijar una cifra definitiva. La hipótesis más estudiada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.

  • Ciclo menstrual: alrededor del 40% de las pacientes percibe cambios sintomáticos en la fase premenstrual, con más disnea y más uso de medicación de rescate.
  • Embarazo: la evolución es impredecible; un patrón clínico clásico describe que un tercio de las embarazadas empeora, otro tercio se mantiene estable y un tercio mejora.
  • Menopausia: la caída hormonal vuelve a modificar el cuadro y muchas mujeres describen recaídas después de años de relativo control.
  • Genética y peso corporal: la obesidad y la predisposición genética interactúan con las hormonas y pueden empeorar la respuesta inflamatoria.
  • Exposición ambiental: tabaco, contaminación indoor y alérgenos laborales pesan distinto en cuerpos con otra carga hormonal.
“Cuando le pregunté a la neumonóloga qué le recomendaba a una paciente que nota que se ahoga más en la semana previa a la menstruación, me contestó sin dudar: 'Anotar las crisis en un calendario, hablarlo con el médico y no normalizarlo. No es exageración, es información clínica valiosa'.”Fuente médica consultada por este medio

En la sala de espera del hospital, una de las mujeres me terminó de cerrar el círculo. Se llama Roxana, tiene 52 años y me dijo, mientras se acomodaba el barbijo: 'Yo pensé que era exagerada. Después de la menopausia, volví a tener crisis como a los veinte. Mi marido se asmático desde chico y nunca se internó. Yo ya perdí cuenta de las guardias'. Esa frase, dicha por una paciente real, condensa lo que dice la literatura y lo que repite cualquier especialista que siga a mujeres adultas con asma: el cuerpo cambia, las hormonas pesan, y la enfermedad pide un seguimiento personalizado. Lo que no debería cambiar es la respuesta del sistema de salud, que todavía suele medir el asma con varilla masculina.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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