Bronquiolitis al rojo vivo: las guardias pediátricas se desbordaron y los bebés son los más golpeados
En apenas cinco semanas, las atenciones por virus respiratorio en chicos pasaron de 561 a 1.612 por semana en la provincia. El Virus Sincicial Respiratorio volvió a ser el gran protagonista de la temporada y los menores de un año encabezan los casos más graves. Hay una vacuna gratuita para embarazadas que puede cambiar la historia de los recién nacidos.

Todavía tengo grabada la imagen de aquel martes a la noche, cuando pasé por la guardia del hospital de niños y la sala de espera estaba desbordada de familias con bebés en brazos, mamás con cara de no haber dormido nada y abuelos corriendo de un lado a otro buscando un turno. Era la postal más clara de lo que estaba pasando: el segundo pico respiratorio del año había llegado con todo, y los más chicos eran los que la estaban pasando peor. Cuando empecé a cruzar los números que me pasó el ministerio de Salud de la provincia, la escena cobró todavía más sentido: en apenas cinco semanas, las consultas pediátricas de guardia por enfermedades respiratorias prácticamente se triplicaron, pasando de 561 a 1.612 atenciones por semana. Es un salto del 187%, una cifra que a mí, como madre y como cronista, me dejó helada.
Un virus conocido, pero con mucha mala leche
El protagonista absoluto de este segundo repunte, que llegó más tarde de lo habitual, es el Virus Sincicial Respiratorio, más conocido por sus siglas, VSR. A diferencia del primer pico de la temporada, que ocurrió cerca de la semana 21 y estuvo empujado sobre todo por casos de influenza, esta vez la historia la escribe otro viejo conocido de los inviernos argentinos. El VSR se transmite con una facilidad enorme: alcanza con las gotitas que despedimos al toser o esternudar, o con tocar una superficie contaminada y llevarse después la mano a la boca, la nariz o los ojos. En adultos y en chicos más grandes suele parecer un simple resfrío, con mocos, tos y algo de decaimiento, pero cuando se cruza con un bebé la cosa cambia por completo.
Por qué los menores de un año son los más vulnerables
- La principal complicación es la bronquiolitis, una inflamación de los bronquios más chiquitos que les dificulta seriamente la respiración.
- También puede derivar en neumonía, una infección pulmonar que muchas veces requiere internación.
- Los bebés menores de un año, y sobre todo los recién nacidos, son los que mayor riesgo tienen de terminar con cuadros graves.
- A más largo plazo, las infecciones por VSR en la primera infancia se asocian con más episodios de sibilancias y asma en los años siguientes.
En la puerta de la guardia, mientras esperaba para una entrevista, me crucé con Marcela, una vecina de 42 años que estaba con su nieto Tomás, de apenas tres meses. Me contó que la criatura había empezado con mocos el domingo y que para el jueves ya no podía tomar la teta porque se ahogaba. Terminó con un diagnóstico de bronquiolitis y varias noches de nebulizador en casa. Lo que le pasó a Tomás se repite en cientos de hogares de la provincia y grafica, sin aspavientos, por qué los pediatras insisten tanto en no subestimar los síntomas en los más chiquitos.
Una vacuna gratuita que puede salvar la primera infancia
Frente a este panorama, desde el ministerio de Salud provincial salieron a recordar algo clave que muchas familias todavía no conocen: existe una vacuna gratuita contra el VSR para personas gestantes de entre 32 semanas y 36 semanas y media de embarazo. La dosis, que se aplica una sola vez, le transfiere anticuerpos al feto antes del nacimiento y lo protege durante los primeros seis meses de vida, justo el período de mayor vulnerabilidad. Aplicarla reduce de manera muy significativa el riesgo de que el bebé termine con bronquiolitis o neumonía grave. Para acceder, no hace falta más que pedir turno en cualquier centro de salud u hospital público de la provincia.
Mientras escribo esta nota, vuelvo a pensar en la sala de espera de aquella noche, en Marcela con Tomás en brazos y en las más de mil familias que esa semana pasaron por la guardia con el mismo miedo. El dato del 2025, según me confirmaron en la cartera sanitaria, se parece mucho al del 2024, cuando la temporada también se estiró en dos picos y dejó al sistema pediátrico al límite. La diferencia es que hoy sabemos que hay una herramienta concreta para cuidar a los recién nacidos antes incluso de que lleguen al mundo. Usarla, en definitiva, depende de que el mensaje llegue a cada embarazada y a cada familia que esté esperando un bebé en este momento tan delicado del año.
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