Cerebros de un solo dueño: por qué insistimos en dividir lo que ya viene junto
La idea de que cada persona es del lado izquierdo o del derecho del cerebro sobrevive en cuestionarios, aulas y conversaciones de café, aunque las investigaciones más recientes muestran que se trata de un mito con muy poco respaldo.

Lo escuché mil veces y, confieso, también lo repetí sin pensarlo demasiado: "yo soy de cerebro izquierdo, por eso me banco los números, mientras que mi hermana es de cerebro derecho y vive dibujando". Es probable que usted, que está leyendo estas líneas, también lo haya dicho alguna vez en una sobremesa o en una reunión de trabajo, como si fuera un dato del DNI. La realidad, según los estudios más recientes, es bastante más aburrida y, a la vez, bastante más fascinante: no existe tal cosa como una persona de un hemisferio o del otro. Existen, sí, redes neuronales que se especializan en tareas concretas, pero funcionan en red, en permanente diálogo, y eso es lo que nos hace ser quienes somos.
Lo que sí es cierto (y lo que no)
El punto de partida del malentendido es un dato verdadero que conviene no perder de vista: los dos hemisferios cerebrales no hacen exactamente lo mismo. El izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y en el control del lado derecho del cuerpo. El derecho participa del procesamiento visual y espacial y maneja el lado izquierdo. Esa distribución existe y está bien documentada. Lo que no existe, según los investigadores, es que esa distribución determine la manera de aprender ni el talento de cada uno, ni que permita clasificarnos en personas racionales y creativas como si fueran dos especies distintas.
Un estudio publicado en la revista PLOS ONE se tomó el trabajo de analizar la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Los autores identificaron regiones con lateralización, entre ellas áreas vinculadas al lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho. Pero cuando buscaron si esas conexiones se agrupaban en un patrón que beneficiara de manera sistemática a un hemisferio sobre el otro dentro de cada individuo, no encontraron evidencia consistente. O sea: la especialización es local, no global, y eso cambia por completo la lectura del asunto.
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. La gente tiene habilidades y talentos distintos, pero eso no significa que dependan del hemisferio que más usan.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
Por qué nos cuesta tanto soltar el mito
El mito tiene, además, un origen concreto y muy fácil de rastrear. En la década del sesenta se estudiaron pacientes a quienes se les había seccionado el cuerpo calloso, esa enorme autopista de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios, para controlar crisis epilépticas graves. En esos casos extremos, sí se podían observar diferencias marcadas entre un lado y el otro. El problema fue que esos hallazgos, válidos para cerebros intervenidos quirúrgicamente, se extrapolaron sin más al funcionamiento del cerebro intacto, como si lo que pasaba en una situación excepcional sirviera para explicar la vida cotidiana de cualquiera y funciona.
A esa confusión se sumó después el amor por las etiquetas. Los cuestionarios de internet, las propuestas educativas e incluso algunos libros de autoayuda se llenaron de personas definidas como "de cerebro izquierdo" o "de cerebro derecho". La clasificación resultaba simpática y daba respuestas rápidas: si te gustan los números, sos racional; si te gusta pintar, sos creativo. UNESCO llegó a advertir que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos: definirse como "poco creativo" por considerarse analítico, o como "desorganizado" por asumirse artístico, puede desincentivar la práctica de habilidades que se entrenan con esfuerzo y constancia, como cualquier otra.
Vuelvo a la idea con la que abrí esta nota, esa que repetí tantas veces sin chequear. Cuando uno se sienta en la mesa familiar y empieza a repartir etiquetas, lo más probable es que esté armando una pequeña ficción con apariencia de ciencia. Los dos hemisferios funcionan como un sistema integrado y permanente, y lo que nos hace distintos a unos de otros no es la mitad que más usamos, sino la combinación única de experiencias, entrenamientos y vínculos que fuimos construyendo a lo largo de la vida. Después de leer los estudios, la próxima vez que alguien me diga "yo soy de cerebro derecho", voy a contestarle con una sonrisa y con la única verdad disponible: sos de cerebro entero, como todos.
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