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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando el cielo se queda gris: la verdad sobre la vitamina D y los suplementos que nadie te pidió

Un especialista en medicina interna explicó por qué los días nublados no deberían sacar corriendo a nadie a comprar pastillas, y quiénes sí tienen que sentarse a conversar con su médico antes de que termine el invierno.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Cuando el cielo se queda gris: la verdad sobre la vitamina D y los suplementos que nadie te pidió

Arrancá la semana como arranqué yo la mía: saliendo a la calle con la sensación de que alguien le bajó varios puntos al brillo del mundo. Cielo plomizo, vereda mojada, el termómetro peleando con el viento, y la gente caminando con cara de mudanza. Es justamente en días así cuando vuelve a aparecer, como cada año, el fantasma de la vitamina D: la idea de que como no hay sol nos vamos a quedar sin nada, que el cuerpo se queda en banda y que la solución es ir a la farmacia y pedir un frasco. Por eso me senté a leer con cuidado lo que dice Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, y la conclusión me dejó bastante más tranquila de lo que esperaba.

Lo primero que Heredia aclara es que la vitamina D se fabrica, sobre todo, en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B. También se puede meter al cuerpo comiendo ciertos alimentos, pero la síntesis cutánea sigue siendo la fuente principal para la mayoría de las personas. Y acá viene la buena noticia: las nubes filtran parte de esa radiación, sí, pero no la borran del mapa. Por eso, unos cuantos días seguidos de lluvia o de cielo tapado no implican, de por sí, una caída fuerte en los valores. El cuerpo, además, tiene reservas que funcionan como un colchón: amortiguan los cambios y sostienen los niveles durante los períodos de menor exposición. La posibilidad de terminar con deficiencia depende, en realidad, de los niveles previos de cada uno, de los antecedentes médicos y del estado de salud general.

Quiénes sí tienen que prestar atención

Porque no todo el mundo necesita hacerse un análisis ni salir a suplementar de manera preventiva. Heredia marca con bastante precisión los grupos que sí tienen que poner el tema en la agenda: los adultos mayores, las personas con obesidad, los pacientes con enfermedad celíaca, quienes pasaron por una cirugía bariátrica, los que estuvieron internados o atravesaron cuadros críticos, y quienes arrastran antecedentes de osteoporosis o fracturas. En todos esos casos, la decisión de pedir estudios y de definir un tratamiento depende de la evaluación médica, no de la intuición ni del consejo del vecino.

Lo que el especialista les dice a los adultos sanos

Para los que no entran en ninguno de esos grupos, el mensaje es bastante directo: no existe una recomendación general de suplementar a adultos sanos sin una deficiencia documentada. Y ojo, que el exceso tampoco es gratis. Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y terminar dañando la función renal. O sea, ni magia ni solución exprés: suplemento solo cuando hay un motivo clínico y un médico que lo avale.

“No existe una recomendación general de suplementación para adultos sanos sin deficiencia documentada. Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad, elevar el calcio en sangre y dañar la función renal.”Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna (UBA)

Para qué sirve y dónde se la puede buscar en la mesa

La vitamina D cumple un papel central en la absorción del calcio y el fósforo, dos minerales clave para los huesos. Cuando falta, en adultos puede aparecer osteomalacia, más fragilidad ósea y un riesgo mayor de fracturas. En chicos, una carencia importante puede derivar en raquitismo. Además, participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmune. En la mesa, los huevos, los pescados grasos como el salmón y la caballa, y los yogures fortificados suman algo. Pero cuando ya hay una deficiencia instalada, la dieta sola suele no alcanzar para corregirla: ahí vuelve a aparecer, como corresponde, la mano del profesional.

Cierro la nota como empecé: volviendo a esa mañana gris en la que el barrio entero parecía ir a trabajar con la capucha puesta. Me crucé con Daniel, 58 años, que camina todos los días hasta la parada del colectivo y me dijo, con el tono resignado de quien repite el mismo guion cada invierno: "Yo tomo vitamina D desde julio, un amigo me dijo que si no tomás te bajan las defensas". Le conté lo que dice Heredia, le aclaré que en su caso particular puede ser distinto y que vale la pena una consulta antes de seguir repitiendo el frasco. Se quedó callado unos segundos y me respondió, mientras se acomodaba la mochila: "Mirá vos, pensé que era como el agua, que mientras más mejor". No, Daniel: no es como el agua. Es como casi todo en medicina: depende de cada uno, y la última palabra la tiene el médico, no el mostrador de la farmacia.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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