Cuando el dolor no avisa: cómo mirar lo que antes no veíamos
Los suicidios en la Argentina crecieron casi un 58 por ciento en ocho años y ya son la primera causa de muerte entre los 15 y los 34 años. Una especialista del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires explica qué señales pueden leer familiares, docentes y amigos antes de que sea tarde.

Lo primero que vi cuando llegué al Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires fue una sala chica, con sillas desparejas y un ventanal que daba a una calle arbolada de Congreso. María Fernanda Azcoitía, psicóloga y directora del lugar, me recibió con la voz calma de quien contuvo miles de llamados. Me dijo que lo más importante que podía contarme era esto: el suicidio nunca aparece de golpe, aunque lo parezca. Y que si un familiar, un docente o un amigo aprende a leer las señales que esa persona viene dejando desde hace tiempo, todavía hay tiempo para intervenir. La conversación se extendió por más de una hora, con una franqueza que a mí, como periodista, me deja pensando varios días.
En la Argentina, 5.209 personas murieron por suicidio en 2025, contra 3.304 que murieron por la misma causa en 2017. Es un aumento del 57,7 por ciento en apenas ocho años. Lo más inquietante es la franja etaria: entre los 15 y los 34 años, el suicidio ya es la primera causa de muerte, por encima incluso de los accidentes de tránsito. La tasa nacional pasó de 8,2 a 11,8 casos cada 100.000 habitantes, un salto que la Organización Mundial de la Salud viene alertando desde hace años como parte de un fenómeno global asociado al crecimiento de la depresión y otros padecimientos mentales.
La huella del aislamiento en los más chicos
Azcoitía me insistió con algo que a mí me resonó fuerte: para algunos adolescentes que ya tenían dificultades para vincularse, el regreso a la presencialidad plena después del período de aislamiento social fue un escenario durísimo. Volvieron a las aulas sin haber desarrollado las herramientas para sostener los vínculos que la escuela secundaria exige. Esa mochila, dice la especialista, se vio y se sigue viendo en los consultorios.
La psicóloga es tajante cuando le pregunto si hay una causa única: "El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón", me dijo mirándome fijo, como para que no se me olvidara la frase. Factores psicológicos, relacionales, familiares y biológicos se cruzan en cada caso. El deterioro económico, un duelo, una ruptura sentimental o un conflicto en la escuela pueden ser parte del escenario, pero ninguno explica nada por sí solo.
Las señales que el entorno puede leer a tiempo
Cuando le pregunté qué tienen que mirar los que están cerca, Azcoitía fue muy clara: la clave no es una conducta puntual, sino el cambio respecto de cómo era esa persona antes. Un adolescente expansivo que se aísla de un día para el otro llama la atención. Pero también la llama uno que siempre fue callado y empieza a mostrarse disruptivo, agresivo o impulsivo. El aislamiento, por sí solo, no alcanza como alerta: lo que importa es la diferencia con el patrón previo.
Antes de irme le pregunté por un caso que la hubiera marcado, y ella me contó el de Juan, un pibe de 19 años que atendieron el año pasado en el CAS. Juan, me dijo, había empezado a dejar de contestar mensajes, a faltar al trabajo y a regalarle cosas a su hermana menor sin motivo. Fueron los compañeros de la fábrica, y no la madre, los que se animaron a llamarla un día para decirle lo que veían. Cuando finalmente atendieron a Juan, el proceso llevaba meses de señales. Hoy, me dijo Azcoitía, Juan está en tratamiento y volvió a comer con los suyos los domingos. Me lo contó como quien abre una puerta y deja entrar un poco de aire.
Qué hacer cuando algo no cierra
Si algo de todo esto te resonó mientras leías, la línea del CAS funciona todos los días, de manera gratuita, y la atiende personal capacitado. Lo que la especialista repite como un mantra es esto: si alguien que querés empezó a mostrarse distinto, no esperes a estar seguro para preguntar. Preguntar no induce, preguntar abre. Y abrir, en muchos casos, es la diferencia entre una pérdida y una vida que sigue.
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