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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la falta de aire ya no es solo cuestión de la edad: el camino lento hasta un diagnóstico de fibrosis pulmonar

Un neumonólogo y una reumatóloga consultados por este portal coinciden en que la demora puede llegar a los dos años y que, mientras tanto, el pulmón va quedando con cicatrices que no se borran. La advertencia apunta a no normalizar lo que el cuerpo empieza a pedir con cada escalón.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Cuando la falta de aire ya no es solo cuestión de la edad: el camino lento hasta un diagnóstico de fibrosis pulmonar

Lo primero que escuché al cruzar la puerta del consultorio fue una frase que se repite más de lo que uno quisiera: "Yo pensé que era la edad". La dijo Enrique, 63 años, vecino del barrio de Caballito, mientras acomodaba sobre la mesa los estudios que le venían dando vueltas desde hacía casi dos años. Venía por una tos seca que no se iba y una falta de aire que, en los últimos meses, aparecía al subir dos tramos de escalera, algo que antes hacía sin pensarlo. Su historia no es una excepción. Según los especialistas consultados, el camino hasta confirmar una fibrosis pulmonar puede estirarse hasta dos años, y en ese tramo la enfermedad suele avanzar en silencio, dejando cicatrices que ya no se borran.

La fibrosis pulmonar es, en criollo, una forma de cicatrización del tejido que recubre los pulmones. Esas cicatrices endurecen la estructura y dificultan el paso del oxígeno a la sangre. Cuando no se encuentra una causa clara, los médicos la llaman idiopática; cuando se la puede vincular con algo concreto —una enfermedad reumatológica, partículas inhaladas en el trabajo o ciertos medicamentos—, cambia el enfoque del tratamiento. Pero para llegar a esa distinción hace falta un proceso que, como me contó Enrique mientras leía sus estudios, a veces se siente como una carrera con obstáculos.

Por qué la falta de aire no debe atribuirse a los años

Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas y especialista en enfermedades pulmonares intersticiales, me lo dijo de manera directa: perder capacidad de esfuerzo no es una consecuencia automática de envejecer. "Aunque estas enfermedades son más frecuentes después de los 60 años, la edad no vuelve normal la falta de aire", sostuvo el médico. La aclaración importa porque, en la práctica, muchos pacientes —y muchos médicos de cabecera— tienden a mirar para otro lado cuando alguien mayor empieza a cansarse más rápido. Y mientras tanto, el tejido pulmonar sigue sumando marcas.

Señales que no conviene dejar pasar

  • Dificultad para respirar que aparece ante esfuerzos mínimos o que empeora en pocos días: la consulta debe ser urgente.
  • Tos seca persistente, sin moco y que no se explica por una gripe o alergia que se haya ido.
  • Falta de aire al hacer actividades que antes se toleraban sin problema, como caminar, subir escaleras o cargar una bolsa.
  • Cansancio creciente que se instala de a poco y que el propio paciente atribuye, casi por descarte, al paso del tiempo.

Enrique me contó que él mismo había relativizado todo eso durante meses. "Pensé que era el cigarrillo de hace veinte años", me dijo, mientras hojeaba una tomografía donde las marcas blanquecinas que se ven en el pulmón enfermo se notaban a simple vista. Recién cuando la falta de aire apareció sin haber hecho casi nada —sentado en un café, caminando hasta la esquina— decidió que algo no cerraba.

Cómo se busca el diagnóstico y por qué a veces lleva tanto

Enghelmayer describió los pasos con los que él trabaja: primero se revisan los antecedentes del paciente, las exposiciones laborales o ambientales y los estudios respiratorios previos. Después llega la tomografía de alta resolución, que es la herramienta clave para ver el patrón de cicatrices en el tejido pulmonar. Y hay un detalle clínico que sorprendió a más de uno: cuando el médico apoya el estetoscopio, puede escuchar un ruido particular, parecido al sonido que hace el velcro cuando uno lo despega. No es un diagnóstico en sí mismo, pero es una pista fuerte que el profesional entrenado sabe leer.

Cuando el problema empieza en una enfermedad autoinmune

Acá el cuadro se vuelve todavía más traicionero. Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, me explicó que en personas con enfermedades autoinmunes el compromiso pulmonar puede no dar síntomas respiratorios durante mucho tiempo. En esclerosis sistémica, la evaluación del pulmón se pide desde el diagnóstico mismo; en artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en los pacientes que tienen factores de riesgo adicionales. Montoya compartió un dato surgido de una cohorte argentina en la que participó: el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios, y dentro de ese grupo, el 40 por ciento mostraba una afectación extensa en la tomografía. Es decir, cuatro de cada diez pacientes con tomografía comprometida estaban, en la superficie, sin tos ni falta de aire.

Enrique no tiene una enfermedad autoinmune, pero su caso deja a la vista un punto que los dos especialistas remarcaron en la conversación: la decisión de estudiar el pulmón no puede esperar a que aparezcan los síntomas. "Los controles indicados no dependen únicamente de sentir tos o falta de aire", resumió Montoya, y esa frase me quedó dando vueltas mientras volvía a la sala de espera, donde Enrique seguía sentado, con la mirada clavada en sus estudios. Antes de despedirnos, me dijo algo que me parece la mejor manera de cerrar esta nota: "Si me hubiera apurado un año antes, capaz hoy estaría hablando de otra cosa". La fibrosis pulmonar no avisa con un cartel luminoso; a veces solo deja señales chicas, y prestarles atención a tiempo puede cambiar el camino entero.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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