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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Fueguinos Ahora

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Cuando la inteligencia artificial le devuelve el control al usuario, pero también se lo quita

Aires acondicionados, portarretratos y hasta heladeras industriales están quedando en manos de modelos de IA que pueden repararlos o sabotearlos con la misma facilidad. Un caso argentino con BGH Smart y los ataques a supermercados en Francia muestran los dos lados de un mismo fenómeno.

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Florencia BianchiniCiencia y tecnología · · 3 min de lectura
Cuando la inteligencia artificial le devuelve el control al usuario, pero también se lo quita

¿Puede un programa de computadora resucitar un aire acondicionado que la fábrica dio por muerto? Sí, y la respuesta a esa pregunta es la misma que abre una de las cajas de Pandora más inquietantes de 2026: la inteligencia artificial ya es lo suficientemente hábil como para meterse adentro de cualquier aparato conectado, entender cómo habla y, a partir de ahí, hacer con él casi cualquier cosa. Para bien o para mal.

La historia empieza con un electrodoméstico muy nuestro. Varios usuarios argentinos tenían aires acondicionados BGH Smart que seguían enfriando sin problemas, pero habían perdido su función estrella: el control por wifi. La empresa había discontinuado el servicio en la nube que sostenía esa conectividad, y los equipos, físicamente intactos, se habían transformado en unos bonitos pisapapeles de varios kilos. Hasta que un desarrollador metió mano. Usó un agente de IA para analizar las comunicaciones que el aparato enviaba y recibía, reconstruyó el protocolo original y armó una integración casera compatible con los asistentes de voz más populares. El código lo publicó como software libre, o sea, gratuito y abierto para cualquiera que quiera usarlo o mejorarlo.

No es el único caso, ni el más sorprendente

Del otro lado del continente, el programador Wes Bos compró un portarretratos digital de 50 dólares, le sacó el sistema operativo interno con ayuda de un agente de programación, borró el software de fábrica y lo convirtió en un panel familiar a medida, con fotos, clima y recordatorios. Otro desarrollador presentó ArtCraft, una colección de aplicaciones gratuitas que imitan el funcionamiento de programas caros de Adobe y Microsoft usando ingeniería inversa asistida por IA. Y Google anunció que pronto los usuarios de Android podrán crear sus propias aplicaciones describiendo en lenguaje natural lo que quieren que hagan, sin escribir una sola línea de código.

Lo interesante, lo que a mí me hace ruido como periodista, es el común denominador: tareas que antes llevaban semanas de trabajo o que directamente nadie podía encarar solo, ahora se resuelven en horas o días gracias a estos agentes. Eso devuelve a la gente el control sobre los objetos que compró, alarga la vida útil de equipos perfectamente funcionales y les pega un golpe certero a los modelos de negocio que viven de tener al cliente atado a una plataforma propietaria.

Piensen en la IA como ese cuchillo bien afilado que todos queremos tener en la cocina: con él pueden cortar una cebolla en juliana en un minuto o, con la misma hoja, destripar un pescado entero. La herramienta es la misma. Lo que cambia es la intención de quien la empuña.

El agente que descifró cómo habla un aire acondicionado BGH puede, con el mismo procedimiento, analizar una cámara de seguridad, una cerradura inteligente, una heladera o una bomba de insulina conectada. Detecta vulnerabilidades y prueba formas de explotarlas. Esta semana, atacantes manipularon a distancia los sistemas de refrigeración de cientos de supermercados en Francia y provocaron ciclos de descongelamiento que obligaron a tirar a la basura toneladas de alimentos. Son los primeros incidentes físicos a gran escala derivados de ataques a cadenas de frío en Europa, y dan una idea bastante concreta de qué es lo que está en juego cuando la ciberseguridad falla en objetos que controlan la temperatura, el agua o la electricidad.

El escenario que preocupa a los investigadores es el de modelos de IA distribuidos entre dispositivos domésticos baratos, capaces de propagarse de uno a otro y de operar sin un servidor central que los apague. Es, en criollo, un virus inteligente que no necesita internet para seguir trabajando. Lo que viene en la próxima campaña electoral y regulatoria en Europa es si se avanzará con normas obligatorias de soporte mínimo para dispositivos conectados, como ya pasó con las bombillas y los celulares. Mientras tanto, en Argentina y en el resto del continente, cada aparato con wifi sigue siendo, en buena medida, una puerta abierta.

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Florencia BianchiniCiencia y tecnología

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