De noche, cuando la góndola duerme: cómo los robots humanoides están aprendiendo a reponer estanterías en Dinamarca
La cadena minorista más grande del país escandinavo entrena máquinas con inteligencia artificial para hacerse cargo de una tarea que consume casi la mitad de la jornada de un repositor. El objetivo: que trabajen solas, a oscuras, antes de que termine el primer trimestre de 2027.

¿Te imaginas entrar a un supermercado a las tres de la mañana y encontrar a un robot ordenando paquetes de galletitas en la góndola, mientras las luces siguen apagadas para el público? Eso es justamente lo que está empezando a pasar en Dinamarca, y la movida tiene más miga de la que parece. Te lo cuento como si lo estuviera viendo en mi propia cocina: una máquina que todavía no sabe dónde va cada frasco, pero que ya está practicando, una caja por vez, hasta aprender el truco.
La cadena minorista más grande de Dinamarca, con más de dos mil locales repartidos por seis países europeos, puso en marcha en junio de este año un ensayo con robots humanoides dotados de inteligencia artificial. La meta declarada es concreta: que esas máquinas puedan reponer estanterías de manera totalmente autónoma durante la noche, cuando las puertas del supermercado están cerradas, a comienzos de 2027.
Por qué reponer estanterías es la tarea perfecta para empezar
Piensen en lo que hace un repositor en un turno cualquiera: caminar hasta el depósito, agarrar una caja, mirar la etiqueta, encontrar el hueco correcto, colocar el producto, volver a empezar. Una y otra y otra vez. Según los datos que maneja la propia cadena, esta labor ocupa entre el cuarenta y el cincuenta por ciento de la jornada de un empleado de supermercado. Es trabajo físico, sí, pero sobre todo es repetitivo hasta el hartazgo, que es exactamente el tipo de tarea donde una máquina entrenada puede sacarle ventaja a un humano cansado.
Como me dijo una vez una cocinera amiga, aprender a picar cebolla es cuestión de práctica: los primeros días llorás, te cortás, tardás una eternidad, y un buen día la mano sola sabe dónde tiene que ir. Con los robots pasa algo parecido, con la diferencia de que acá el cuchillo son sensores y el comedor es una góndola de dos metros.
- Visión artificial: las cámaras del robot identifican formas, tamaños y posiciones de cada producto en la estantería.
- Aprendizaje automático: cada sesión de entrenamiento, guiada por un operador humano, alimenta los algoritmos con datos nuevos.
- Actuadores físicos: los brazos están diseñados para imitar el rango de movimiento de una persona, al adaptar la presión y el ángulo al tipo de artículo.
Qué falta para que el robot trabaje solo de madrugada
Hoy, cada movimiento de las máquinas es guiado por un operador humano, como si fuera la mano de un titiritero. Esa intervención es la que genera los datos que después van a permitir que el sistema reconozca por sí solo dónde va cada cosa. De acuerdo con el cronograma difundido por la empresa, la idea es que la intervención humana se retire por completo a principios de 2027.
Hay un detalle legal que pesa y mucho: la legislación danesa prohíbe que los robots operen de forma autónoma en un espacio donde haya clientes. Por eso el turno nocturno, con la tienda cerrada, se vuelve el único horario posible para esta clase de despliegue. Es, en la práctica, una ventana horaria que la ley les abre a las máquinas y les cierra a las personas.
Los ingenieros del proyecto lo explican con una metáfora que me salió repetir mientras leía el parte: reconocer artículos de distintos tamaños en una estantería real es como servir distintas comidas en un buffet sin que se mezclen los sabores. Las máquinas todavía son más lentas que una persona y necesitan supervisión constante, pero la promesa es que, con miles de horas de práctica, alcancen un ritmo confiable.
Qué puede pasar después, si todo sale bien
Si el ensayo funciona, la cadena no descarta llevar el esquema a otros locales de su red europea. Y la no se queda en reponer: a futuro, el mismo sistema podría controlar fechas de vencimiento, detectar huecos en los lineales y corregir productos mal ubicados, tres tareas que hoy hacen las personas a ojo y a las apuradas.
Dinamarca, además, llega a esta prueba con un mercado laboral de los más ajustados del continente, lo que le da a la automatización un incentivo extra frente a la escasez de personal y el alza de los costos operativos. En otras palabras: no se trata solo de modernizar por modernizar, sino de tapar un agujero que ya está abierto.
Mientras tanto, los próximos meses van a ser decisivos. Lo que se sabrá en la próxima campaña, cuando el ensayo cumpla su primer año, es si estas máquinas lograron pasar de la práctica tutelada al trabajo nocturno en solitario, y si el modelo se convierte en referencia para el resto del sector minorista europeo. Por ahora, la pregunta queda picando en el aire, igual que el olor a cebolla recién cortada: ¿se animarán los supermercados de este lado del mundo a probar algo parecido, o miraremos de reojo lo que hacen los daneses hasta que ya sea tarde?
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