Del cajón al celular: cómo pasar tus fotos viejas a la pantalla sin perderlas en el intento
Con el teléfono, una mesa y algo de paciencia se pueden rescatar álbumes enteros. Las claves están en elegir bien la aplicación, no olvidar el reverso de cada foto y, sobre todo, hacer una copia de respaldo antes de borrar el original.

¿Alguna vez te preguntaste adónde van a parar esas fotos de cuando tu vieja era joven y tu viejo tenía pelo? Yo me lo pregunté el otro día, mientras movía una caja con un álbum que se estaba poniendo amarillo. Y la respuesta corta es: a la nada, si no hacés algo. La buena noticia es que ese algo no exige ni un escáner gigante ni un curso de computación. Basta con el celular que ya tenés en el bolsillo.
Antes de empezar conviene no querer comerse el mundo de un mordisco, como cuando te sentás a la mesa con un plato enorme. Mejor elegir un puñado de imágenes, unas diez o veinte de un mismo momento, y probar ahí el procedimiento. Una vez que le agarrás la mano, el resto sale casi solo y la colección entera deja de asustarte.
El celular como escáner y las app que valen la pena
La forma más directa es usar la cámara del propio teléfono. Se apoya la foto sobre una mesa, se evita que entren sombras o reflejos sobre las caras y después se recortan los bordes con cualquier editor. Los dos sistemas operativos más usados ya traen herramientas de escaneo integradas: en el iPhone aparecen dentro de Notas y Archivos; en Android se pueden encontrar en la propia cámara, en Google Drive o en Files de Google. Andan bien para documentos, pero con fotos viejas, que suelen ser brillosas, dan resultados regulares.
- PhotoScan de Google: toma varias capturas de la misma foto y las combina para sacar los brillos. Corrige la perspectiva en forma automática. Es gratuita.
- Photomyne: permite fotografiar una página entera del álbum y separa cada imagen sola. Deja agregar nombres y fechas. Funciona por suscripción.
- Pic Scanner Gold, disponible para iPhone y iPad: digitaliza varias fotos a la vez y las organiza en álbums. Se paga una sola vez.
El reverso, la cocina y el respaldo que nunca puede faltar
Cuando la funda de plástico empieza a devolver reflejos como una sartén al fuego, lo mejor es sacarle la foto a la imagen si se puede sin romperla. Si está pegada al álbum, conviene dejarla como está o pedirle ayuda a alguien que sepa, sobre todo si tiene valor de documento. Y acá viene el truco que casi nadie recuerda: hay que sacarle una foto también al reverso. Las dedicatorias a mano y las fechas escritas con birome suelen ser la única pista de quién aparece en la imagen y en qué año se tomó.
“Digitalizar sin guardar es como cocinar y no comer: hiciste todo el trabajo para nada.”Florencia Bianchini
Una vez que las fotos pasaron al teléfono, el orden es lo que las salva del caos. Mejor armar álbums con nombres descriptivos, tipo Casamiento 1978 o Vacaciones en Bariloche, que dejarlas en una carpeta genérica que después no encontrás nunca. Y siempre, siempre, guardar una nota con los nombres de las personas y el lugar, aunque sea a ojo. La imagen sola muestra una cara: el texto cuenta quién es, dónde estaba y por qué ese día importó.
El paso más importante, y el que más se olvida, es el respaldo. Hay que guardar las fotos en un servicio en la nube y, si se puede, conservar una copia adicional en un disco externo o en otra computadora. Borrar una imagen de un celular que está sincronizado puede hacer que también desaparezca de la nube, así que el original digitalizado se toca lo menos posible. Lo que se viene en los próximos meses es cada vez más integración entre estas aplicaciones y los asistentes por voz, de modo que en la próxima campaña de mudanza de archivos se podrá pedirle al teléfono que ordene las fotos por fecha y lugar sin tocar la pantalla. Mientras tanto, a empezar por esa caja del placard.
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