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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diez minutos en el cuarto antes de dormir: la rutina corta que muchos subestiman

Dejar el teléfono afuera, cerrar las cortinas y bajar la intensidad de la luz son pasos simples que, repetidos cada noche, ayudan a marcarle al cuerpo que llegó la hora de descansar. No reemplazan un tratamiento, pero ordenan la transición entre el día y la noche.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Diez minutos en el cuarto antes de dormir: la rutina corta que muchos subestiman

Soy de esas personas que, después de cenar, se quedan dando vueltas por la casa como si todavía faltara algo. Por eso, cuando empecé a prestar atención a lo que pasa en el dormitorio unos minutos antes de meterme en la cama, me encontré con un dato que parece menor y no lo es: la forma en que se prepara el cuarto puede cambiar la calidad del descanso, sobre todo cuando uno arrastra la rutina de pantalla hasta el último momento.

La escena es bastante común: uno se sienta en la cama, apoya la almohada, toma el teléfono "un ratito" y, cuando levanta la vista, ya pasó una hora. Esa continuidad de estímulos, según el material que estuve revisando, está asociada con horarios de sueño más tardíos, menos horas de descanso durante la semana y una peor percepción del propio descanso. La aclaración importante es que asociación no es causalidad: que el celular esté en la mano no significa que sea el único responsable de una noche agitada.

El teléfono, primero

Antes de empezar a acomodar la habitación, conviene resolver el tema del dispositivo. Dejarlo fuera del alcance de la cama, en otra habitación o sobre un mueble que obligue a levantarse, es la forma más directa de cortar la cadena de notificaciones. Silenciarlo antes de acostarse también ayuda a que una alerta a las dos de la mañana no el descanso. La propuesta va un paso más allá: reservar el dormitorio solo para dormir, sin trasladar allí el trabajo ni la navegación, para que el cerebro empiece a asociar ese espacio con el descanso.

  • Definir un horario para cerrar el celular, idealmente al menos media hora antes de dormir.
  • Dejar el dispositivo cargando lejos de la cama, en otra habitación si es posible.
  • Silenciar notificaciones que no sean urgencias reales.
  • Evitar abrir el correo o las redes ya acostado, incluso si la idea es "un segundo".

El ambiente, después

Con el teléfono apartado, la preparación del cuarto se resuelve en pocos minutos. Tender la cama antes de subir, despejar la mesita de luz para no sumar tareas al momento de acostarse, correr las cortinas para filtrar la luz de la calle y bajar la intensidad de la iluminación principal son acciones que, encadenadas, ocupan alrededor de diez minutos. La idea es que, al meterse entre las sábanas, no quede nada pendiente por hacer.

Las especialistas en sueño suelen repetir que no se trata de un protocolo rígido sino de una secuencia reconocible, que el cuerpo empieza a anticipar noche tras noche. Anotar los pendientes del día siguiente en un papel, leer algo en formato físico, escuchar música suave o hacer unas pocas respiraciones profundas son recursos frecuentes para esa transición más larga, que conviene empezar una o dos horas antes de ir a la cama.

“No hay una secuencia obligatoria ni una respuesta definitiva para todas las dificultades de sueño. La idea es repetir acciones reconocibles que se ajusten a las obligaciones personales, sin convertir la noche en otra tarea extensa.”Material de referencia sobre higiene del sueño

A mí, en lo personal, lo que me funciona es bajar la persiana, apagar la luz de techo y dejar encendida solo una lámpara baja. Es un gesto chico, pero marca el corte. La noche, dice la evidencia que estuve revisando, no se improvisa: se prepara. Y a veces alcanza con diez minutos bien usados.

CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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