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Dos peces casi invisibles que ya bajan larvas de dengue en 20 mil casas porteñas

Un equipo de la Facultad de Agronomía de la UBA cría y reparte madrecitas de agua, especies nativas que comen hasta cien larvas de mosquito por día y se adaptan a piletas, bebederos y otros reservorios donde las fumigaciones no llegan.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · 26 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Llegué a la Facultad de Agronomía de la UBA una mañana calurosa, con esa humedad pegajosa que en Buenos Aires suele anunciar la temporada de dengue, y lo primero que vi fueron dos peceras chicas llenas de animalejos que parecían casi transparentes. Son las llamadas madrecitas de agua, dos especies nativas que un equipo de la casa viene repartiendo desde 2022 y que, en lo que va de este año y el anterior, ya llegaron a más de veinte mil hogares, escuelas y organizaciones comunitarias. La escena parecía de investigación de laboratorio, pero el plan apunta directamente a las casas comunes donde el mosquito Aedes aegypti se sigue reproduciendo.

Qué son las madrecitas de agua y por qué sirven

Cómo funcionan las madrecitas de agua y por qué sirven

Se trata de Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, peces dulceacuícolas de apenas unos centímetros, que un ejemplar adulto puede llegar a comerse hasta cien larvas de mosquito por jornada. La gran ventaja, según me contaron en la Facultad, es que se adaptan a recipientes chicos y a aguas quietas, justo esos reservorios donde la fumigación o el vaciado periódico suelen fallar: piletas de lona, estanques, bebederos de mascotas, floreros de gran tamaño y demás. Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto, me lo resumió así: Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.

“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto (FAUBA)
  • Más de 20.000 ejemplares distribuidos durante 2024 y 2025 en la Ciudad de Buenos Aires.
  • Trabajo articulado con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO).
  • Funciona en el marco de UBANEX, el programa de extensión universitaria de la UBA.
  • Fue declarado de interés ambiental por la Ciudad de Buenos Aires.
  • El pedido es abierto: cualquier vecino puede solicitarlos para reservorios de difícil vaciado.

La coordinadora del proyecto, Ana Paula Baldonedo, insistió en que la entrega es simple y abierta. Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico, me dijo, y agregó que la logística se organiza según la demanda que va llegando de cada barrio. En la recorrida me crucé con Roberto, un vecino de 53 años que pasó a retirar unos ejemplares para el bebedero de su perro, y me contó que ya probó de todo, desde cambiar el agua cada dos días hasta pastillas larvicidas, pero que con los peces la tarea se le hizo mucho más llevadera: no tiene que estar pendiente todo el tiempo y, a la vez, siente que está haciendo algo concreto para que el mosquito no se le críe en la propia casa.

Una herramienta más, no un reemplazo de la prevención

Una herramienta más, no un reemplazo de la prevención clásica

Desde la cátedra aclaran que esto no viene a sustituir las medidas tradicionales, como descacharrar, tirar el agua acumulada o usar repelente, sino a sumar un recurso donde esas prácticas se vuelven casi imposibles de aplicar. Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo, completó López, y lo dijo sin grandilocuencia, como quien repite algo que ya vio funcionar en el territorio. La urgencia, mientras tanto, la marca el contexto sanitario: la temporada 2023-2024 cerró en la Argentina con más de 580 mil casos confirmados de dengue y 419 fallecidos, la cifra más alta registrada hasta ahora, lo que vuelve a cualquier herramienta adicional un dato relevante.

Cuando me fui de Agronomía, ya con el sol bien arriba, me volví a mirar las peceras del pasillo. Dos especies que casi no se ven, criadas en un laboratorio porteño, viajando en bolsas hasta casas de familia para comerse larvas que de otro modo se transformarían en mosquitos capaces de transmitir dengue. La imagen es modesta, pero el número que me llevo es enorme: veinte mil hogares que, gracias a un pez de pocos centímetros, empezaron a pelearle al dengue desde abajo, en el agua estancada del patio.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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