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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El agua como consultorio: cómo funciona la rehabilitación que empieza en la pileta y termina en la calle

La hidroterapia reaparece como una herramienta clave para tratar dolor crónico, lesiones articulares y secuelas neurológicas, con sesiones adaptadas a cada paciente y supervisadas por profesionales.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
El agua como consultorio: cómo funciona la rehabilitación que empieza en la pileta y termina en la calle

A la salida de la clínica de rehabilitación el olor a cloro se mezcla con el del café del kiosco de la esquina. Adentro, en una pileta terapéutica con barandas, varios pacientes se paran en el agua a la altura de la cintura y, con la guía de un kinesiólogo, mueven piernas y brazos como si flotaran en otro mundo. Esa escena, repetida una y otra vez a lo largo del país, condensa lo que durante décadas se llamó hidroterapia y hoy se conoce como terapia acuática: un método clínico, con indicaciones puntuales, que sirve para muchas más cosas que hacer una clase de natación.

La recorrí varias veces y me llamó la atención algo básico: para hacerla no hace falta saber nadar. Las sesiones se diseñan después de una evaluación individual del estado de salud, la condición física y los objetivos de cada paciente. Se trabaja en piletas de poca profundidad, con agua tibia, y siempre bajo la supervisión de un fisioterapeuta o un terapista ocupacional. Es, en criollo, rehabilitación con el cuerpo casi sin peso.

Por qué el agua cambia todo

Lo que vuelve especial al medio acuático no es magia, son cuatro propiedades que se usan a favor del paciente. La primera es la flotabilidad, que reduce el impacto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal. Por eso es posible hacer ejercicios que serían dolorosos o imposibles en una sala de rehabilitación convencional.

  • Flotabilidad: descarga de peso y alivio articular.
  • Resistencia: hasta 700 veces mayor que la del aire, lo que permite fortalecer la musculatura sin pesas.
  • Presión hidrostática: ayuda a reducir la hinchazón de tejidos blandos.
  • Temperatura: el agua tibia favorece la relajación muscular y disminuye el dolor.

Para qué cuadros se indica

La consulta que más escuché en estos recorridos es siempre la misma: "¿Y a mí me sirve?". La respuesta corta es que sirve para bastante gente, siempre como complemento de un tratamiento médico y nunca como sustituto. Entre los cuadros en los que los profesionales la indican aparecen artritis, dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, además de procesos previos y posteriores a cirugías ortopédicas. También se la recomienda en fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis.

En el consultorio de Graciela, kinesióloga con 22 años de experiencia en pileta, una paciente de 58 le pidió hace poco trabajar el equilibrio después de una caída en la vereda. En tres sesiones, me cuenta, pudo pararse en una pierna sin marearse dentro del agua, y a la quinta ya trasladaba ese a la sala. Esa progresión, de lo fácil a lo difícil, es la marca registrada del método.

El lugar de la neurología

En condiciones neurológicas, la terapia acuática gana otra dimensión. En Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con mucho menos riesgo de caídas. La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como fisioterapia con el aporte de la ingravidez: dijo que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.

Volví a la clínica cerca del mediodía, cuando los primeros pacientes ya se secaban el pelo en el vestuario. Una de ellas, Marta, de 61 años, me esperaba en el pasillo con el pelo mojado y una sonrisa amplia. Había empezado después de una operación de rodilla y, en un mes de sesiones, pasó del andador a caminar sola hasta el kiosco de la esquina. Ese tramo, el más corto del recorrido, es el que más pesa cuando uno entiende para qué sirve meterse al agua.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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