El auto como reflejo de la rutina: lo que dice (y lo que no dice) un habitáculo desordenado
La Asociación Internacional de Detallado de Vehículos sostiene que la limpieza interior puede mejorar el ánimo y la concentración al volante. La mirada de una vecina de Boedo que lleva el asiento trasero lleno de valijas y la de un taxista de Once que limpia cada mañana relativizan cualquier diagnóstico exprés.

El primer auto que me tocó cubrir en esta nota lo vi un martes a las diez de la mañana, en una calle angosta de Boedo. El Renault Clío rojo estaba estacionado en doble fila, con las ventanillas bajas y una señora de unos cincuenta y pocos parada al lado, acomodando una bolsa de consorcio sobre el asiento del acompañante. Cuando le pregunté por el estado del habitáculo, se rió con las manos todavía embarradas de pan rallado: "Mirá, yo limpio cuando puedo. El fin de semana trabajo, a la noche estudio, y el auto lo uso para llevar cosas. Hoy traje pan para la vecina de arriba, mañana llevo una valija al aeropuerto. ¿Decime vos cuándo limpio". Se llama Marta, tiene 52 años, y su respuesta fue la primera pista de que un auto sucio no siempre es un auto descuidado.
La Asociación Internacional de Detallado de Vehículos, conocida por su sigla IDA, viene difundiendo hace tiempo una idea que suena a consejo de la abuela pero tiene algo más: sostiene que mantener el interior ordenado y limpio puede favorecer el ánimo, la disposición mental y hasta la concentración al conducir. El planteo no es caprichoso: la cabina es uno de los espacios donde más horas pasamos sin pensarlo, sobre todo en una ciudad como Buenos Aires, donde el promedio de traslado diario supera los cuarenta minutos entre viaje y espera.
Lo que la cabina tiene de escritorio, de living y de mochila
El auto acumula huellas de la rutina de un modo que pocos lugares lo hacen. En el asiento trasero quedan los recibos del súper, la campera olvidada después de un asado, los anteojos de sol del verano pasado. En el baúl sobreviven una caja de herramientas, un paquete de servilletas abierto y, a veces, un par de patentes viejas. Cada objeto tiene una historia, y el conjunto termina funcionando como una especie de biografía desordenada de quien maneja.
A ese ecosistema se le suma el polvo, que en la ciudad se pega al tablero en cuestión de días, y las tareas de limpieza que se postergan. La IDA lo describe como una relación directa entre orden visual y calma al volante: un habitáculo despejado ayudaría a procesar mejor la información del tránsito, especialmente en horas pico. El beneficio, según la entidad, se nota sobre todo en viajes largos, donde la fatiga visual pesa.
Ese último punto lo escuché de un taxista de Once que se llama Jorge, de 61 años, y que limpia su Toyota Etios todas las mañanas antes de empezar la jornada. "Si tengo un termo o una mochila dando vueltas y tengo que frenar de golpe en la 9 de Julio, eso se transforma en un proyectil. Lo aprendí por un amigo que se lastimó la cara con una botella", me dijo mientras que pasaba un trapo por la consola. Para él, la limpieza es, sobre todo, una cuestión de seguridad vial.
Por qué se posterga la limpieza y por qué no siempre significa lo mismo
El material de la IDA también advierte algo importante: la postergación de la limpieza puede vincularse con la sobrecarga cotidiana, con la falta de tiempo, con el cansancio laboral, pero también con una relación meramente utilitaria con el vehículo. Hay gente, como Marta, que usa el auto como extensión de la casa y lo transforma en depósito ambulante. Hay otros que lo consideran una herramienta y no le piden más que funcionar. Ninguna de las dos miradas es, en sí misma, un síntoma de desorden emocional.
Esa distinción es clave, y vale la pena subrayarla: un habitáculo descuidado no alcanza para afirmar que quien maneja está estresado, triste o se abandona. Si así fuera, habría que diagnosticar a medio país en hora pico. Las posibles relaciones entre desorden, sobrecarga y apatía existen, pero no son automáticas ni universales, y conviene leerlas con la misma prudencia con que se lee cualquier estado de una cosa que usamos todos los días.
Volví a llamar a Marta al final de la semana para contarle cómo había quedado la charla. Me dijo que el jueves, finalmente, había sacado las bolsas del asiento trasero y que había encontrado una agenda vieja con los teléfonos de sus hijos de chicos. Se rio otra vez: "Limpiar el auto también es tirar recuerdos, eh". Tiene razón. Por eso, más que un diagnóstico, la limpieza del auto es, sobre todo, una decisión práctica: la de recuperar un espacio cómodo, ordenado y razonablemente seguro para volver a usarlo sin distracciones. ¿Qué lugar ocupa ese cuidado en tu rutina?
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



El último artesano de Suipacha: cómo se fabrica, taco por taco, el zapato que sostiene el tango
