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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El intestino no avisa dos veces: por qué una dieta repetida puede pasarle factura y cuándo conviene consultar de verdad

Una alimentación con poca variedad, el estrés sostenido y el uso innecesario de antibióticos pueden alterar la microbiota y disparar molestias digestivas que muchos naturalizan. Especialistas consultados coinciden en que los cambios de hábito ayudan, pero no reemplazan la evaluación profesional cuando los síntomas se repiten.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
El intestino no avisa dos veces: por qué una dieta repetida puede pasarle factura y cuándo conviene consultar de verdad

Llegué a la consulta con la sensación de que algo se estaba cocinando lento en mi panza y yo llevaba meses haciéndome el desentendido. Gases después de cada cena, una hinchazón que me duró buena parte del invierno y un reflujo que aparecía apenas me acostaba. Como varios de los vecinos con los que hablé en el barrio, fui sumando hasta que el cuerpo me pasó la factura. La nutricionista clínica Marcie Vaske lo dice sin rodeos: convivir con esas molestias no debería convertirse en una costumbre y, cuando se prolongan, hay que ir a buscar respuestas con un profesional, porque pueden esconder intolerancias, enfermedades digestivas o alteraciones de la microbiota que ningún consejo genérico alcanza a resolver.

La primera pista la da la propia mesa. La fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se consigue con algo tan simple como variar lo que se come: frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud recomienda incluir esos grupos y llegar, como mínimo, a 400 gramos diarios de frutas y verduras. Cuando eso no pasa, porque se repiten siempre las mismas dos o tres comidas y predominan los ultraprocesados, la advertencia llega de la mano de la dietista Jenna Volpe: sostener ese patrón puede modificar la microbiota y abrir la puerta a procesos inflamatorios. La movida con los alimentos fermentados puede sumar, pero incorporarlos no sustituye la consulta si las molestias vuelven.

Qué se sabe hoy del intestino y por qué se desestabiliza

  • Allí adentro conviven bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan de la digestión, las defensas y hasta de cómo se obtiene energía de los alimentos.
  • La composición de esa comunidad cambia con el tiempo, y el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos pone a la alimentación y a los medicamentos entre los factores que la modifican.
  • Los antibióticos son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando están indicados, pero su uso innecesario puede afectar a microorganismos beneficiosos: la recomendación sanitaria es tomarlos con prescripción médica y completar el tratamiento.
  • El estrés también pasa factura: la gastroenteróloga Asma Khapra explica que puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal.
  • Para los adultos, la OMS sugiere entre 150 y 300 minutos de actividad física por semana como parte del cuidado integral.

La posta la armé hablando con Raúl, de 52 años, vecino del barrio, que durante años recetó antiácidos y cenas livianas mientras arrastraba una hinchazón que iba y volvía. Recién cuando la molestia se volvió diaria apareció en un consultorio y se enteró de que parte del problema estaba en una alimentación demasiado repetida y en semanas laborales que terminaban, invariablemente, con la pancha arriba del escritorio y la mandíbula apretada. Su caso no es raro y es, de algún modo, el espejo de lo que repiten las especialistas: los hábitos del día a día pesan, pero cuando los síntomas se instalan, la consulta es la que ordena el panorama.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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