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El regreso de tres clásicos de Nucha: las tortas que Regina Vaena dejó escritas en la memoria de sus hijos

A seis meses de la muerte de la fundadora, la pastelería de Belgrano rescata la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco, recetas que ya no estaban ni siquiera en la planta y que volvieron a la carta justo para el Día de la Madre.

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Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo · · 4 min de lectura
El regreso de tres clásicos de Nucha: las tortas que Regina Vaena dejó escritas en la memoria de sus hijos

Arrancamos la recorrida con esa llovizna finita que cae en Buenos Aires cuando uno piensa que todavía falta un rato para que se largue de verdad. En la vereda de Nucha, en el corazón de Belgrano, la gente esperaba con el paraguas cerrado, como si supiera que en cualquier momento paraba. Y paró. Justo cuando me bajé del auto para entrar al local y entender de qué se trataba este regreso tan esperado, el sol apareció de golpe y la fila entera se estiró hasta la esquina. La mañana, así, tenía algo de fiesta íntima, de esas que solo se entienden cuando uno sabe por qué se celebra.

A seis meses de la muerte de Regina Vaena, la pastelería que ella construyó desde un garaje en Belgrano reincorporó tres preparaciones que llevaban años fuera de la carta: la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco. Las recetas se rastrearon junto a los hijos de la fundadora, porque ya no estaban en la planta. Los tres productos están disponibles en los locales desde el 8 de octubre, justo a tiempo para el Día de la Madre, y se trata, en buena medida, de una forma de mantener viva una memoria que en Nucha todavía pesa como si recién se hubiera ido.

De un molde en Zabala a diecisiete locales

Regina Vaena arrancó en 1979 con un solo molde, una cocina hogareña y diez paquetes de muestras repartidos en comercios del barrio de Belgrano. Esa misma noche tuvo que hornear sin parar para responder a los primeros pedidos. Era una de las primeras pasteleras en construir una marca propia en Buenos Aires. La base de sus recetas combinaba tradición sefaradí, repostería judía, influencia inglesa y técnica francesa, herencia directa de su abuela Catalina, que preparaba dulces al sol. A eso sumó conocimientos de Química, carrera que cursó sin llegar a terminar.

“Aplicaba mucho de eso a sus recetas y a sus combinaciones, y desde el principio esas combinaciones gustaban, y gustaban mucho.”Carlos Rava, gerente de la marca

El primer local fue el garaje de su casa en la calle Zabala. El primer sábado de venta al público se agotó todo en una hora. La fila llegó a ocupar la vereda; entonces sacaron dos mesitas y empezaron a ofrecer café para hacer más llevadera la espera. También introdujeron el concepto del cuadrado, una porción individual que permitía probar varios sabores sin comprar una torta entera, algo que no era habitual en la repostería porteña de entonces.

Las tres recetas que volvieron a la carta

  • Torta Ángel: masa de harina de almendra, dulce de leche, frutillas, crema y merengue. La masa es liviana, no es un bizcochuelo. El relleno es clásico: dulce de leche, frutillas y crema, tres ingredientes que le gustan a todo el mundo. Nada rebuscado, un sabor cotidiano.
  • Mousse de caramelo: una preparación cremosa, densa, con el punto justo de amargor del caramelo bien oscuro. Estuvo años fuera de la carta y volvió ahora, reconstruida a partir de lo que los hijos de Vaena recordaban de memoria.
  • Torta de frambuesa con chocolate blanco: el contraste ácido del fruto rojo con la dulzura del chocolate blanco. Otra de las recetas que se habían perdido en la planta y que se reconstituyeron junto a la familia.

Con el tiempo llegaron la fábrica propia, varios locales en la ciudad y franquicias. En 2026 se sumaron seis nuevas franquicias. Lorena Monsón, pastelera a cargo del desarrollo, reconoce que crecer sin resignar calidad no siempre fue sencillo: Entiendo que no es lo mismo atender dos locales que diecisiete, y que en algún momento uno toma un atajo, dice. La recuperación de las recetas clásicas fue el primer gran proyecto después del fallecimiento de Vaena. El equipo tuvo que buscarlas con sus hijos porque en la planta ya no existían registros. Ni siquiera teníamos las recetas; las tuvimos que buscar con sus hijos. No estaban en la planta porque hacía muchos años que no se hacían, cuenta Monsón.

Un consejo práctico para el visitante

Si la idea es probar las tres recetas en una sola visita, conviene ir temprano y pedir los cuadrados antes de que se agoten. Y un dato que vale la pena anotar: muchos locales de Nucha permiten encargar las tortas enteras con dos o tres días de anticipación, algo que para el Día de la Madre es casi una obligación si uno no quiere quedar a pie. A veces lo más importante de una nota de turismo no es el lugar en sí, sino el momento justo en el que uno decide ir.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo

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