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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El último viaje de Rubén Rada: del “instante 0” al “km 0” y una herencia de más de diez discos sin publicar

Lucila Rada escribió un mensaje extensísimo sobre los momentos finales junto a su padre, el velatorio en el Palacio Legislativo, el cortejo con candombe por las calles de Montevideo y la decisión familiar de difundir de manera gradual la música que el músico dejó sin editar.

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Malena SturzeneggerCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
El último viaje de Rubén Rada: del “instante 0” al “km 0” y una herencia de más de diez discos sin publicar

Dicen que uno no se va de verdad hasta que lo aplauden por última vez. Y si hay alguien a quien el Río de la Plata acaba de despedir con palmas, candombe y lágrimas, ese es Rubén Rada. El miércoles 26 de agosto, la familia recibió de golpe la noticia que nadie quería leer: había llegado la hora. Pero no fue una despedida clínica, escondida entre monitores y sueros. Fue un acto íntimo, rodeado de los suyos, con el tiempo justo para decirse todo lo que quedaba pendiente.

Lo contó Lucila, su hija mayor, en un mensaje larguísimo que leyó medio Uruguay y la otra mitad de Argentina. Lo escribió con la precisión de un parte médico y la sensibilidad de quien todavía tiene el corazonada en carne viva. Habló del “instante 0”: ese momento exacto en que la vida cambia de eje y todo lo que viene después pertenece a otro capítulo. Y también habló del “km 0” de un camino colectivo que arrancó cuando la familia salió de la sala y se topó con los teléfonos colapsados de mensajes.

La sala, el pasillo y el público como un solo cuerpo

Según describió Lucila, antes de ese instante crítico la familia rodeó a Rubén con el afecto que él repartió durante décadas. Lo vieron, escribió, con una expresión que ella definió como “pacífica y satisfecha”. Le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir con su ausencia y repasaron lo que les había dejado: “ni un solo gesto” de amor, generosidad, humor o talento le quedó pendiente, aseguró. Cuando cruzaron la puerta, el duelo ya no era solo de ellos. “Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado”, escribió. Lo que siguió fue, en sus palabras, un “campo magnético de afecto” que estiró el instante privado y lo convirtió en un abrazo colectivo.

El velatorio en el Legislativo: abrazos, ofrendas y hasta baile

El Palacio Legislativo se transformó en el living de Montevideo. Por ahí pasaron generaciones que no se mezclan nunca: viejos militantes del candombe, pibes que aprendieron a tocar la batería con un tema suyo, fans que lo cruzaron una vez en un bar y guardan la foto como si fuera una reliquia. Lucila destacó los rostros que vio en la fila, atravesados, dijo, por una tristeza sin amargura. Hubo ofrendas, llanto compartido, risas inevitables (porque con Rada no podés llorar todo el tiempo) y, por supuesto, baile. Su voz sonó en el salón, como no podía ser de otra manera. La familia agradeció a las autoridades del Palacio por haber entendido la dimensión del homenaje y ceder el espacio sin chistar.

Cortejo a toda marcha: candombe, monopatines y ropa roja

Después, la caravana arrancó desde Isla de Flores hacia el Cementerio del Norte. La multitud no se quedó mirando desde la vereda: se prendió. Candombe, música, bengalas rojas y dos jóvenes que siguieron el cortejo en monopatín con un parlante, como si fuera la manera más lógica de despedir a un tipo que siempre se subió al escenario con más actitud que un pibe de veinte. También hubo un círculo de tambores que sonó durante todo el recorrido. Para la familia, esa escena se alineó con lo que Rada había dejado dicho sobre cómo quería ser recordado, en línea con lo que había planteado en su disco “Muriendo de plena”.

El mensaje de Lucila cierra con una certeza que a esta altura ya es una promesa: Rubén Rada dejó más de diez discos sin publicar. La familia tiene la intención de ir sacándolos de a poco, para que el público los vaya masticando sin atropellarse. Es la manera más razonable de administrar una herencia así: sin apuro, sin show, con respeto. Como un asado de domingo fueguino largo, de esos que nadie quiere levantar hasta que se enfría la última conversación. Mi recomendación, si me permiten: atentos al calendario. Lo que viene no es un repaso nostálgico, es material nuevo de un tipo que se fue dejando la mesa servida. Y a Rubén Rada, donde sea que esté, le diría lo que le dije en vida: gracias por el ritmo, maestro. Ahora a esperar los discos.

MS
Malena SturzeneggerCultura y espectáculos

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