Envejecer en movimiento: por qué los vínculos y los cuidados del invierno van de la mano, según un cardiólogo
Mario Boskis sostiene que sostener un propósito y el contacto con seres queridos favorece la longevidad, aunque advierte que la vida activa durante los meses fríos exige precauciones frente a las infecciones respiratorias.

Llegué a la consulta con la idea de que envejecer era, sobre todo, una cuestión de achaques y de médicos. Pero la charla con Mario Boskis me dejó pensando otra cosa: que la vejez también se atraviesa con proyectos, con amigos y con la decisión diaria de no quedarse quieto. El cardiólogo lo dice sin rodeos: tener un motivo para levantarse a la mañana puede sumar años, y años con calidad, siempre que el cuerpo lo permita y se cuiden los tantos del invierno.
Boskis retomó la idea del ikigai, ese concepto japonés que suele traducirse como la razón de vivir, para explicar por qué recomienda a sus pacientes mayores conservar sus ocupaciones, mantener el trato con la familia y no perder el contacto con los amigos. Según sostuvo, esos lazos funcionan como un escudo contra el aislamiento, que es uno de los factores que más pesan cuando la salud empieza a flaquear.
Los cuidados que no pueden faltar
El especialista aclaró que disfrutar de la vida social no significa bajar la guardia cuando bajan las temperaturas. Recordó que el frío no provoca infecciones por sí solo, pero sí puede dificultar el trabajo de las cilias, esos pequeños filamentos que limpian las vías respiratorias, y dejar al organismo más expuesto. De ahí que insistió en sumar tres hábitos sencillos pero decisivos durante el invierno.
- Usar barbijo cuando aparecen síntomas respiratorios, para cuidar al resto y reducir la circulación de virus en ambientes cerrados.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al trabajo y antes de comer, ya que muchas infecciones se transmiten por el contacto con superficies.
- Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas disponibles, como las de gripe, neumonía y virus sincicial respiratorio, para armar un esquema acorde a los antecedentes y los factores de riesgo de cada persona.
Esa combinación, advirtió, es la que vuelve posible algo que él considera clave: seguir encontrando motivos para salir. Porque, como le escuché decir, la edad por sí sola no debería obligar a abandonar aquello que hace bien, sino que la idea es adaptar las actividades a lo que cada cuerpo tolera, siempre con el oído atento del profesional de cabecera.
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