Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Fueguinos Ahora

Fueguinos Ahora

Jaime Lorente se anima a dirigir y se queda a mitad de camino

El actor español debuta detrás de cámara con "El mal hijo", un drama familiar que empieza como una joyita y termina como uno más del montón. Hay talento, pero le ganó el vértigo.

MS
Malena SturzeneggerCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Jaime Lorente se anima a dirigir y se queda a mitad de camino

Dicen que debutarse como director es como armar una torta de cumpleaños en casa ajena: mucha presión, ingredientes caros y el riesgo de que se te baje en el horno. Algo así le pasó a Jaime Lorente con "El mal hijo", su primera película como director, que arranca con la fuerza de un secreto bien guardado y se va apagando como vela de restaurant a las tres de la mañana.

La ópera prima cuenta la historia de Rubén, un pibe que de chico se queda solo porque el padre se borró, y termina criándose con la abuela en Murcia. En esa primera parte, Lorente acierta de lleno: la infancia se filma con una sensibilidad que recuerda a esos veranos largos en casa de algún familiar en Tierra del Fuego, cuando uno escucha cosas de adultos por una puerta entreabierta y entiende todo sin que nadie le explique nada. Hay escenas genuinas, un pulso narrativo contenido y una ternura sin sobreactuación que cuesta encontrar en el cine español reciente.

El giro que mata la magia

Y entonces llega el salto temporal. Rubén crece, deja la infancia atrás y con ella se va todo lo que hacía interesante al filme. La historia se zambulle de cabeza en un thriller de drogas, mafias y persecuciones que ya vimos quinientas veces, desde “Breaking Bad” hasta cualquier serie policial de la tarde. Lo que antes era propio y específico se transforma en manual de género: persecuciones, personajes secundarios sin alma y un clima de amenaza que no termina de cuajar.

Te lo digo sin vueltas: lo que se pierde en ese giro es lo mejor que tenía la película, esa cosa íntima y cotidiana que conectaba con uno. Algunos momentos del primer tramo se te quedan pegados, como esa conversación entre chicos al caer la tarde, justamente porque no buscaban impresionar a nadie. En la segunda mitad, en cambio, los climas dramáticos se apilan uno arriba del otro hasta que dejan de significar algo.

Lorente, hay que decirlo, demuestra criterio en la composición de algunos planos y maneja la cámara con una mirada que promete. Pero la inexperiencia se nota cuando tiene que sostener escenas de acción (y ahí los cortes se vuelven desprolijos) o cuando los personajes de alrededor quedan reducidos a figuritas de cartón: el dealer misterioso, la novia comprensiva, el villano sin matices. El elenco responde, sobre todo en la primera mitad, aunque después también queda a merced del guion.

  • El primer tramo es de lo mejor del cine español reciente sobre vínculos familiares y ausencias.
  • La decisión de virar hacia el thriller criminal borra la identidad del filme y lo vuelve genérico.
  • Hay oficio y talento narrativo, pero falta respaldo en la construcción de los secundarios.
  • La película no fracasa, pero tampoco deja la huella que prometía.

Mi recomendación es clara: si te copa el arranque, andá a verla. La primera media hora justifica la entrada y se banca la espera, pero no esperés la película que imagina su póster. Lorente tiene madera de director, de eso no hay duda, y apuesta por un cine que, cuando funciona, se mete en la piel. El problema es que esta vez le ganó la ansiedad por verse grande. Como en muchas fiestas, lo mejor quedó en la sobremesa.

MS
Malena SturzeneggerCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo