Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Fueguinos Ahora

Fueguinos Ahora

Portada — Vida —

La huerta en casa se defiende sola: recetas de abuela con ortiga, ajo y cáscaras para espantar plagas sin químicos

El INTA recomienda preparados caseros para controlar pulgones, hongos y ácaros. Una recorrida por el barrio para entender cómo se usan en los jardines de la ciudad, cuándo conviene aplicarlos y qué recaudos hay que tomar antes de mezclar cualquier cosa en la cocina.

CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
La huerta en casa se defiende sola: recetas de abuela con ortiga, ajo y cáscaras para espantar plagas sin químicos

Lo vi con mis propios ojos una mañana de octubre, cuando fui a visitar a Marta, una vecina del barrio de Floresta que tiene un jardín chico pero atendido como si fuera una quinta: el limonero lleno de pulgones verdes, las hojas del rosal mordisqueadas, y ella, lejos de correr a la ferretería, sacando del galpón un balde de plástico tapado con una tela. Me dijo, mientras revolvía el contenido con un palo de escoba, que eso era purín de ortiga, una preparación que viene fermentando desde hacía diez días al fondo del patio y que, según el INTA, sirve para controlar pulgones y hongos sin una gota de agroquímico.

La escena, que parece sacada de un manual de agricultura de los años setenta, se repite cada vez más en las casas argentinas con la llegada de la primavera. El calor y la humedad de octubre y noviembre activan los hongos, y el calor más seco del verano empuja a los insectos y los ácaros, que además encuentran más frutos para alimentarse. Para mantener esas poblaciones a raya, antes de que el daño sea importante, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) viene difundiendo desde hace años una serie de preparados caseros, elaborados con ingredientes de cocina o de la propia huerta, que cualquiera puede mezclar en la casa.

La ortiga, una aliada que pica pero cura

El más conocido es el purín fermentado de ortiga. Se hace con un kilo de planta fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas, y antes de aplicarlo se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos y, como efecto extra, aporta nutrientes al suelo. Eso sí: hay que manipular la ortiga con guantes, porque la picazón es real y se siente durante horas.

Ajo con alcohol, la versión concentrada para los ataques más bravos

Cuando el problema pasa de advertencia a invasión, el macerado concentrado de ajo con alcohol es el que más se recomienda. Se licúa una cabeza entera con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja siete días en la heladera, se filtra y, al momento de usarlo, se diluyen 100 mililitros por litro de agua con un poco de jabón blanco neutro como adherente, para que la preparación se pegue a la hoja. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, y tiene la ventaja de que se guarda mucho tiempo en la heladera sin perder potencia.

Otras opciones que salen de la basura de la cocina

  • Cáscara de una naranja hervida en medio litro de agua durante diez minutos: sirve contra pulgones y cochinillas, y se aplica una vez frío.
  • Dos o tres cebollas medianas en agua hirviente, dejadas en reposo hasta 48 horas: efectivas contra pulgones y hongos.
  • Infusión de ruda y salvia en proporciones iguales, sin fermentación: controla pulgones y se prepara en el momento.

Los tres recaudos que hay que tener antes de mezclar cualquier cosa

Antes de ponerse a revolver, conviene tener en cuenta tres reglas básicas que repite el INTA. Primera: usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica, porque los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta. Segunda: preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, sobre todo el de ortiga, que fermenta fuerte y durante varios días. Tercera: colar bien el líquido antes de pulverizar, para no tapar la boquilla del rociador con restos vegetales. Cumplidos esos pasos, la huerta queda en pie y el jardín sigue verde sin necesidad de abrir un frasco con etiqueta de peligro.

Cuando me fui de la casa de Marta, el limonero seguía con pulgones, pero ella ya tenía listo el rociador. Me dijo, con esa convicción de quien aprendió a fuerza de prueba y error, que estos preparados no reemplazan a los productos químicos cuando el ataque es severo, pero que como prevención y en los primeros estadios del problema funcionan de maravillas. Y la miré revolver el purín, en su patio de Floresta, con la misma calma con la que se prepara un mate.

CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo