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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La inteligencia artificial piensa? Un filósofo italiano que trabaja en Yale dice que no, y explica por qué eso no importa tanto como parece

Luciano Floridi, director del Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, sostiene que la IA no comprende ni tiene mente: actúa. La describe como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad y asegura que la salida no es frenarla sino aprender a convivir con ella sin perder el juicio propio.

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Florencia BianchiniCiencia y tecnología · · 2 min de lectura
La inteligencia artificial piensa? Un filósofo italiano que trabaja en Yale dice que no, y explica por qué eso no importa tanto como parece

¿Puede una máquina entender lo que dice? Luciano Floridi, filósofo italiano que dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, lleva años diciendo que no, y que ese no es un problema: es la definición misma de lo que tenemos delante.

Para graficarlo, Floridi usa una comparación que cualquier cocinero entiende. Hay robots de cocina que cortan, mezclan y hornean mejor que muchas personas. Sin embargo, ninguno sabe qué es una cena familiar ni por qué importa compartirla. Así funcionan los sistemas de inteligencia artificial: actúan, se comportan, producen resultados, incluso mejores que los nuestros. Pero no tienen mente, ni entendimiento, ni conciencia. La frase es del propio Floridi y aparece en su último intercambio con la prensa especializada.

Agencia sin comprensión

De ahí viene el término que Floridi prefiere usar: agencia artificial. No es inteligencia en el sentido humano, sino la capacidad de producir efectos reales en el mundo sin tener la menor idea de qué está haciendo. Si la IA fuera inteligente, el debate sería si puede superarnos. Como es agencia, el debate pasa a ser cómo la usamos sin perder el rumbo.

Esa distinción no es un detalle académico. Cambia la pregunta con la que nos paramos frente a la tecnología y, sobre todo, cambia la respuesta que estamos dispuestos a dar.

La cuarta revolución intelectual

Floridi ubica este momento como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. La primera fue Copérnico, que corrió a la Tierra del centro del universo. La segunda, Darwin, que sacó a la especie humana del centro del reino animal. La tercera, Freud, que mostró que ni siquiera somos el centro de nuestra propia mente. La cuarta es la de Alan Turing: ya no somos el centro de la esfera de la información.

Perder el centro, aclara, no es una derrota sino una señal de madurez. Cita textual del filósofo: una humanidad más madura se concibe al servicio de su prójimo, del medio ambiente y de las generaciones futuras, no como protagonista absoluta del universo.

Frenarla no es la salida

La consecuencia práctica es directa: pedir que se frene la inteligencia artificial no tiene sentido, dice Floridi. Lo que tiene sentido es entender qué es, incorporarla con criterio y usarla sin ceder el juicio propio. Para eso propone volver a un campo que él mismo fundó en los años noventa, cuando la mayoría de las disciplinas usaban la información como herramienta sin estudiarla como objeto: la filosofía de la información.

En la próxima campaña electoral y en la próxima ronda de regulaciones que se debaten en distintos países, se verá si esa idea de integrar la IA con pensamiento crítico se traduce en reglas concretas o se queda en el plano de la.

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Florencia BianchiniCiencia y tecnología

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