La pirámide LED que salvó las noches de Troya en la nueva película de Nolan
Un invento a medida para iluminar un asedio sin prender fuego a cientos de extras: cómo se gestó el dispositivo que terminó dominando todas las escenas oscuras de la producción.

Hay una verdad incómoda en cualquier rodaje con escenas de noche: o prendés fuego de verdad y rezás, o te arreglás con focos que muchas veces parecen exactamente eso, focos. Christopher Nolan, fiel a su costumbre de complicarse la vida, eligió rodar el primer segmento de La Odisea –el asedio a Troya– en la ciudad amurallada de Aït Benhaddou, en Marruecos, con templo de Atenea recreado y cientos de extras pululando por el set. La idea era iluminar todo el perímetro con una luz que pareciera fuego. El problema: el fuego real quedaba descartado (no es lo mismo evacuar un set así que correr a los chicos de la cortada de calle un domingo a la mañana) y los paneles LED comunes no daban la talla. ¿El resultado? Tiran abajo la pirámide LED más geek del cine reciente.
Un fuego portátil con batería
El director de fotografía Hoyte van Hoytema y el programador de paneles Noah Shain armaron lo que llamaron Pyrahedron: una pirámide de poco menos de un metro por lado, compuesta por tres triángulos con seis circuitos hexagonales cada uno y seis LEDs COB por circuito. Total: 36 píxeles por cara y luz emitida en tres dimensiones, no como un panel plano cualquiera.
“Me pregunté si podríamos crear una fuente de fuego impresionista que se comportase exactamente como el fuego, que tuviese más o menos la misma forma, que se pudiese mover con facilidad y que estuviese alimentada con baterías.”Hoyte van Hoytema
Los dispositivos se fabricaron en Beijing en dos versiones. Las llamadas Dumb Pyra repetían un patrón fijo de fuego al enchufarlas a una batería; las Smart Pyra permitían alternar entre 36 aspectos distintos y manejarse desde una consola de iluminación. Ambas admitían, además, reproducir videos de llamas reales a baja resolución. Algo así como pasar del encendedor de la abuela a un control remoto con 36 canales de llama.
En el set los Pyrahedron se pegaban a paredes, se atornillaban a estructuras o se apoyaban en el piso gracias a su forma estable y a su peso moderado. La exposición estimada iba de T4 a unos tres metros con ISO 500, suficiente para lo que pedía la escena. Lo que empezó como un parche para una sola secuencia terminó dominando toda la película: las unidades eran creíbles, fáciles de producir en serie y de llevar a cualquier locación. Se convirtieron en la luz de referencia para cada plano nocturno de La Odisea. (Algo así como cuando en Tierra del Fuego el calefactor chico termina calefaccionando toda la casa porque el grande se rompió y nadie llamó al gasista.)
Por qué importa
El dato no es menor para una producción de esta escala: cuando tenés que iluminar 360 grados de un set masivo sin quemar a nadie, la diferencia entre un foco tradicional y un dispositivo ad hoc que parece fuego real es exactamente el tipo de problema técnico que define el look final de una película. Acá el problema se resolvió con tres triángulos, 108 LEDs y un poco de matemática. Nolan, otra vez, rodeado de gente que resuelve lo que parece imposible.
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