La tarta del domingo a la noche: cómo estirar el pollo que quedó en la heladera sin que la comida vuelva a saber a lo mismo
Con lo que ya hay en la cocina se arma una tarta que rinde otra comida: claves de humedad para la carne, combinaciones de vegetales y una masa casera de tres ingredientes que se adapta a la alacena de cada casa.

Me pasó toda la vida y me sigue pasando: hago pollo asado el domingo, comemos como corresponde, guardo las sobras en la heladera y al otro día lo miro con la sensación de que ya no tengo ganas de comerlo de la misma manera. Ahí aparece la tarta, esa vieja confiable de la cocina argentina, que con un resto de carne y un par de vegetales te salva la noche sin que tengas que volver a comprar el ingrediente principal. La idea es simple: si el pollo ya está cocido, lo que falta es decidir con qué lo vamos a vestir esta vez.
Sirve la pechuga, sirve el pata muslo, y sirve cualquiera de las formas en que haya quedado esa carne: hervida, al horno, a la parrilla o salteada. La única precaución pasa por la humedad, porque la carne cocida pierde jugos y tiende a endurecerse, sobre todo si salió del horno o de las brasas. Un truco que vale la pena anotar: después de cortarla en cubos o desmenuzarla, se saltea con cebolla y morrón, y si la preparación se está secando, unas cucharaditas de agua durante ese paso la dejan tierna de nuevo.
Combinaciones que funcionan y que se pueden armar con lo que ya hay
- Calabaza asada y queso, para un relleno cremoso que envuelve al pollo desmenuzado.
- Choclo amarillo entero con crema de choclo blanco, que deja una mezcla con distintas texturas.
- Cebolla como base, para una versión con pocos ingredientes y mucho sabor.
- Zanahoria, espinaca, zapallito y morrón, cortados en tiras o en cubos, que suman volumen y color.
- Puré de berenjena, morrón, calabaza o batata como cama de la carne, con queso, huevo o crema para unir todo.
A la hora de elegir, lo más práctico es empezar por los acompañamientos que ya tenés en la heladera, en lugar de salir a comprar algo nuevo. Los vegetales cortados en cubos o en tiras aumentan el rendimiento de la preparación y, de paso, le meten nutrientes a una comida que, a pura carne, resultaría bastante más pobre. Los purés, en tanto, son un buen recurso cuando hay un vegetal que ya se pasó de punto y no luce tanto en el plato pero todavía tiene mucho para dar.
La masa: casera, de tres ingredientes y a gusto de cada uno
La cubierta se resuelve rápido con una tapa comprada, pero vale la pena detenerse en la masa casera porque cambia toda la tarta. Una proporción que funciona bien y que cualquiera puede memorizar es la de dos tazas de harina por una taza de líquido, repartida mitad y mitad entre agua y aceite. Esa combinación da una base de textura más arenosa, que se trabaja sin que se pegue en todo y queda crocante después del horno. A esa base se le pueden sumar orégano, ajo en polvo, ají molido o semillas, según el gusto de cada uno y según lo que haya en la alacena.
“A veces uno cocina el pollo porque le sobró del domingo, y termina armando una tarta que es mejor que la del domingo.”Joaquín Iturralde
Como consejo práctico para quien se anime esta semana: antes de armar la tarta, probá el relleno solo en una cucharita y corregí la sal en ese momento. Es más fácil ajustar el sabor con la carne todavía suelta que cuando ya está tapada con la masa y cocinada. Y si te quedó pollo del asado y un pedazo de calabaza que nadie quería, ya tenés casi el menú resuelto sin pasar por la verdulería.
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