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Lunes, 19 de octubre de 2026
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La tierra ya no absorbe más: Neuquén entra en zona de riesgo con El Niño y los barrios empiezan a prepararse

La secretaria de Emergencia, Luciana Ortiz Luna, advierte que una tormenta puede formarse en minutos y arrastrar todo a su paso. Familias de ríos, cañadones y zonas bajas reciben recomendaciones concretas para no improvisar cuando el agua ya está golpeando la puerta.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
La tierra ya no absorbe más: Neuquén entra en zona de riesgo con El Niño y los barrios empiezan a prepararse

Llegué a la Secretaría de Emergencias de Neuquén con el ruido del temporal de la madrugada todavía metido en el cuerpo. En la puerta, una mujer con el barro todavía fresco en las zapatillas me contó que el agua les pasó por encima del cordón en menos de veinte minutos. Adentro, Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, repetía una frase que parece haberse instalado en su escritorio estas semanas: después de décadas de sequía, los suelos neuquinos ya no aguantan una gota más, y eso cambió todas las reglas del juego para quienes viven cerca de un río, un cañadón o una calle baja.

Tormentas que se arman en minutos y golpean donde nadie las espera

Lo que me quedó dando vueltas, mientras la recorría entre mapas y pantallas con radar, es una explicación que Luciana me dio con una mezcla de preocupación y pedagogía: en este nuevo escenario, una tormenta convectiva puede formarse en pocos minutos, descargar una cantidad enorme de agua en un área muy chica y dejar a una familia con el agua adentro del living sin que en la cuadra de al lado haya caído ni una gota. Y hay algo más, me insistió: el agua que genera el daño no siempre cae donde se produce el perjuicio. Una lluvia intensa en una cuenca alta puede transformar un arroyo que parecía un hilo de agua en una corriente con fuerza suficiente para arrastrar un auto. Horacio, un vecino de 58 años que cuida una quinta cerca del arroyo recién reactivado, me lo graficó con una frase que se le notaba masticada: «Acá vivimos fifty fifty: el día que no llueve nos salvamos, y el día que llueve fuerte, no sabemos qué pasa».

Recomendaciones concretas para no improvisar cuando el agua ya entra

  • Conocer antes de que pase: tener bien claro cuáles son las calles de evacuación del barrio o de la localidad, ensayarlas en familia, y saber de memoria cómo salir si se corta una arteria principal.
  • Identificar a quién hay que ayudar: relevar con anticipación a personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas, vecinos con movilidad reducida o chicos solos, porque en la emergencia nadie tiene tiempo para hacer ese inventario.
  • Armar un kit para las primeras horas: documentación personal guardada en bolsa plástica, alimentos no perecederos, agua embotellada en reserva, linterna con pilas, cargador de celular portátil, radio a pilas y un bolso liviano listo para dejar la casa si las autoridades lo piden.
  • Reserva de agua, el punto no negociable: una emergencia puede dejar sin servicio a barrios enteros, así que el agua potable embotellada no es un capricho, es la diferencia entre pasar la noche o tener que evacuarse.
  • En zonas rurales o de acceso difícil: asumir que se puede quedar aislado durante varias horas o incluso un día entero; identificar el punto de encuentro y el centro de evacuación más cercano definidos por el municipio, y tener siempre combustible cargado en el tanque del vehículo.
“El territorio neuquino acumula humedad después de años secos. Hoy una tormenta puede formarse en minutos, descargar mucha agua en poco tiempo y provocar anegamientos o crecidas donde antes parecía seguro. La preparación ya no es una opción, es la forma de cuidarnos.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgos de la provincia

Antes de irme, volví a la puerta de la Secretaría. La mujer del barro en las zapatillas seguía ahí, ahora con un papel en la mano donde le habían dibujado, a mano alzada, la ruta de evacuación del barrio. Me dijo que se llamaba Rosa, tenía 47 años y dos nenes chicos, y que esa tarde iba a volver a su casa, mirar dónde tenía la documentación y armar el bolso con la merienda y el agua, tal como le habían indicado. Me miró y me dijo algo que me parece que resume todo lo que aprendí caminando esta mañana: «Yo siempre pensé que a mí no me iba a tocar. Esta vez me tocó». Y agregó, mientras guardaba el papel en el bolsillo, que ahora entendía que prepararse no era ser alarmista, sino justamente lo contrario: era la única manera de no tener que lamentar después.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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