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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Los cinco rincones del planeta donde la vida se estira, y por qué

Fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana son las claves que comparten las comunidades más longevas del mundo. Un cardiólogo argentino recorre Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa y cuenta qué hacen diferente sus habitantes.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Los cinco rincones del planeta donde la vida se estira, y por qué

Me acuerdo de la primera vez que escuché hablar de estas cinco zonas azules como si fueran una postal ajena, casi irreal. Después, mientras preparaba esta nota, caminé por mi propio barrio y miré con otros ojos a los vecinos que se cruzan en la vereda, a los que se sientan en la plaza, a los que todavía cocinan con lo que compran en la feria del sábado. Porque la historia que cuenta el cardiólogo Jorge Tartaglione, y que recorre estas cinco comunidades del mundo, no habla de lugares lejanos y exóticos, sino de cosas que cualquiera de nosotros puede empezar a hacer mañana a la mañana.

La pregunta que me hice caminando fue directa: si hay gente que vive más y mejor en cinco puntos tan distintos del mapa, ¿qué están haciendo que acá, en medio del trajín cotidiano, solemos dejar de lado? Tartaglione lo resume con una cifra que me quedó dando vueltas: la genética explica apenas el 25% de cuánto vivimos. El 75% restante lo define cada uno con sus decisiones de todos los días. Y agrega un dato pensado para los que tenemos alrededor de 55 o 56 años, como Gladys, la vecina del tercer piso que baja las escaleras con la bolsa del pan y me saluda cantito: con los hábitos adecuados, hay una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más sin enfermedad. Eso es casi una generación entera para arriba.

Las cinco paradas del recorrido

  • Loma Linda, California: una comunidad mayoritariamente religiosa, donde la fe marca el ritmo de las jornadas y la expectativa de vida trepa hasta diez años por encima de la media.
  • La zona de Nicoya en Costa Rica: frutas tropicales a diario, ritmo calmo y una relación con la naturaleza que parece de otra época.
  • Icaria, Grecia: una isla con subidas y bajadas tan pronunciadas que caminar deja de ser una opción y se vuelve una obligación del cuerpo.
  • Cerdeña, Italia: lo que sale de la tierra, lo que da el sol y lo que se pudre, como define el cardiólogo, o sea alimentos frescos, sin ultraprocesados ni aditivos.
  • Okinawa, Japón: el propósito diario como columna vertebral, ese levantarse con ganas de hacer algo, por chico que parezca.
“Definimos nosotros el 75%. La genética es apenas una parte, lo demás depende de cómo vivimos.”Jorge Tartaglione, cardiólogo

Cuando le pregunté al médico qué tenían en común lugares tan distintos entre sí, su respuesta fue casi un manual de instrucciones para la calle. Fe, actividad física metida en la rutina sin necesidad de gimnasio, comida lo más natural posible y un motivo para pararse cada mañana. Lo que más me llamó la atención fue lo que contó de Okinawa: personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música. No se trata de hazañas extraordinarias, insistió Tartaglione, sino de cosas simples como tomarse un mate con una amiga, salir a caminar o sacar a pasear al perro. Todos los días, eso sí, con una visión, con ganas de hacer algo.

Pensé en Roberto, el jubilado de 63 años que todos los mediodías se sienta en el banco de la esquina y me cuenta sus caminatas por el parque. También pensé en Marta, que a sus 58 cultiva tomates en el balcón y los reparte entre los vecinos. Sin saberlo, están tocando varias de esas teclas. La gran enseñanza de estas cinco comunidades es que ninguno de sus secretos requiere grandes recursos ni condiciones excepcionales: alcanza con moverse como se pueda, comer lo más parecido a lo que sale de la tierra, mantener vivos los lazos con los demás y encontrar ese motivo chico pero firme que ordene la jornada. Volví a mi casa pensando que la longevidad no se busca en el mapa, sino en la manera en que uno decide empezar el día siguiente.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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