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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Margay: dos días entre el arroyo, el monte y un vivero que busca reconstruir la selva

A 40 kilómetros de El Soberbio y a 290 de Iguazú, una reserva privada de Misiones combina cabañas sobre el agua, kayak, senderos y un proyecto de restauración ambiental que produce hasta 200.000 plantines por año.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo · · 3 min de lectura
Margay: dos días entre el arroyo, el monte y un vivero que busca reconstruir la selva

La mañana en El Soberbio arrancó con esa neblina espesa que se pega a la cara y que en Misiones no avisa si va a quedar todo el día o si se va a abrir de golpe cuando el sol termine de animarse. El puerto, mirando al Uruguay, estaba tranquilo: algunas lanchas volviendo de los Saltos de Moconá y los primeros turistas cargando bolsos con la expectativa clásica de quien llega al norte de la provincia pensando en pasteras y yerba, y termina descubriendo selva paranaensa. A 40 kilómetros de ese pueblo, en dirección a la frontera con Brasil, aparece Margay, una reserva privada que propone una estadía distinta: dos o tres días cabañas sobre el arroyo Paraíso, con caminatas, kayak y una visita a un vivero que produce entre 100.000 y 200.000 plantines por año.

Dónde queda y cómo se arma la visita

Margay está a unos 290 kilómetros de Puerto Iguazú, lo que la convierte en un destino que se combina muy bien con El Soberbio como base logística. La reserva ocupa 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, un bloque de 253.000 hectáreas de selva paranaensa que todavía se conserva en pie. La estadía recomendada es de dos a tres jornadas, idealmente entre febrero y marzo, cuando las condiciones de agua y clima suelen ser las más amables para meterse en el arroyo y caminar por los senderos.

  • Muda de ropa para mojarse, calzado de trekking, pantalón largo y camisa de manga larga para las caminatas por el monte.
  • Abrigo para la noche, porque las temperaturas bajan bastante después del atardecer.
  • Repelente de insectos, protector solar, sombrero y anteojos de sol para las actividades al aire libre.
  • Botella reutilizable y linterna frontal, dos clásicos que siempre suman en la selva.

Cabañas sobre el agua y cocina con identidad misionera

La reserva tiene cuatro cabañas apoyadas sobre la ribera del arroyo Paraíso, rodeadas de vegetación, con un deck donde se desayuna o se merienda mirando correr el agua. La gastronomía trabaja con preparaciones frescas y orgánicas de raíz claramente misionera: frutas regionales, verduras del lugar y, en las noches de fogón, conversaciones sobre la cultura guaraní y pescado cocinado en hojas de banano. Son esas veladas simples y largas, con el fuego como centro, que terminan siendo lo más memorable del viaje, por encima de cualquier postal.

Qué se hace de día: senderos, kayak y un vivero que piensa en grande

Durante la jornada las opciones se reparten entre senderos autoguiados y caminatas acompañadas por un guía profesional, que va explicando las características de las plantas y los animales del monte. También se puede subir a un kayak y remar por el arroyo, algo que cambia la perspectiva del paisaje: se entra al monte desde el agua y se escucha todo de otra manera. El otro punto fuerte es la visita al vivero Kawsay, un proyecto de conservación que produce entre 100.000 y 200.000 plantines por año de especies destinadas a recuperar ambientes degradados y al arbolado urbano. Recorrerlo con tiempo permite entender el detrás de escena de la reserva: cómo se cuida al palo amargo, cómo se trabaja con sistemas agrícolas que integran cultivos y árboles nativos para recuperar suelos y biodiversidad, y de qué manera se hace seguimiento de fauna con cámaras trampa para intentar reducir la caza furtiva.

“La reserva forma parte del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, un bloque de 253.000 hectáreas de selva paranaensa que sigue conservándose.”Información de la reserva Margay

Un consejo práctico antes de armar la valija

Si están pensando en ir, mi consejo es que no lo traten como una escapada de un día: Margay se disfruta con dos noches como mínimo, idealmente tres, para combinar una tarde de kayak, una mañana de senderos con guía y la recorrida por el vivero sin apuro. Lleven ropa pensada para mojarse y para caminar, sumen un buen abrigo para la noche, y tengan paciencia con los mosquitos: es selva, y la jungle se hace sentir. Si sobra tiempo, El Sobrobi y los Saltos de Moconá quedan a mano para completar la visita al norte misionero con una de las postales más impactantes de la Argentina.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo

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