Nolan y su bomba más pesada que el uranio enriquecido llegan al streaming
Oppenheimer aterriza en Netflix el 21 de septiembre con sus siete estatuillas bajo el brazo y una duración que exige sillón, manta y cafetera llena. Una cita ineludible para los que esquivaron las salas el verano del 2023 o para los que quieren volver a sufrir tres horas de culpa atómica.

Tres años después de que el cine se partiera en dos mitades (rosa y plomo, Barbie y Oppenheimer), la criatura de Christopher Nolan finalmente se dignó a pisar streaming. El 21 de septiembre se sube a Netflix como quien entra a un pueblo chico en hora pico: con todas las miradas encima y sin pedir permiso.
La película, que cuenta la vida del físico J. Robert Oppenheimer y su rol central en el Proyecto Manhattan, fue durante un buen rato el biopic más taquillero de la historia. Amontonó 975,8 millones de dólares en salas globales, hasta que este año Michael (la del rey del pop, no la de Ben Stiller haciendo de) le sacó el puesto con 1.016 millones. Una pelea de números que a los mortales nos importa tres comas, pero a las productoras les quita el sueño.
Las siete estatuillas y otras minucias
- Mejor película, el premio consuelo que dice todo.
- Mejor dirección para Nolan, que ya no necesita presentaciones.
- Mejor actor protagónico para Cillian Murphy, que dejó el pelo engominado de Peaky Blinders en el placard.
- Mejor actor de reparto para Robert Downey Jr, el Iron Man que se redimió de una década de blockbusters.
- Mejor fotografía, montaje, banda sonora original y dirección de arte, el resto de la colección.
Murphy se llevó su premio con la misma cara de circunstancias con la que uno mira el precio de la carne en el súper un domingo a las seis de la tarde. Pero lo que el actor sostiene en pantalla durante 180 minutos (la película más larga de la filmografía de Nolan, casi un maratón porteña) es otra cosa: un hombre que carga en la espalda el peso moral de haberle regalado a la humanidad la capacidad de destruirse a sí misma.
En Río Grande o Tolhuin, donde las pelis suelen llegar tarde y en cualquier formato, la posibilidad de ver Oppenheimer y Barbie juntas en el mismo catálogo es una invitación irresistible al duelo doméstico. Pareja mirando una, pibes mirando la otra, y algún abuelo que termina dormido a los cuarenta minutos preguntando si esto es lo nuevo de Netflix o el noticiero de las diez.
Mi recomendación, por si alguien necesita permiso para pasar un domingo entero en el sillón: preparen café, silencien el teléfono, y dense el gusto de ver a Nolan en su versión más densa, más larga y más premiada. Después me cuentan si salieron pensando en la física nuclear o en el precio del streaming. Las dos cosas son válidas.
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