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Peppa Pig crece: la llegada de Evie y la pérdida auditiva de George marcan una temporada que busca reinventarse sin perder el alma

La serie británica estrena su undécima entrega el 7 de septiembre con un cambio creativo al mando, una familia Cerdito ampliada y un personaje que rompe con la lógica del cuento ideal. El nuevo showrunner explica por qué, después de más de cuatrocientos episodios, todavía hay cosas para contar.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Peppa Pig crece: la llegada de Evie y la pérdida auditiva de George marcan una temporada que busca reinventarse sin perder el alma

La pantalla del living se enciende y ahí está ella otra vez, con su vestido rojo y esa manera de mirar de costado que ya es patrimonio de varias generaciones de chicos argentinos. Pero esta vez algo cambió: George, el hermanito menor, aparece con audífonos, y en el regazo de Mamá Cerdito descansa una beba nueva a la que todavía nadie sabe bien cómo tomarle el pelo. Yo, que vine siguiendo a esta familia porcina desde que mis sobrinos eran los que se sentaban en el piso a mirarla, confieso que me costó unos minutos reacomodar la mirada.

Peppa Pig cumple más de veinte años al aire y el 7 de septiembre desembarca con su undécima temporada, producida por Astley Baker Davies para el canal 5 del Reino Unido y disponible en plataformas para América latina. Son dos los movimientos centrales que alteran la dinámica conocida: George tiene pérdida auditiva moderada y la familia recibe a Evie, la nueva integrante más pequeña de la casa.

Un mando nuevo para una serie que ya tiene episodios

Detrás de esta etapa está Adam Redfern, el showrunner que asumió la conducción creativa del programa hace algunos meses y que viene de trabajar en Las aventuras de Paddington y Go Jetters. Redfern lo planteó con una franqueza que a mí, como espectadora grande, me resultó casi un suspiro de alivio: ya había más de 400 episodios producidos, así que la pregunta no era si cambiar, sino cómo encontrar caminos nuevos sin traicionar lo que siempre funcionó.

“Es imperfecta, se mete de cabeza en las situaciones, es curiosa y es muy fácil identificarse con ella. Muchos personajes preescolares son demasiado perfectos y por eso no perduran. Peppa, en cambio, comete errores, pero al final de cada episodio aprende a ser más amable y a comportarse mejor.”Adam Redfern, showrunner de Peppa Pig

George, los audífonos y el trabajo con la NDCS

La trama de George y su pérdida auditiva no salió de la nada ni se construyó a la ligera. El equipo creativo trabajó con el asesoramiento de la Sociedad Nacional de Niños Sordos del Reino Unido, y de ese intercambio Redfern rescata una idea que a mí me parece de las más valiosas que escuché en mucho tiempo sobre animación infantil: no hay dos experiencias iguales frente a la pérdida auditiva, cada persona la vive de manera diferente, y por eso las historias se pensaron para ser accesibles y adaptadas al nivel de comprensión de los chicos, sin convertir la condición de George en una lección solemne sino en una parte más de su vida cotidiana.

Del otro lado, la llegada de Evie responde a una necesidad más narrativa que médica: sacudir una dinámica familiar que llevaba dos décadas estabilizada. Redfern lo dice sin rodeos y a mí, que vi a varias amigas pasar de ser madres de dos a tener que reorganizar toda la casa con un tercero, me hizo sentir bastante identificada: la irrupción de un bebé en una familia donde todo parecía ordenado es algo con lo que muchos adultos se reconocen, incluso si no terminaron teniendo un tercer hijo. El agotamiento de Mamá y Papá Cerdito, desbordados criando a tres, está deliberadamente escrito para que las madres y los padres que miran la serie con los chicos encuentren su propio reflejo en la pantalla.

Hay, además, un detalle que a esta altura ya parece una declaración de principios y que Redfern repite cada vez que puede: el contenido infantil tiene que justificar el tiempo que los chicos le dedican, y un episodio de Peppa debe ofrecer calidez, humor y valores concretos. La frase me quedó dando vueltas mientras apagaba la pantalla y pensaba en mi vecina Laura, de 52 años, que me confesaba la semana pasada, mientras esperábamos el ascensor, que sigue mirando Peppa Pig con su nieto de tres años no solo porque a él lo divierte sino porque a ella, sin saber bien por qué, le baja un poco el ritmo del día.

Yo me fui de la nota con la sensación de que Redfern entendió algo que a veces los adultos olvidamos cuando hablamos de animación para chicos: que los personajes que sobreviven no son los que nunca se equivocan, sino los que se equivocan, lo reconocen y siguen intentando. George con sus audífonos, Evie llorando a las tres de la mañana, Peppa dejando la tableta en la mesa y saliendo al jardín: todo eso, visto con los ojos de una tía que sigue mirando la serie desde el sillón del living, termina siendo una pequeña y honesta foto de cómo se crece en una familia, aunque la familia sea de cerditos y viva en una casa dibujada con dos colores.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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