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Rubén Rada se fue y dejó una lección que los pibes del streaming harían bien en mirar de cerca

El músico uruguayo murió a los 82 años y sus últimas declaraciones sobre Tini, Trueno, Wos y el recambio generacional reaparecieron como un testamento incómodo para la escena local. Admiración por los jóvenes, ninguna nostalgia y una advertencia que sigue vigente.

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Malena SturzeneggerCultura y espectáculos · 26 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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A esta altura ya sabemos que cuando se muere alguien famoso aparece el manual de frases hechas: ícono, leyenda, imprescindible. Rubén Rada se merece todas esas palabras y, sin embargo, lo más interesante que dejó en sus últimas entrevistas no fue su música sino su manera de mirar a los que venían detrás. Porque Rada, a los 82 años, no se sentó a despotricar contra el reguetón ni a tirarle flores a su propia época. Hizo algo más raro: les dio crédito a los pibes.

Un mapa de afinidades sin guardapolvo

En las charlas que dio poco antes de morir, el uruguayo mencionó por nombre propio a Tini, Trueno, Wos, Conociendo Rusia, Nafta y Catriel. No los nombró para quejarse de que cantaban distinto a él, sino para decir que le parecían maravillosos. La declaración textual fue: Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho. Lo dijo en un contexto en el que muchos de sus coetáneos se dedican a lamentar que la música de antes era mejor. Rada eligió el camino opuesto.

Su razonamiento era directo y lo expuso sin vueltas: Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos. Resulta curioso escucharlo de alguien que podría haber usado su trayectoria para pedir que le tuvieran compasión. En lugar de eso, entendió que su trabajo no era competir con los nuevos sino dejarles lugar.

“El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada

La lección que pocos quieren leer

El uruguayo también dejó una advertencia que, a la luz de la escena actual, suena casi como un consejo de abuelo con experiencia: Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree. Es una frase que parece pensada para los artistas que viven de un solo hit viral y nunca pisan un estudio de vuelta. Rada lo dijo sin señalar con el dedo, pero la flecha llegó igual.

Contó además que grabó con un rapero un tema que acumuló quince millones de reproducciones y que sus propios nietos le confesaron que recién ahí se había ido para arriba. Anécdota simpática si se quiere, pero también una manera elegante de decir que había entendido las reglas del juego nuevo. No se quejó de las reglas: las aprendió.

Un tipo más querido por los músicos que por el rating

En otra de sus confesiones, Rada fue igual de frontal sobre su propio lugar: Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público. No lo dijo con amargura ni como queja, sino como descripción de un fenómeno que en el Río de la Plata muchos intuyen pero pocos admiten. Hay un circuito de admiración entre colegas que no siempre se traduce en venta de entradas o rating de streaming. Rada asumió esa posición sin complejos.

Lo de Rada no fue modestia: fue lucidez. Entendió que en la música popular hay dos tipos de reconocimiento y que uno no invalida al otro. Esa manera de mirarse al espejo y describirse sin anestesia es la que mejor define su figura. Y es, justamente, la que más falta hace en un ambiente donde casi todos se presentan como si fueran el próximo fenómeno global.

Lo que se llevaron los que se quedaron

Su muerte reordenó un archivo de declaraciones que ya estaba ahí, pero que ahora se lee distinto. En esas palabras quedó una forma de entender el oficio: trabajar con lo que hay, escuchar a los que vienen, no dormirse en los laureles. Lo dijo alguien que hizo candombe, jazz, funk y todo lo que se le cruzó, sin pedir permiso ni excusas. Si algún artista joven está leyendo esto y todavía no se convenció de que tiene que evolucionar, vaya y busque la entrevista completa. Después de todo, el mejor legado que dejó Rada no fue un tema: fue la manera en que miró a los que venían detrás.

MS
Malena SturzeneggerCultura y espectáculos

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