San José, la entrerriana donde se termina el día entre viñedos, molinos y piletas calientes
En la costa del río Uruguay, la localidad combina termas, bodegas y un paseo por la historia de los inmigrantes que fundaron la Colonia San José a mediados del siglo XIX.

La mañana en San José se despierta con ese silencio de pueblo chico sobre el río Uruguay, ese murmullo que solo corta el viento entre los eucaliptos y el canto de las calandrias que se posan en las veredas del casco histórico. Para quien llega desde Buenos Aires, el viaje se hace largo pero se justifica apenas se ve la costanera entrerriana y se huele el aroma a tierra húmeda y a pan de campo que todavía sale de algunas hornallas del centro. La localidad está en el sudeste de Entre Ríos, integra la región turística Tierra de Palmares y es, junto con Colón y Villa Elisa, una de las cabeceras del circuito termal de la zona, así que vale la pena tomarse unos cuantos días para no quedarse con ganas de nada.
Mi recorrida arrancó, como recomiendan los que conocen el pueblo, en el Museo Provincial Molino Forclaz, un predio de cinco hectáreas donde todavía se yergue la vivienda familiar y el molino de viento que Juan Bautista Forclaz mandó a construir para moler trigo y maíz. Me lo contó con paciencia Daniela, la guía que me tocó en suerte ese día, mientras caminábamos por el parque que mira al río: los vientos de la zona no terminaron de alcanzar para mover las aspas con la fuerza necesaria, y la familia debió volver al sistema tradicional de molienda impulsado por mulas, que es el que finalmente quedó registrado en la historia del lugar. El relato, lejos de ser un dato frío, se vuelve entrañable cuando uno se imagina a los vecinos de la Colonia San José haciendo fila con sus carros para que les muelan la cosecha, en pleno siglo XIX.
Visitas que se renuevan según la fecha
El museo ofrece distintas modalidades de recorrido según la época del año. En determinadas fechas se suman representaciones a cargo de vecinos del pueblo, que se disfrazan de época y reviven oficios y costumbres de los inmigrantes, y durante el verano se programan recorridos nocturnos con iluminación de velas, faroles y candelabros, una opción que según me dijo Daniela es de las más elegidas por las parejas. Conviene entonces consultar el calendario antes de comprar el pasaje, porque la experiencia cambia mucho según cuándo se pise ese suelo.
Termas con vista al río y copa de vino entrerriano
A cinco minutos del casco histórico está Termas San José, el complejo que concentra la mayoría de los visitantes que llegan buscando descanso. Son doce las piscinas que ofrece el establecimiento, distribuidas en distintos sectores, varias de ellas con vista directa al Uruguay, que ese día bajaba manso y marrón, como suele verse en esta época del año. El establecimiento ofrece un pase de experiencia eno-termal que, vale la pena detallarlo porque vale la pena aprovecharlo, incluye acceso a las piletas, un área exclusiva de relajación, batas, toallas y un tratamiento facial de vinoterapia en el Spa Acqua Termal, además de un tapeo regional con vino entrerriano en el restaurante Entre Fuegos. La propuesta se completa con una visita guiada gratuita a la Bodega Vulliez Sermet y con beneficios en otros establecimientos de la zona, incluido el alojamiento entre viñedos de Los Franco Suizos, una opción que enamora a los que buscan dormir con la copa en la mano y la parra en la ventana.
La tradición vitivinícola del lugar no es nueva ni marketinera: se remonta a los inmigrantes que llegaron a la Colonia San José a mediados del siglo XIX y que trajeron en sus valijas, además de oficios y costumbres, el saber hacer del vino. Entre las variedades que produce la zona aparecen Pinot Noir, Chardonnay, Tannat y Marselan, cuatro cepas que sorprenden a más de un porteño porque rara vez asocia a Entre Ríos con esa paleta de nombres.
Moverse entre puentes, artesanos y la costanera
Un consejo práctico para el visitante, ahora que ya llevan el mapa mental armado: armen la jornada en bloques, empiecen por el Molino Forclaz bien temprano, cuando todavía no aprieta el calor y la luz es la mejor para sacar fotos, dejen el almuerzo en Entre Fuegos con su copa de vino, y terminen la tarde tirados en una reposera junto a las piletas del complejo termal, mirando cómo se pone el sol sobre el río Uruguay. Es la manera de volver a casa con la sensación de que se conocieron tres provincias en una sola, que es, al final del viaje, lo que termina uno contando cuando le preguntan qué hizo en San José.
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