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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Seis días con el aire en rojo: lo que viví caminando Neuquén en pleno agosto

Un monitoreo de la Universidad Nacional del Comahue y la empresa Clean Air Data detectó en agosto picos de contaminación que coincidieron con jornadas de humedad alta, viento calmo y amplitudes térmicas fuera de lo común; los datos son públicos y sirven para decidir cuándo ventilar la casa o salir a caminar.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 5 min de lectura
Seis días con el aire en rojo: lo que viví caminando Neuquén en pleno agosto

Aquella mañana de mediados de agosto salí temprano a hacer unas compras por el centro de Neuquén y me crucé con una imagen que me llamó la atención: varias personas que normalmente esperan el colectivo en la parada de la calle Argentina tenían los pañuelos sobre la boca y la nariz, como si la ciudad entera se hubiera puesto de acuerdo para cuidarse del mismo mal invisible. No había humo visible, no había olor raro, pero el aire se sentía pesado, casi como si se pudiera mascar. Cuando llegué a la redacción y empecé a cruzar datos con los que habían difundido el Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue y la empresa Clean Air Data, entendí que esa sensación no era una exageración: en ese mismo momento, los sensores estaban marcando niveles de material particulado muy por encima de lo razonable.

Lo que más me llamó la atención del informe es que no se trata de un problema nuevo ni de una sensación aislada, sino de algo que se puede medir hora por hora y que, según los especialistas, puede cambiar de manera muy marcada en cuestión de horas, dependiendo de cómo se combine la cantidad de humo que sale de los caños de escape y de las estufas con el comportamiento del clima. Por eso me parece importante contar lo que pasó en agosto, porque son datos que cualquier vecino puede mirar y usar para decidir, por ejemplo, si saca a los chicos a la plaza, si abre la ventana de noche o si posterga la caminata hasta que sople un poco más de viento.

Tres picos de material particulado y tres de monóxido de carbono

El estudio, que se hizo sobre mediciones en tiempo real durante todo agosto, identificó seis momentos de aire complicado. Tres de ellos corresponden a material particulado, esas partículas tan chicas que quedan flotando y que entran directo a los pulmones. El más fuerte fue el que va del 15 al 17 de agosto, cuando el PM10 trepó hasta 520 microgramos por metro cúbico, un número que queda muy por encima de los umbrales de referencia que se usan para cuidar la salud. Los otros dos picos de partículas se dieron entre el 18 y el 20, y el 24 de agosto, también con valores elevados aunque algo menores.

En paralelo, el monóxido de carbono, ese gas que sale de los autos y de las calefacciones cuando la combustión no es completa, tuvo sus propias alertas: subió de manera puntual el 16 y el 18 de agosto, y otra vez, con más fuerza, entre el 19 y el 20, cuando llegó a medirse un máximo de 2,3 partes por millón. Para ponerlo en palabras simples: durante varias jornadas de agosto, neuquinas y neuquinos respiraron un aire que, en determinados horarios, estaba lejos de ser el ideal.

  • Tres episodios de alta concentración de material particulado PM10, con un pico de 520 microgramos por metro cúbico entre el 15 y el 17 de agosto.
  • Otros dos picos de partículas entre el 18 y el 20, y el 24 de agosto, también por encima de los valores de referencia.
  • Tres incrementos de monóxido de carbono, los días 16, 18 y, con mayor intensidad, entre el 19 y el 20 de agosto, con un máximo de 2,3 partes por millón.
  • Una amplitud térmica muy marcada, con mínimas de 0 a 2 grados en la primera quincena y máximas que superaron los 20 grados hacia fin de mes.
  • Humedad relativa promedio del 58,9 por ciento, con jornadas por encima del 90 por ciento y otras por debajo del 25 por ciento.

Por qué el tiempo de agosto fue tan determinante

Lo que cuenta el informe, y que me parece clave para entender por qué agosto fue tan particular, es que el clima de este año se comportó de una manera que favoreció la acumulación de contaminantes. Cuando el aire se queda quieto, la humedad baja, el viento afloja y la amplitud térmica se vuelve enorme, los contaminantes que largan los vehículos y las estufas no tienen cómo dispersarse y se van apilando cerca del suelo, justo a la altura donde respiramos. Y al mismo tiempo, cuando el viento vuelve a soplar con fuerza, levanta las partículas que ya estaban depositadas en las veredas y en el suelo seco, lo que genera nuevos picos de material particulado en suspensión. Es decir, el mismo viento que a veces ayuda a limpiar el aire, otras veces lo vuelve a ensuciar.

“Los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante: puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas.”Responsables del estudio del Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la UNCo y Clean Air Data

Después de leer el informe y volver a caminar las mismas calles de esa primera mañana, me crucé con Jorge, un vecino de 54 años que vive en el barrio Centro y que todos los días hace el mismo recorrido a pie hasta su trabajo. Me dijo, mientras esperaba el semáforo, que él nunca había prestado mucha atención al tema del aire hasta que empezó a toser seco en las mañanas más frías, y que ahora trata de mirar las aplicaciones del clima y, cuando puede, postergar la salida hasta que el día se acomode. Charlar con Jorge me dejó la misma sensación que me dejaron los números: que el aire de Neuquén no es siempre el mismo, que hay días en los que conviene cuidarse un poco más y que tener la información a mano, aunque no resuelva el problema de fondo, al menos permite decidir mejor cómo moverse por la ciudad.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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