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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Siete aulas con ruedas llevan oficios a los rincones más apartados de Neuquén

Una red de unidades móviles equipada con herramientas y máquinas recorre la provincia para dictar cursos gratuitos de soldadura, tornería, energías renovables y más, adaptados a lo que cada comunidad necesita. Ya son 463 los vecinos que terminaron su formación desde 2025.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Siete aulas con ruedas llevan oficios a los rincones más apartados de Neuquén

Cuando uno se imagina un aula de oficios, piensa en un edificio con paredes firmes, un timbre que suena a horario y bancos de madera. Pero en Neuquén esa imagen hace rato que dejó de ser la única: desde hace un tiempo, lo que llega hasta los parajes más alejados de la provincia es un aula con ruedas, completa con herramientas, maquinaria y todo lo necesario para que un vecino aprenda un trabajo concreto sin tener que subirse a un colectivo rumbo a la capital. Yo lo confirmé recorriendo la propuesta, y lo que encontré es una ingeniería educativa pensada para una geografía que no perdona: caminos de ripio larguísimos, localidades chicas perdidas entre la estepa y la cordillera, y una demanda laboral que muchas veces queda a cientos de kilómetros del primer centro de formación.

Cómo funciona el sistema de aulas móviles

La movida la llevan adelante el Ministerio de Educación de Neuquén y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, que pusieron en la ruta siete unidades montadas sobre estructuras móviles. Cada una está equipada de manera distinta según el oficio que vaya a dictar, y lo que ofrecen no es un menú fijo sino todo lo contrario: los cursos se acomodan a lo que cada comunidad pide. Es un trabajo de hormiga que coordina el Centro de Formación Profesional número 43, en articulación con el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano provincial, los municipios y la Dirección de Educación Técnica. Los acuerdos se firman pueblo por pueblo, y la oferta se redefine cada vez que el aula llega a un lugar nuevo.

  • Huinganco: mecánica de motores fuera de borda y nafteros.
  • Aluminé: instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos.
  • San Patricio del Chañar: gasista domiciliario y soldadura.
  • Plaza Huincul: tornería.
  • Mariano Moreno: moldería y patronaje de indumentaria.
  • San Martín de los Andes: soldadura y formación de docentes técnicos.

El catálogo de oficios que circula por esas aulas es variado y apunta a rubros con trabajo real en la región: además de los que ya mencioné, están la metalmecánica, la mecánica automotriz, la mecánica de motos, el trabajo textil, la confección de indumentaria y la instalación de sistemas de gas. Hay cursos pensados para la gente que vive del turismo en la cordillera, otros para los que se ganan el día arreglando vehículos en pueblos donde el mecánico más cercano queda a dos horas de viaje, y también hay opciones ligadas a las energías renovables, que en el sur son una salida laboral cada vez más concreta.

Los números que dejó la experiencia hasta ahora son los que terminan de darle sentido al asunto. Desde 2025, cuando arrancaron a operar, las aulas móviles pasaron por once localidades: Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. En ese recorrido, 463 personas completaron las capacitaciones. No es una cifra enorme si se mira el país, pero sí lo es si se piensa que cada una de esas personas terminó un oficio sin tener que dejar su pueblo, su familia ni su trabajo.

Al cierre de mi recorrida por la propuesta, me quedó dando vueltas esa misma idea con la que empecé: la de un aula con ruedas estacionando en medio de la nada, abriendo sus laterales y montando en minutos un taller donde antes no había nada. Para los vecinos de los parajes neuquinos, la pregunta que sobrevuela todo el programa es bastante directa, y la repito tal cual me la hicieron al pasar: muchos todavía no saben que esta posibilidad existe a pocas cuadras de su casa, y que con acercarse hasta el módulo pueden empezar a aprender un oficio que después les cambie el año. Eso es, ni más ni menos, lo que vino a resolver esta red de aulas que se maneja con la lógica inversa a la de siempre: en lugar de esperar que la gente vaya hacia la educación, va la educación hacia la gente.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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