Sorkin se dirige a sí mismo y la película lo paga: vuelve Zuckerberg y vuelven los mismos vicios
La secuela de "La red social" confirma lo que venía insinuándose: cuando Aaron Sorkin se sienta en la silla de director, sus libretos pierden aire. Una crítica con olor a café de oficina y pantallas que parpadean.

Dicen que la mejor forma de arruinar un buen guion es dirigirlo uno mismo. Aaron Sorkin, que de escribir sabe y de conducir autos ajenos también, decidió probar suerte otra vez al volante y, otra vez, se fue a la banquina. "El precio de la red" llega como ese alumno que repite de año pero trae la misma carpeta:, las mismas phrases, las mismas muletillas.
La película funciona como secuela de "La red social" de 2010 y, si uno presta atención, también como álbum de recortes: hay ecos de "The Newsroom" y hasta suspiros de aquel proyecto sobre el 6 de enero que Sorkin lleva años empujando sin que nadie se lo compre.
El problema no es el papel, es la mano que firma
Lo que llama la atención es que el guionista sigue intacto: el ojo para el cruce de líneas, el instinto para la frase que parece ocurrencia y termina siendo titular. El problema es que, sin un director externo que lo frene, Sorkin se convierte en ese amigo que cuenta el mismo chiste tres veces en la misma cena. La mesa ya se está aburriendo, pero él sigue.
El historial es claro: cuando otros se sentaron en la silla, los textos de Sorkin brillaron. David Fincher en "La red social", Danny Boyle en "Steve Jobs", Rob Reiner en "Algunos hombres buenos": todos supieron poner el coto. Sin ese coto, lo que queda son monólogos que existen porque quedan bien leídos en voz alta, no porque la escena los necesite.
- Soliloquios que se estiran como dulce de batata en un domingo familiar.
- Interiores mal iluminados, llamativo si se piensa que el director de fotografía es el mismo de "La red social".
- Un montaje sin urgencia, que avanza como el colectivo de las siete de la tarde en Tolhuin: llega, pero no apura.
- Idealismo a granel, de ese que sobrevuela la trama sin tocar nunca el piso.
“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Bill Burr, en uno de los diálogos de la película
La línea la pronuncia Bill Burr en pantalla, pero bien podría firmarla cualquier crítico agotado de ver al mismo libreto reciclar sus tics. Es la radiografía perfecta: el escritor sabe lo que pasa, lo dice, y aun así no mueve un dedo.
¿Y entonces? Verla o no verla, el eterno dilema
Mi consejo es simple: si sos de los que vieron "La red social" tres veces y la recomiendan como se recomienda un buen cordero al asador, esta secuela te va a doler. No por mala en el sentido catástrofe, sino por ese sabor a oportunidad perdida. Es la diferencia entre un café bien hecho en un jarro de loza y el mismo café servido en un vaso de telgopor: el contenido se banca, el continente no ayuda.
Si te copa Sorkin como fenómeno cultural, como el tipo que escribió las palabras más repetidas de tu adolescencia con Matthew Perry, ahí está. Pero si esperabas una película que se sostenga sola, te recomiendo quedarte con el original y poner la pava.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

El final de la temporada 2 de 'Silo' promete dejar a los fans boquiabiertos y su creador resuelve una de las principales dudas


Julio Chávez: “Es un desafío muy atractivo poder hacer el personaje de La Ballena”
