The Gentlemen vuelve con todo: más mafia, másEuropa y un Duque que ya se cansó de ser educado
La segunda temporada de la serie de Guy Ritchie deja al aristócrata del cannabis con el traje embarrado y las manos cada vez más lejos de los modales. Estreno en Netflix con aroma a despedida.

Dicen que el poder corrompe y que el dinero llama al dinero. La nueva temporada de The Gentlemen parece tomarse ambos dichos al pie de la letra y, de yapa, le agrega un mafioso italiano con cara de pocos amigos. La serie de Guy Ritchie vuelve a Netflix con ocho episodios que prometen más oscuridad, más violencia estilizada y, sobre todo, un Eddie Horniman que ya no pide permiso para nada.
La entrega retoma al Duque de Halstead tres meses antes de una imagen que cualquiera recordaría: el tipo malherido, arrastrándose por un campo embarrado como si le hubiera caído un temporal de Ushuaia en pleno julio inglés. Ese punto de llegada funciona como arranque y obliga al espectador a retroceder para entender cómo el aristócrata que llegó por accidente al negocio del cannabis terminó hecho pedazos en el barro.
Un nuevo mapa del crimen europeo
Theo James vuelve a ponerse el traje de Eddie Horniman, aunque el personaje poco tiene que ver con el muchacho de buenos modales de la primera temporada. Ya integrado al imperio de la familia Glass y cada vez más cerca de Susie, Eddie se propone ahora expandir el negocio más allá del Reino Unido. Para eso necesita mover piezas en un tablero que incluye cannabis legal, política británica y alianzas con el crimen internacional.
El gran obstáculo no aparece en un callejón londinense sino en el living de la mansión familiar: Bobby Glass. El patriarca, más interesado en su despertar espiritual que en modernizar la empresa, funciona como freno permanente para las ambiciones de Eddie y Susie. Es el clásico patrón que muchos conocemos: el dueño del campo en Tierra del Fuego que todavía firma los cheques con birome y no te deja rotar el cultivo.
Caras nuevas, amenazas frescas
Para romper el eje anglo-sajón, la temporada incorpora a dos personajes del crimen europeo que le cambian el clima al relato. El mafioso italiano Marco Moretti, interpretado por Sergio Castellitto, y su colaboradora Cico Maldini, a cargo de Michele Morrone, aportan una cuota de imprevisibilidad y le abren la puerta a un arco continental que la primera temporada apenas rozaba.
Ritchie mantiene intactos los ingredientes que hicieron funcionar la serie:coreografía de acción, humor negro a destajo y una violencia tan estética que casi parece coreografiada para un videoclip. Pero esta vez todo eso está al servicio de una pregunta que pesa: cuánto se puedetransformar un hombre antes de dejar de ser reconocible. Eddie empieza a descubrir que sus buenos modales se leen como debilidad y que acumular poder implica, también, dejar de permitir que otros le marquen la agenda.
La transformación recuerda a la de ciertos antihéroes clásicos del género: cuanto más control gana sobre su entorno, más lejos queda la salida. La temporada no promete finales tibios ni reconciliaciones edulcoradas. Si te enganchaste con la primera, prepará el café (o el vaso de whisky, según el clima) y sentate a ver cómo un Duque aprende a ensuciarse las manos sin pedir disculpas. Recomendación directa: maratón de fin de semana, ideal para discutir después con amigos sobre quién en la serie la va a pasar peor.
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