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Tres décadas en la puerta del consultorio: Marcelo, el pediatra que llegó con el Hospital Heller y se quedó hasta el final

A punto de jubilarse, el médico que participó del primer nacimiento en el Heller repasa cómo cambió la salud de los chicos neuquinos y resume las recomendaciones que repite en cada consulta: lactancia, prevención de accidentes y pantallas lejos de los más chicos.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Tres décadas en la puerta del consultorio: Marcelo, el pediatra que llegó con el Hospital Heller y se quedó hasta el final

Cuando entré al Hospital Heller de Neuquén aquel mediodía, lo primero que vi fue a un hombre de delantal blanco sentado en un banco del pasillo, con un café en una mano y una sonrisa cansada en la cara. Era Marcelo Sotomayor, pediatra, y estaba a punto de contarme treinta y un años de una profesión que, según me dijo antes de empezar a hablar, se le metió en el cuerpo desde que tenía un kilo cien de peso. Yo lo miré y le creí: hay gente que cuando cuenta su historia no necesita adornarla, porque la vida misma ya le puso el adorno.

Sotomayor nació prematuro en 1966, con apenas 1,1 kilo de peso, y esa llegada anticipada al mundo fue, dice él mismo, la primera pista de lo que iba a hacer el resto de sus días. Quería ser médico desde chico y, dentro de la medicina, pediatra. Estudió en la Universidad de La Plata, hizo la residencia en el Hospital Castro Rendón y en 1995, cuando el Heller todavía estaba arrancando, se sumó al equipo fundador. Fue parte de las primeras semanas operativas, cuando la institución resolvía problemas de infraestructura básica antes de abrir las puertas a los pacientes, y atendió al primer bebé nacido en ese hospital. Hoy, a meses de jubilarse, muchos de los residentes que formó son sus propios colegas en el mismo servicio.

Lo que cambió en treinta años

Lo que más le llama la atención al volver la vista atrás es el desplazamiento de las preocupaciones. Cuando empezó a atender, la desnutrición era una de las principales causas de consulta y de internación. Hoy ese lugar lo ocupa la obesidad, junto con el consumo de sustancias en la infancia y la adolescencia. Son, me dice, problemas de otra época, que tienen que ver con cómo viven las familias y no solo con lo que comen o dejan de comer los chicos. La pediatría, resume, empieza mucho antes de que aparezca una enfermedad.

Las tres recomendaciones que repite en cada consulta

  • Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, considerada una de las principales herramientas de prevención en los primeros meses de vida.
  • Prevención de accidentes domésticos, sobre todo quemaduras y caídas, que siguen siendo motivos frecuentes de consulta de urgencia en niños pequeños.
  • Pantallas lejos de los más chicos: nada de dispositivos antes de los cuatro años y, después de esa edad, tiempos limitados y supervisión permanente.
“La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses sigue siendo una de las principales recomendaciones. Hay que establecer tiempos limitados con las pantallas.”Marcelo Sotomayor, pediatra del Hospital Heller

Mientras caminábamos por los pasillos del Heller, me crucé con Carolina, una mamá de 38 años que estaba esperando el turno de su hija de cuatro. Le pregunté qué la había traído hasta ahí y me dijo, sin dudar, que la atención de Marcelo era la razón principal: lo conoce desde que la nena era recién nacida y asegura que nunca la apura, que siempre le explica lo mismo las veces que haga falta y que le habla a la chica, no solo a ella. Esa escena, que se repite en cada guardia y en cada consultorio del servicio, es la mejor síntesis de por qué Sotomayor sigue atendiendo a esta altura de su carrera: por el vínculo que construye con cada familia.

La jubilación, que en teoría debería haber llegado en julio, quedó postergada hasta enero por decisión propia. Dejar el hospital después de treinta y un años no le resulta sencillo, aunque afuera lo esperan el jazz y el montañismo, dos pasiones que, dice, compensan el peso de las guardias. Cuando nos despedimos en la puerta del Heller, volví a ver al mismo hombre del delantal blanco que había encontrado al entrar: la sonrisa cansada seguía ahí, pero ahora me parecía la de alguien que eligió quedarse mucho más tiempo del que cualquier plan laboral le pedía. Y eso, tratándose de un pediatra, no es un dato menor: es casi una declaración de principios.

CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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