Una década de pistas en la sangre: lo que el sistema inmune cuenta en silencio antes de que estalle la enfermedad inflamatoria intestinal
Un equipo internacional revisó muestras almacenadas durante años y encontró anticuerpos que ya estaban en alerta mucho antes del diagnóstico. La investigación no permite todavía anticipar quién enfermará, pero cambia la mirada sobre Crohn y colitis ulcerosa.

Llegué a la guardia del Hospital de Clínicas con la sensación de que algo se cocinaba en el cuerpo antes de que el cuerpo mismo lo supiera. La médica que me atendió, con un tono que conozco de memoria después de tantos años en estas notas, me dijo algo así: cuando el intestino se queja, el sistema inmune viene avisando desde hace rato. Esa frase me quedó dando vueltas mientras leía el estudio que acaba de publicar la revista Gut y que se presentó en la reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología. La investigación pone números y fechas a esa intuición: hay señales inmunológicas que aparecen hasta una década antes de los primeros síntomas de Crohn o colitis ulcerosa.
La enfermedad inflamatoria intestinal, esa sigla repetida en los consultorios externos, engloba dos cuadros principales. La enfermedad de Crohn, que puede inflamar cualquier tramo del tubo digestivo, y la colitis ulcerosa, que se concentra en el colon. Las dos comparten diarrea, dolor abdominal, fatiga, pérdida de peso y un recorrido clínico que muchas veces termina en tratamientos prolongados o cirugías. El problema de fondo, como me lo repitió en varias notas la doctora Fernanda Vázquez, gastroenteróloga del Clínicas, es que cuando el paciente llega al especialista la inflamación ya está instalada y a veces dejó huellas difíciles de revertir.
Cómo se miraron las muestras antes de que apareciera la enfermedad
El equipo de investigadores trabajó con un archivo poco habitual: 2.000 muestras de suero guardadas durante años, pertenecientes a 500 personas que todavía no tenían síntomas. De ese total, 200 terminaron siendo diagnosticadas con Crohn, otras 200 con colitis ulcerosa y 100 quedaron como grupo de comparación, sanas a lo largo del seguimiento. Para rastrear anticuerpos, los científicos aplicaron una técnica de secuenciación llamada PhIP-Seq, que permite mapear respuestas contra 357.000 fragmentos de proteínas provenientes de bacterias, virus, alimentos y hasta del propio organismo. La idea, me la imagino mientras camino por el pasillo del laboratorio, es abrir la puerta del sistema inmune como quien hojea un álbum de fotos viejo, buscando retratos que todavía no tienen marco.
Lo que apareció en quienes después desarrollaron Crohn fue una presencia llamativa de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr, ese mismo que en la mayoría de la gente pasa como una mononucleosis sin demasiado ruido. Esa señal se mantuvo detectable hasta diez años antes del diagnóstico. También se elevó la respuesta contra las flagelinas, unas proteínas con forma de látigo que están en ciertas bacterias y que el intestino reconoce como amenaza. La intensidad de la señal, según los autores, fue mayor en las personas que después tuvieron formas complicadas de Crohn o con compromiso del íleon, la parte final del intestino delgado.
Lo que pasa en la colitis y lo que comparten ambas enfermedades
Para la colitis ulcerosa, el perfil de anticuerpos fue otro. Ahí aparecieron respuestas contra distintos microorganismos y virus, combinadas con autoanticuerpos, es decir, anticuerpos que el cuerpo fabrica contra sus propios tejidos. Uno de los más llamativos fue el dirigido contra la proteína MADD, que está metida en procesos inflamatorios a nivel celular. Esa diferencia de huellas refuerza algo que los gastroenterólogos vienen diciendo hace rato: Crohn y colitis ulcerosa no son la misma enfermedad con distinto nombre, sino dos trayectorias inmunitarias que comparten unos cuantos rasgos pero se bifurcan en otros.
También me llamó la atención un detalle que suele quedar en la letra chica. La variabilidad de anticuerpos, es decir, la diversidad de respuestas que el sistema inmune va sumando con el tiempo, empezó a crecer alrededor de cuatro años antes del diagnóstico en los dos grupos. Para los investigadores, eso sugiere una especie de reorganización interna del sistema de defensa, como si el cuerpo empezara a barajar cartas nuevas antes de que la enfermedad se mostrara.
“Todavía no estamos en condiciones de decirle a una persona sana que va a desarrollar Crohn o colitis. Lo que tenemos es una línea de investigación muy sólida y un mapa de anticuerpos que hay que seguir explorando.”James Lee, del equipo investigador, en declaraciones difundidas por la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología
Salgo del hospital con la carpeta de estudios bajo el brazo y la misma sensación con la que entré, pero más afinada. Si algo me dejó esta lectura es que la medicina empieza a escuchar los susurros del cuerpo, esos que muchas veces llegan antes que los gritos. Todavía falta para tener un análisis de sangre que le diga a alguien lo que se viene, pero la puerta está abierta. Y eso, en una enfermedad que cambia la vida cuando aparece sin aviso, no es poco.
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