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Una mesa más verde y menos procesada: la dieta nórdica que puede recrearse en cualquier cocina

Un análisis de la Universidad de Aarhus y la Universidad de Upsala sobre 64.406 adultos suecos volvió a poner en el centro del debate a un patrón alimentario que privilegia vegetales, legumbres, cereales integrales y pescado. Qué dice la evidencia, qué se puede adaptar y qué límites tiene el estudio.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Una mesa más verde y menos procesada: la dieta nórdica que puede recrearse en cualquier cocina

La escena es casi la misma que en cualquier cocina argentina cuando arranca el otoño: una olla con lentejas sobre la hornalla, un pan integral en la mesa y la duda de siempre sobre cómo armar un plato rico sin caer una vez más en lo procesado. Entonces aparece la noticia de un estudio enorme, hecho en Suecia sobre más de sesenta mil personas, que vuelve a asociar una alimentación con base vegetal y pescado a una mortalidad más baja. Y uno piensa, en voz alta y con el delantal puesto, si esa pauta tan nórdica tendrá algo que decirles a los hábitos de acá.

Qué es, en concreto, la dieta nórdica saludable

  • Vegetales, frutas, legumbres y cereales integrales como eje del menú diario.
  • Pescado varias veces por semana, sobre todo variedades Grasas.
  • Frutos secos en porciones moderadas y aceites vegetales, como el de canola o el de oliva.
  • Reducción de carnes procesadas, ultraprocesados, bollería industrial y azúcares añadidos.
  • Productos locales y de estación: centeno, manzanas, peras, bayas, coles, zanahoria y remolacha.

En el trabajo, encabezado por la Universidad de Aarhus y la Universidad de Upsala, participaron 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad, con información relevada entre 1997 y 2019. El equipo investigó qué habría pasado, en términos estadísticos, si esa cohorte hubiera seguido durante 24 años distintos escenarios alimentarios, comparando la dieta nórdica saludable con las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023 y con una pauta sin intervención específica.

Los números que más circularon fueron estos: frente a las recomendaciones oficiales de 2023, sostener la dieta nórdica saludable se asoció a un cuatro por ciento menos de riesgo estimado de muerte por cualquier causa; frente al escenario sin intervención, la diferencia estimada llegó al seis por ciento. Son cifras modestas, pero consistentes con lo que viene mostrando la literatura sobre patrones alimentarios ricos en vegetales y cereales integrales.

Ahora bien, vale una advertencia que la propia nota original subraya: los participantes no fueron asignados al azar a comer de una manera o de otra durante un ensayo clínico largo. Se trata de un análisis de escenarios contrafácticos, una herramienta estadística poderosa pero dependiente de supuestos, como que no haya factores no medidos capaces de explicar parte de la asociación. Quien quiera llevarlos a su propia cocina tiene que leerlos así, como una pista sólida y no como una sentencia.

El detalle que quedó pendiente

El estudio tenía como objetivo principal evaluar complicaciones hepáticas graves, y en ese punto no apareció una reducción clara. Los autores destacan que la dieta no mostró allí un efecto protector nítido, un Matices que evita vender la pauta como una solución mágica para problemas de hígado y recuerda que cada indicio en la literatura se construye con sus bemoles.

Volviendo a la cocina del principio, lo que cuenta es lo de siempre, lejos de los títulos rimbombantes: elegir avena o pan integral por encima de los refinados, sumar lentejas y verduras como base, agregar pescado cuando el bolsillo y la estación lo permitan, sumar frutos secos y aceite de oliva en lugar de manteca, y dejar los ultraprocesados para ocasiones puntuales. No es necesario vestir la mesa de Estocolmo para comer como Estocolmo. Con productos locales, algo de planificación y la decisión de correrse unos centímetros del paquete de galletitas, la receta nórdica se vuelve una costumbre bien criolla.

“No hace falta clonar la cocina sueca, sino quedarse con la idea: más vegetales y legumbres, menos ultraprocesados. Lo demás se acomoda con lo que uno tiene.”Mirta Pereyra, vecina de Caballito, 58 años
CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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