Volver a entrenar sin lesionarse: la advertencia del kinesiólogo que recorre los consultorios chaqueños
Emiliano Gallegos repasó las claves para retomar la actividad física sin apurarse, insistió en cuidar la técnica por encima del peso y propuso mover el cuerpo también fuera del gimnasio, en una jornada laboral que deja ocho horas sentadas.

Soy Camila Ledesma Tapia, de Sociedad y vivienda, y esta vez me toca contarles algo que vi con mis propios ojos mientras recorría los consultorios de la ciudad: la cantidad de gente que vuelve al gimnasio después de meses parada, o directamente sentada, es enorme. Y lo más llamativo es que casi todos llegan con la misma pregunta en la boca: cómo hago para no lastimarme. Esa misma duda fue la que respondió, con paciencia y algo de humor, el kinesiólogo Emiliano Gallegos, que atiende en la zona y que conoce de memoria la película que se repite cada año cuando arranca el calor.
Sedentarios que hacen deporte, una combinación que alarma
Gallegos arrancó la charla con una frase que me dejó pensando: nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacemos deporte. La definición parece exagerada, pero cuando uno mira alrededor se da cuenta de que pega de lleno: ocho horas frente a la computadora, el viaje en colectivo, la cena en el sillón y, en algún hueco, una hora de entrenamiento que no alcanza a compensar el resto del día. Por eso el especialista propuso algo simple, casi de manual: incorporar pausas activas en la jornada. Subir por escalera en lugar de usar el ascensor, aprovechar mientras se prepara un café para hacer unas sentadillas o moverse cada rato en la oficina. Son movimientos cotidianos que, sumados, marcan una diferencia real.
“Nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacen deporte.”Emiliano Gallegos, kinesiólogo
- Hacer una evaluación previa de los hábitos y del estado corporal antes de empezar a entrenar.
- Planificar la rutina según la frecuencia y el nivel de cada persona, en lugar de copiar planes ajenos.
- Apuntar a unas tres sesiones semanales como frecuencia razonable para arrancar.
- Empezar con ejercicios básicos y progresar de a poco, sin saltar etapas.
- Priorizar la técnica del movimiento por encima de la carga, para reducir el riesgo de lesiones.
- Incorporar pausas activas durante la jornada para no pasar ocho horas seguidas sentado.
- Cerrar cada entrenamiento con estiramientos que ayuden a la vuelta a la calma.
La técnica manda y la carga espera
Después de escucharlo, recorrí la sala de espera y me senté un rato con Daniel, 52 años, que estaba por entrar a su segunda sesión del año. Me contó que el verano lo apuró y que por eso arrancó a entrenar casi de un día para el otro, sin consulta previa, y terminó con una molestia en la rodilla. Coincide, sin saberlo, con lo que repite Gallegos: las estructuras del cuerpo necesitan un tiempo para adaptarse a las cargas, y eso se nota sobre todo en la primera etapa. Por eso el kinesiólogo aconsejó iniciar con ejercicios básicos antes de subir la dificultad, y dejó una frase que sirve de regla de oro: lo más importante es la técnica del ejercicio, no la carga, para no lesionarse. El peso, según explicó, queda subordinado a cómo se ejecuta cada movimiento. Si la técnica falla, el riesgo de una contractura, un esguince o una lesión más seria aparece en cuestión de semanas.
Antes de irme, Daniel me dijo algo que me quedó dando vueltas: uno se imagina que volver al gimnasio es solo cuestión de willpower, pero en realidad es cuestión de cabeza y de paciencia. Y esa paciencia, me parece, es exactamente lo que Gallegos intenta instalar en cada consulta. No se trata de correr para llegar al verano con un cuerpo distinto, sino de aprender a moverse todos los días, también en esos ratos muertos donde lo único que hacemos es mirar la pantalla. Volví a la redacción con la sensación de que la nota no era solo sobre kinesiología: era, en el fondo, sobre cómo vivimos sentados y cuánto nos cuesta, todavía, levantarnos de la silla.
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