¿Y si la inteligencia artificial te roba hasta el estilo de escribir? La plataforma que convertía correos hackeados en mensajes a medida para estafar
Microsoft desarticuló EvilTokens, un servicio que usaba modelos de IA para leer conversaciones reales de casillas comprometidas y redactar fraudes convincentes. Más de 12.000 cuentas y 10.000 organizaciones afectadas, dos detenidos en Londres y un mecanismo de intrusión que sobrevive al cambio de contraseña.

¿Puede una máquina aprender cómo escribe tu jefe y usarlo para vaciarte la cuenta bancaria? Lo que parece ciencia ficción ya pasó: Microsoft acaba de desactivar una plataforma llamada EvilTokens que hacía exactamente eso, y que durante meses funcionó como una cocina industrial del fraude digital. Para entendelo en términos de cocina, imaginen que alguien entra a robar la correspondencia de un restaurante, lee las recetas de la carta y después arma un menú trucho que parece idéntico al original: el comensal no nota la diferencia y termina pagando por un plato que nunca existió.
Una fábrica de estafas con IA y suscripción mensual
Según contó Microsoft en su blog de seguridad, EvilTokens no era un virus suelto en la red sino un servicio con precio, soporte y hasta panel de administración. Se vendía por Telegram, con un pago inicial de 1.500 dólares y una cuota mensual de 500. A cambio, los clientes recibían una herramienta que, una vez adentro de una casilla de correo corporativa, hacía el trabajo fino con inteligencia artificial.
La IA no inventaba mensajes de la nada. Leía los correos reales de la cuenta hackeada, los resumía, los traducía si hacía falta y detectaba tres cosas clave: si había pagos pendientes, quién tenía autoridad para aprobarlos y qué contactos eran los más confiables. Con esa radiografía, el sistema sugería a quién suplantar y redactaba mensajes fraudulentos que calzaban como un guante en la conversación original. Como si el estafador tuviera el cuaderno de la víctima abierto al lado.
La trampa: un código que abre la puerta sin robar la llave
Lo más delicado es cómo entraban. Los atacantes no necesitaban que nadie les pasara la contraseña. Apelaban a un engaño conocido como phishing por código de dispositivo: le pedían a la víctima que ingresara un código de autenticación en la página legítima de inicio de sesión de Microsoft. Al tipearlo, la persona pensaba que estaba verificando su identidad, pero en realidad estaba authorizing una sesión controlada por el criminal.
Esa puerta lateral tiene una consecuencia práctica muy concreta: cambiar la contraseña no alcanzaba para cerrarla. Microsoft advirtió que también había que revocar las sesiones y los tokens asociados, esos permisos digitales que las aplicaciones reciben para actuar en nuestro nombre. La compañía recomendó bloquear la autenticación por código de dispositivo siempre que fuera posible y reemplazarla por métodos resistentes al phishing, como las llaves de seguridad FIDO2 o las llamadas passkeys, que funcionan como una cerradura que solo abre la llave física que vos tenés en la mano.
- Distribución mayorista: el sector más golpeado, con campañas que ofrecieron oportunidades de compraventa y logística.
- Construcción: propuestas de asociación y proyectos de obra sirvieron como anzuelo para abrir conversaciones.
- Servicios financieros: avisos sobre transferencias y vencimientos se mezclaron con hilos reales para pedir datos.
- Salud, educación superior y sector inmobiliario: también recibieron mensajes personalizados, aunque con menor volumen.
- En total, Microsoft identificó 44 señuelos distintos, que incluyeron ofertas de construcción, propuestas de partnership, alertas de caducidad de contraseñas y pedidos de cotización.
Qué se viene: la próxima campaña y el debate sobre los modelos
La operación, que según Microsoft fue llevada adelante por su equipo de investigación junto con partners de la industria, desactivó la infraestructura del servicio y terminó con dos arrestos en Londres. La empresa no descarta que aparezcan imitadores: la barrera de entrada es baja cuando los modelos de IA están disponibles para cualquiera y el negocio ya demostró ser rentable.
En la próxima campaña electoral y de balances corporativos, que arranca en marzo, se va a poder medir si estas técnicas se replican en otras plataformas de correo y si los filtros de las empresas grandes logran detectarlas a tiempo. Por ahora, la recomendación práctica es la de siempre, pero con un plus: desconfiar también de los mensajes que parecen demasiado parecidos a los de siempre.
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