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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Caminar las Malvinas con un isleño que no quiere saber nada con la Argentina

Pablo Aparo durmió cinco meses en la granja de Matt, un terrateniente kelper que aceptó ser filmado por un argentino mientras el resto le cerraba la puerta. Su película, ganadora en el BAFICI, sigue en cartel.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 3 min de lectura
Caminar las Malvinas con un isleño que no quiere saber nada con la Argentina

Me crucé con el trailer de Los vencedores una tarde de estas y me quedé pensando en algo que el director, Pablo Aparo, me confirmó después por teléfono: muy poca gente en Buenos Aires sabe cómo se vive hoy en las Malvinas más allá del conflicto de 1982. Hay 3500 civiles y, en paralelo, una base militar británica con efectivos permanentes en números comparables. Esa convivencia rara, cotidiana y en gran medida silenciosa es la que el documental pone en primer plano.

Aparo, que tiene 40 años y es de Buenos Aires, viajó tres veces entre 2020 y 2024. La primera fueron diez días. Las dos siguientes, en 2023 y 2024, terminaron sumando cinco meses. Pidió los permisos de filmación ante la Administración de Malvinas y se topó con una recepción despareja: mientras algunos isleños le abrieron la puerta, otros le pidieron que apagara la cámara o directamente le bloquearon el paso. La pregunta de la que partió fue simple y a la vez enorme: cómo se vive al lado de una estructura militar enorme cuando uno es, sobre todo, un criador de ovejas, un comerciante o un jubilado.

Matt, el único que dijo que sí

El hilo conductor del documental es Matt, un terrateniente local dueño de una estancia grande en medio de las montañas, famoso por expresar en público su rechazo a la Argentina. Fue el único que aceptó la propuesta de Aparo. Esa misma tarde, según reconstruyó el director, ya estaba durmiendo en la granja. A partir de ahí empezó una convivencia cámara en mano que incluye recorridas por el campo, largas conversaciones en la cocina y visitas a los lugares donde todavía pesa el recuerdo de la guerra.

El punto más tenso de la película llega cuando ambos van al Salón de la Pradera del Ganso, el sitio donde el Ejército argentino mantuvo encerrados a los isleños, entre ellos a Matt y su familia, durante varias semanas en mayo de 1982. Cuando reconocieron al cineasta argentino, varios asistentes se retiraron del lugar. Esa incomodidad, registrada en el filme, dice mucho más que cualquier panel sobre soberanía.

A mí me llamó la atención otra parte del documental, menos conocida de este lado del Atlántico. Aparo recoge testimonios sobre el período bélico que acá circulan poco. Cuenta que varios isleños, después del cese del fuego, abrieron galpones donde los soldados argentinos habían dejado donaciones de ropa de invierno y comida enviadas desde el continente. También aparecen cartas que los propios conscriptos escribieron a los kelpers, en un inglés elemental, pidiendo alimento o abrigo. Son pedazos de una historia que no entra en los manuales escolares argentinos.

Después de verlo y de hablar con Aparo, vuelvo a la pregunta que él mismo dejó flotando y que me parece la más honesta para cerrar esta nota: si uno se tomara el tiempo de mirar la historia desde la perspectiva de quienes viven hoy en las islas, ¿cambiaría algo en la imagen que tenemos de las Malvinas? No tengo una respuesta cerrada. Pero después de cinco meses filmando del otro lado, este porteño que durmió en la casa de Matt asegura que, al menos, la pregunta deja de ser un póster y pasa a ser una conversación.

CL
Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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