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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Chacras de Coria, el pueblo mendocino que se reinventó y ahora se queda con el visitante

A pocos kilómetros de la capital, el distrito de Luján de Cuyo dejó de ser una escala hacia las bodegas y hoy ofrece hoteles boutique con distinciones internacionales, restaurantes de autor y una agenda que combina vino, gastronomía y música electrónica bajo la sombra de la cordillera.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo · · 5 min de lectura
Chacras de Coria, el pueblo mendocino que se reinventó y ahora se queda con el visitante

Amaneció frío y despejado en Chacras de Coria, con esa luz seca y transparente que tiene la mañana mendocina cuando todavía no sopla el Zonda. En el ingreso al pueblo, sobre la calle Darragueira, las hojas de los álamos se movían apenas y se veía la silueta del cordón del Plata como pintado a mano sobre el cielo. El puerto, por llamarlo de algún modo, no es un puerto de agua sino un puerto de gente: taxis, combis y remises que bajan pasajeros en la puerta de los hoteles boutique que fueron apareciendo en estos últimos años, y que cambiaron para siempre la fisonomía de un distrito que antes era apenas una parada en el camino hacia las grandes bodegas de Luján de Cuyo.

De paso obligado a destino de varios días

Lo recorro a pie, como me gusta hacer estos trabajos, y la transformación se nota a cada cuadra. Según los datos que maneja la Secretaría de Turismo de Luján de Cuyo, en el distrito de Chacras funcionan hoy alrededor de 30 hoteles y lodges vitivinícolas, y cerca de 40 restaurantes, bares y espacios nocturnos. Es decir, la oferta permite armar una estadía de entre dos y cuatro noches, que es lo más habitual, sin necesidad de andar saltando de un lugar a otro ni de subirse a un colectivo que nos lleve hasta la capital.

El perfil del visitante manda un mensaje claro: tiene entre 30 y 65 años, viene de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Brasil, Chile, Estados Unidos y Europa, y cada vez se queda más tiempo. Rodolfo Benítez, director de Turismo de Luján de Cuyo, lo comenta con la satisfacción de quien ve un proceso que arranca bien de abajo. La hotelería creció fuerte en los últimos tres años, de la mano de propiedades con servicios diferenciales y de un público que busca otro ritmo, más pausado y con identidad mendocina, distinto al del tour exprés por tres bodegas y un almuerzo.

Llaves Michelin y una escena gastronómica que ya compite con las grandes ciudades

Dos hoteles de la zona fueron reconocidas en 2026 con Llaves Michelin: la Winemaker's House de Susana Balbo y Lares de Chacras, dos referencias que se sumaron a otras dos Llaves ya otorgadas en el departamento de Luján de Cuyo para los emprendimientos Awasi Mendoza y Chozos Resort. Es decir, de las Llaves entregadas en todo Mendoza, varias cayeron en este distrito y sus alrededores, algo que hace apenas cinco años parecía lejano.

La gastronomía, claro, es una de las claves del asunto. En mi recorrida me cruzo con propuestas muy distintas entre sí, pero todas con un hilo conductor: producto regional bien trabajado, ya sea aceite de oliva, carnes a las llamas, trucha de los ríos cordilleranos, hongos de la zona y frutos secos, todo maridado con Malbec, vermut y espumantes locales. La oferta va desde la cocina de autor hasta bares de vinos más informales, pasando por cafeterías de especialidad y patios donde comer al lado de una parra.

  • Susana Balbo Winemaker's House y Lares de Chacras, hoteles con Llaves Michelin en 2026, dentro del distrito.
  • Daukos, abierto a principios de 2026 en el interior del Hotel Boutique La María (Darragueira 1551), con apenas 44 cubiertos, una carta de 400 etiquetas de vinos y platos como pulpo, merluza negra, risotto de hongos y sushi de atún rojo.
  • Chirivia, en Potrerillos, un restaurante itinerante con menú de diez pasos, a 57 kilómetros de Chacras por la ruta nacional 7.
  • Más de una decena de bares de vinos y cafeterías de especialidad distribuidos sobre las calles principales del pueblo.

La música electrónica que trajo público nuevo

Lo que terminé encontrando, y eso me llamó muchísimo la atención, es que Chacras ya no es solo vino y buena mesa. Cada diciembre, el Sunsetstrip de Hernán Cattáneo baja el río con miles de personas desde distintos puntos del país y del exterior, y mete un pico de ocupación que moviliza a hoteles y restaurantes de toda la zona, con un perfil de visitante más joven, que también gasta en gastronomía, sale de noche y al día siguiente se anota a una cabalgata o a una salida en bicicleta por los caminos rurales que bordean las fincas.

“Lo que vemos es que el visitante ya no viene solo a una bodega y se va. Se queda tres o cuatro noches, combina hotel boutique con festival y termina comiendo en lugares a los que antes no llegaba. Eso nos obliga a estar a la altura.”Rodolfo Benítez, director de Turismo de Luján de Cuyo

El pueblo conserva, y vale la pena decirlo, ese aire de calles arboladas, veredas anchas y casas bajas que todavía recuerda al antiguo pueblo de fin de semana de las familias mendocinas. Lo nuevo no borró lo viejo, sino que se apoyó encima: donde había una casona familiar hoy funciona una vinoteca, donde había un almacén de ramos generales hay un restaurante de autor, y la plaza sigue siendo el corazón de un lugar donde todavía se puede conversar con un vecino o sentarse a tomar un café mirando hacia la cordillera.

Consejos prácticos para quien quiera ir

Antes de cerrar la nota, y ya con la mochila lista para volver, dejo algunas recomendaciones que me sirvieron en mi paso por allí. Reservar con anticipación, sobre todo si se viaja para el Sunsetstrip de diciembre o para algún fin de semana largo, porque los hoteles boutique del distrito tienen poca habitación y se llenan rápido. Pedir en el hotel la lista actualizada de bares y restaurantes, ya que la oferta cambia seguido y siempre hay aperturas nuevas. Combinar al menos una experiencia de bodega con una cena de autor en el pueblo, para no quedar atrapado todo el tiempo en tours de día. Y por último, no subestimar la caminata: Chacras se recorre muy bien a pie, y varias de las mejores propuestas gastronómicas están a pocas cuadras unas de otras, lo que permite armar una jornada entera sin moverse en auto.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo

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