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El debut de Luján Sáez en Bafweek: una diseñadora que busca su propia sombra bajo un apellido que pesa

LS, la firma personal de la hija del creador de Ona Sáez, se presentó por primera vez en pasarela con la colección N.1. Una propuesta nocturna, urbana y pensada como experiencia, que la propia diseñadora define como la manera de construirse un camino propio.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 5 min de lectura
El debut de Luján Sáez en Bafweek: una diseñadora que busca su propia sombra bajo un apellido que pesa

Eran cerca de las nueve de la noche cuando la pasarela de Bafweek se transformó en otra cosa. No era un clásico recorrido de modelos entrando y saliendo con ropa prêt-à-porter: era un show con banda en vivo, con luces bajas, con un público que dejó de mirar el celular para mirar al frente. En el centro de todo estaba Luján Sáez, la hija de Santiago Sáez, el fundador de Ona Sáez, una de las firmas que durante la primera década del siglo XXI puso al diseño argentino en boca de todos. Pero esta vez, la atención no se la llevaba el apellido del padre sino el nombre nuevo que la diseñadora eligió para firmar su propio camino: LS, su flamante marca personal, que se presentó en sociedad precisamente en esa edición de Bafweek.

Una marca que nace para diferenciarse, no para repetirse

La primera colección se llama N.1, como un punto de partida, como un primer paso que pide ser leído en serie. Luján cuenta que la idea de armar algo propio fue madurando de a poco, sobre todo después de años de mirar desde adentro cómo se construye una marca desde cero. Su padre había encabezado durante mucho tiempo una de las firmas más reconocibles del circuito local; su madre, además, se desempeñó como productora de moda. Ese ambiente fue, dice, su primera escuela, pero también el lugar desde el cual entendió que tenía que salir a construir algo distinto.

“Nació como una manera de construir mi propio camino y expresarme con libertad, siempre tomando referencias y guiños de todo lo que me formó.”Luján Sáez

La propuesta estética de LS tiene identidad propia y se aleja deliberadamente de lo que fue Ona Sáez. La diseñadora habla de una impronta nocturna, casi de club, de luces bajas y de cuerpos que se mueven: denim como tela central, pero también cuero, encaje y brillos con foil para sumar tensión. Las siluetas son amplias, exageradas, con capas y superposiciones que juegan con la idea de tapar y destapar, de mostrar y esconder a la vez. Hay, además, una búsqueda consciente del contraste: lo deportivo convive con lo glamoroso, lo urbano con lo sofisticado, como si la marca intentara dialogar con una consumidora que no quiere elegir entre comodidad y escena.

El método: probarse la ropa y preguntar si te la pondrías

Una de las cosas que más llama la atención de LS es la forma en que se diseñan las prendas. La pregunta de partida, según cuenta Luján, es la más simple y a la vez la más difícil de responder: ¿me lo pondría yo? A partir de ahí empieza un ida y vuelta con amigas, con artistas cercanas, con mujeres que la rodean y que funcionan como probadoras reales. La diseñadora observa cómo una misma camisa cambia según quién la lleva, cómo un pantalón ancho se transforma en otra cosa cuando lo usa una persona con otro cuerpo y otro modo de caminar, y desde ahí ajusta materiales, talles y formas.

Esa lógica de prueba y error, casi de taller compartido, también se vio en la pasarela. Varias de las llamadas musas de la marca desfilaron con las prendas de N.1, lo que le dio al show un aire más cercano, más de grupo de amigas que de casting frío. La puesta no fue un simple recorrido de looks sino una experiencia armada con cuidado: la música en vivo, las luces, la decisión de que la ropa, las modelos y el escenario dialogaran entre sí en lugar de competir. Antes del show, Luján lo resumió en pocas palabras: Quiero que durante esos minutos el público pueda entrar completamente en el universo de la marca.

La consumidora que Luján tiene en la cabeza no es una franja etaria fija ni un estereotipo de vidriera. Es, más bien, una actitud: alguien que usa la ropa como herramienta de expresión, que quiere entrar a un lugar y sentirse segura, distinta, un poco protagonista. Para la diseñadora, la edad es un dato menor frente a las ganas de mostrarse. Las fuentes de inspiración son bastante reconocibles para cualquiera que salga de noche en Buenos Aires: la escena nocturna porteña, los recitales, los clubes, las nuevas generaciones de artistas locales que están rearmando el mapa cultural de la ciudad. LS parece querer ser, en cierto modo, el uniforme de ese mundo.

El peso del apellido y la regla del trabajo

En la conversación, claro, aparece siempre el elefante en la habitación: el apellido Sáez. Preguntada por la mochila que significa haber crecido en una familia que ya tiene un lugar en la historia del diseño local, Luján fue directa y bastante tajante. Mi apellido puede generar una expectativa inicial, pero después es el trabajo el que tiene que estar a la altura, dijo, sin anestesia. Es una declaración que condensa un poco todo el proyecto: LS no busca negar la herencia, pero tampoco se queda a vivir de ella. Reconoce el linaje, lo toma como punto de partida y, a partir de ahí, propone abrir un surco propio.

  • Denim como tela central de la marca, presente en pantalones, camisas y chaquetas.
  • Cuero, encaje y apliques con foil para sumar texturas y brillos de aire nocturno.
  • Siluetas amplias y exageradas, con capas y superposiciones.
  • Tensión deliberada entre lo deportivo y lo glamoroso, como marca de estilo.
  • Desfile montado como experiencia, con música en vivo y musas de la marca en pasarela.
  • Apuesta por una consumidora que usa la ropa como herramienta de identidad, más allá de la edad.
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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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