El empleo formal volvió a retroceder en junio y ya acumula más de 354.000 puestos perdidos desde noviembre de 2023
El trabajo asalariado registrado cayó 0,1% en el mes y 1,5% en la comparación interanual, con caídas en el sector privado, el público y el personal de casas particulares. El monotributo fue el único segmento en expansión. Los datos de julio sugieren una pausa, pero explicada por una menor contratación y no por una recuperación efectiva de los puestos.

El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), elaborado por la Secretaría de Trabajo, registró en junio una caída mensual del 0,1% en el empleo asalariado registrado, equivalente a 12.260 trabajadores menos en relación con mayo. En términos interanuales, la contracción alcanzó el 1,5%. Se trata del segmento que agrupa a los trabajadores en relación de dependencia del sector privado, a los empleados públicos y al personal de casas particulares, un universo que funciona como termómetro estructural del mercado laboral formal argentino.
La pérdida de junio se distribuyó entre los tres componentes del empleo registrado. El sector privado restó 6.261 puestos, con una baja mensual del 0,10%; el sector público recortó 5.127 empleos, un 0,15% menos; y el personal de casas particulares cayó en 872 posiciones, equivalentes a una contracción del 0,20%. El monotributo, por su parte, fue la única categoría en expansión: sumó 4.360 inscriptos en el mes, un alza del 0,20%, en un comportamiento que los analistas asocian más a una estrategia de subsistencia frente a la ausencia de ofertas formales que a un verdadero proceso de formalización productiva.
El balance desde noviembre de 2023
La comparación con noviembre de 2023, último mes completo de la gestión anterior, muestra un cuadro más elocuente. Desde entonces, el empleo asalariado registrado acumula una merma de 354.128 puestos, con bajas en los tres componentes dependientes y un crecimiento exclusivo del trabajo autónomo. El sector privado perdió 246.312 puestos, un 3,9% menos; el sector público redujo su planta en 87.629 trabajadores, un 2,5%; y el personal de casas particulares retrocedió en 20.187 posiciones, un 4,3%. En sentido contrario, el monotributo incorporó 169.026 personas en ese mismo período, un incremento del 8,3%.
En la comparación interanual, es decir contra junio de 2024, el comportamiento también resultó mayoritariamente contractivo. El empleo asalariado privado se contrajo 1,9%, con 121.000 personas menos; el empleo público retrocedió 0,9%, equivalente a 30.500 trabajadores menos; y el personal de casas particulares mostró el único dato positivo del componente dependiente, con un alza del 0,8% y 3.500 trabajadores adicionales.
- Industria manufacturera: acumula 20 meses consecutivos de variación interanual negativa, según los registros de la Secretaría de Trabajo.
- Comercio: encadena 13 meses consecutivos de caída en la comparación interanual.
- Servicios comunitarios, sociales y personales: lideró las bajas mensuales de junio, con un retroceso del 0,5%.
- Intermediación financiera: registró una contracción mensual del 0,4%.
- Hoteles y restaurantes: mostró una baja mensual del 0,3%, en línea con la debilidad del consumo estacional.
- Pesca, minería y actividades inmobiliarias: fueron los sectores con leves avances en el mes.
La lectura de los especialistas y lo que muestra julio
“El sector privado encadena 13 meses consecutivos de retracción y los niveles actuales equivalen a los de fines de 2014.”Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA-Autónoma
Los indicadores adelantados de julio, correspondientes a los principales aglomerados urbanos, muestran una aparente estabilización del empleo registrado. Sin embargo, según la Secretaría de Trabajo, ese freno no responde a una recomposición efectiva del mercado laboral, sino a una marcada reducción de las nuevas contrataciones por parte de las empresas, en un contexto donde los despidos se mantuvieron en niveles similares pero el recambio de dotaciones se contrajo de manera notoria.
Para los analistas consultados, el cuadro de fondo combina tres elementos. En primer lugar, una industria manufacturera que lleva dos años sin poder interrumpir su sendero contractivo, en un proceso que arrastra a buena parte de las economías regionales. En segundo lugar, un sector comercial que tampoco encuentra señales de recuperación, golpeado por la caída del consumo masivo y por el avance de modalidades de venta más desreguladas. En tercer lugar, un Estado que, tras el ajuste de los primeros meses, dejó de absorber mano de obra e inició un proceso de reducción gradual de su planta, con efectos dispares según las jurisdicciones.
En ese escenario, el crecimiento del monotributo aparece como un dato ambiguo. Por un lado, refleja una mayor cantidad de personas que optan por generar ingresos por cuenta propia ante la escasez de ofertas formales. Por otro, pone en evidencia la fragilidad de un proceso de formalización que se sostiene sobre trabajadores con baja cobertura previsional, sin aportes patronales y con ingresos que, en muchos casos, no alcanzan a cubrir los umbrales de subsistencia.
Según fuentes de la Secretaría de Trabajo, resta por definirse en Buenos Aires la evolución de los próximos meses una vez que se completen los datos de julio y agosto, dos períodos que suelen mostrar una recuperación estacional por la estacionalidad turística y por la mayor actividad en sectores como la construcción y la enseñanza. La magnitud de esa recuperación, sumado al comportamiento de la negociación paritaria y a la evolución del crédito productivo, serán las variables que permitan evaluar si la estabilización observada en julio se consolida como una verdadera recomposición del empleo registrado o si, por el contrario, refleja únicamente un repliegue temporal de las nuevas contrataciones en un mercado que mantiene su tendencia contractiva de fondo.
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