El fenómeno de El Niño se perfila como el más potente en más de siete décadas y la Argentina ya se prepara para un verano con lluvias extraordinarias
La NOAA elevó al 75% la probabilidad de que el próximo evento supere los 2,5 grados de anomalía en el Pacífico ecuatorial, un umbral que ningún episodio anterior logró cruzar desde 1950. Especialistas consultados advierten que el impacto se sentirá con fuerza en el Litoral y el noreste del país entre octubre y febrero.

Cuando María Alejandra Cristanchi habla del río Paraná, lo hace con la voz de quien lo mira desde hace décadas y sabe leerlo. La jefa del sector de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá me recibió esta semana con una advertencia que repitió varias veces, como para que quedara bien grabada: "El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. Se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte", dijo, y la frase me quedó dando vueltas mientras volvía por la ruta hacia Buenos Aires, porque lo que describe no es una amenaza lejana sino un calendario que ya está corriendo y que va a marcar el pulso de buena parte del país durante los próximos meses.
Lo que me llamó la atención al meterme en los informes es que los propios científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la NOAA, acaban de mover la aguja de la preocupación. A principios de septiembre, su Centro de Predicción Climática fijó en 75% la probabilidad de que el Índice Oceánico Relativo de El Niño, conocido por su sigla RONI, supere los 2,5 grados centígrados de anomalía entre octubre y diciembre de 2026. Para dimensionar lo que eso significa, alcanza con mirar hacia atrás: desde 1950, cuando comenzaron los registros sistemáticos, ningún episodio había logrado cruzar ese umbral. Los cuatro eventos catalogados como muy fuertes, entre ellos el célebre 1982-1983 que siempre aparece en los manuales, se quedaron en valores de entre 2,0 y 2,4 grados. Si la proyección se cumple, estaríamos ante un hecho sin antecedentes modernos.
Por qué el RONI importa más que la temperatura superficial
Lo interesante, y algo que me costó entender en las primeras lecturas, es que los especialistas ya no miran solamente la temperatura de la superficie del Pacífico ecuatorial, esa famosa región Niño 3.4 que durante años fue la referencia obligada. Ahora ponen el foco en el RONI, un indicador que corrige la anomalía térmica según el calentamiento de fondo que vienen arrastrando los océanos tropicales. Es decir, descuenta el recalentamiento global para aislar lo que realmente aporta El Niño. Y aun después de ese descuento, el número que se viene es descomunal: en agosto, la zona Niño 3.4 ya mostraba 1,8 grados por encima del promedio, la región Niño 3 trepaba a 2,5 grados y frente a las costas de América del Sur la marca llegaba a 3,4 grados. La probabilidad de que el episodio sea clasificado como muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte supera, según los modelos revisados por la NOAA, el 90%.
Hablé por teléfono con Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, y su lectura fue prudente pero coincidente con la de los organismos internacionales. Madelón me dijo que, si los modelos se sostienen, el fenómeno "posiblemente perdure hasta el otoño de 2027", lo que implica que el próximo verano argentino y buena parte del otoño siguiente van a transcurrir bajo su influencia. "Todavía hay que esperar cómo se comporta en los próximos meses, pero la señal es muy clara", agregó, y me insistió en algo que después confirmé en los partes oficiales: en la Argentina los efectos se concentran sobre todo en el Litoral, el noreste y el centro-este del país.
Qué se espera en cada región
- En noviembre, el exceso de lluvias se proyecta sobre el noreste argentino y el este de Entre Ríos, con más de 30 milímetros por encima de los valores habituales para esa época del año.
- En diciembre, las anomalías superiores a 50 milímetros alcanzarían a Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, mientras que el noroeste argentino registraría entre 20 y 50 milímetros por encima de lo normal.
- El Litoral y la Cuenca del Plata son las zonas donde el impacto se sentirá con mayor intensidad, con riesgo concreto de crecidas e inundaciones, según advirtió Cristanchi desde Yacyretá.
- El aumento de caudales en los ríos Paraná, Iguazú y Uruguay traerá aparejada una mayor oferta de agua para las represas, pero también eventuales evacuaciones en zonas ribereñas y bajas islas.
Antes de cerrar la nota volví a pensar en la frase de María Alejandra y en la ruta que me devolvía a casa. Ella lleva años midiendo el Paraná, discutiendo con intendentes chaqueños y correntinos, organizando operativos cuando el agua sube. Si alguien en la Argentina sabe lo que viene, es gente como ella. Y el dato que más me quedó de toda la jornada es uno solo: nunca, desde 1950, el Pacífico ecuatorial había mostrado un escenario de estas características con un 75% de probabilidad. No es un pronóstico catastrofista, es la lectura fría de los modelos que miran el clima global. Por eso, mientras el verano se acerca, las provincias del Litoral ya empezaron a revisar planes de contingencia y a reforzar defensas ribereñas, porque lo que se viene, según la evidencia acumulada, no tiene comparación con nada de lo que haya ocurrido en la historia reciente.
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