La advertencia de los toxicólogos: el microondas y el enemigo invisible que viaja en tu recipiente
Especialistas recomiendan cambiar el envase plástico por uno de vidrio o cerámica antes de recalentar la comida. Calor, vibración de moléculas y aditivos que migran al plato: qué se sabe y qué todavía no.

Lo vi con mis propios ojos esta mañana, parada frente a la puerta abierta de la heladera, mientras sacaba el taper con el guiso de lentejas que sobró del domingo. Me quedé mirándolo un rato largo, ese cuadradito transparente con la tapa azul que lleva años viajando del freezer al microondas y del microondas a la mesa, y pensé en todas las veces que pulsé el botón de start sin siquiera pestañear. Esta semana me enteré de que esa costumbre tan automática, tan nuestra, tan de casa, es justo la que dos toxicólogos norteamericanos están pidiendo revisar, y la nota que sigue tiene que ver con eso: con lo que pasa adentro de ese recipiente cuando la luz del microondas empieza a girar.
Vidrio o cerámica, el cambio que proponen los especialistas
El planteo es sencillo de explicar y bastante más complejo de cumplir todos los días: antes de recalentar la comida, mejor pasarla a un recipiente de vidrio o cerámica. Así lo recomienda Wells Brambl, médico toxicólogo especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island, que pertenece al sistema de salud Northwell Health. La lógica de su consejo apunta directo al corazón del problema: cuando sube la temperatura, el plástico puede liberar partículas microscópicas que terminan mezclándose con lo que vamos a comer, y por eso la primera línea de defensa es, literalmente, sacarle el envoltorio antes de pulsar el botón.
Su colega Serah Oyewole, toxicóloga médica del Hospital Houston Methodist, traduce el fenómeno a un lenguaje casi de manual escolar pero inquietante. Dice que, con el aumento de la temperatura, las moléculas del plástico empiezan a vibrar y la estructura de polímeros se resiente, como si fuera una red que se afloja. Esa vibración favorece que se desprendan fragmentos diminutos del material y, con ellos, aditivos que se incorporaron durante la fabricación: colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas, esos productos que le dan color, durabilidad y resistencia al sol a los envases y que, según explica Oyewole, pueden migrar hacia la comida.
“Apto para microondas”: la leyenda que no garantiza nada
Acá aparece uno de los puntos que más me llamó la atención mientras leía el material, porque uno tiende a confiar en la etiqueta como si fuera una promesa escrita en piedra. Brambl es claro al respecto: que un recipiente diga “apto para microondas” no significa que esté libre de liberar microplásticos cuando se calienta. Oyewole va un paso más allá y separa dos cuestiones que suelen mezclarse en la cabeza del consumidor: por un lado está la aprobación del material para estar en contacto con alimentos, y por otro, bien distinto, lo que todavía no sabemos del todo sobre qué ocurre cuando esas partículas se ingieren de manera sostenida a lo largo de los años.
“Una correlación no prueba que esas partículas sean la causa. Los efectos a largo plazo continúan en estudio.”Wells Brambl, toxicólogo de Northwell Health
Si no queda otra que usar plástico: algunos ajustes posibles
- Bajar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar la comida, una forma de reducir la exposición al calor que dispara la liberación de partículas.
- Revisar de a poco los utensilios, tapas y esponjas de plástico de la cocina y reemplazarlos por versiones de otros materiales cuando se vayan gastando.
- Preferir productos con menos envolturas plásticas al hacer las compras, una decisión chica pero que suma.
Mientras ordenaba la cocina después de escribir esta nota, volví a mirar el taper de las lentejas y entendí que la discusión no pasa por tirar todo a la basura y empezar de cero, sino por ir modificando de a poco los gestos de siempre. Brambl mismo lo aclara con una honestidad que vale la pena repetir: cambiar los hábitos en la cocina ayuda a reducir una parte de la exposición, pero la contaminación ambiental puede hacer que los alimentos ya lleguen a nuestro plato con microplásticos antes siquiera de ser procesados o envasados. La investigación sigue su curso, los efectos a largo plazo todavía están sobre la mesa, y mientras tanto la mejor decisión que podemos tomar, dicen los toxicólogos, es tan simple como cambiar de recipiente antes de pulsar start. Me llevo esa idea a casa, y al próximo guiso, también.
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