La cirugía del Papa en Roma: qué es el adenocarcinoma de pulmón y por qué la lobectomía cambia el pronóstico
El Vaticano confirmó que León XIV fue operado en el Policlínico Gemelli de un adenocarcinoma pulmonar. El neurólogo Conrado Estol explicó cómo se llega al diagnóstico, qué evalúan los médicos después y por qué la genética del tumor es clave para definir el tratamiento.

Lo vi esta mañana, mientras revisaba el cable, y la imagen me quedó dando vueltas: un Papa de setenta años al que le abren el pecho en un hospital de Roma, le sacan un lóbulo entero del pulmón derecho y, a las pocas horas, ya está caminando por la habitación. Es la escena con la que el Vaticano confirmó la intervención de León XIV en el Policlínico Gemelli, una cirugía que duró alrededor de noventa minutos y que se hizo por vía videoasistida, con pequeñas incisiones y una cámara que guía al equipo mientras corta y extrae. Lo que los médicos encontraron en el microscopio, mientras el paciente todavía estaba en el quirófano, fue un adenocarcinoma pulmonar, el tipo de tumor que más se repite, según dicen los papers y me repite ahora el neurólogo Conrado Estol, entre la gente que no fuma.
Por qué se saca un lóbulo y no solo el nódulo
La primera pregunta que me hice, y que seguro se hicieron muchos lectores de entre cuarenta y sesenta años que están leyendo esta nota con el café a la mitad, es por qué no se limitan a quitar el bultito. La respuesta, me la tradujo Estol en un castellano bien porteño, es de manual de oncología torácica: una lobectomía no es una exageración, es una manera de asegurarse de que no queden células tumorales dando vueltas en el borde de lo que se cortó. Al sacar el lóbulo entero, el patólogo puede mirar los márgenes con detenimiento y, además, revisar los ganglios linfáticos que están cerca y la pleura, esa membrana finita que envuelve el pulmón. Esos tres datos, tamaño del nódulo, estado de los ganglios y compromiso pleural, son los que después arman el pronóstico en una mesa de ateneo.
El parte oficial dice que la evolución posoperatoria fue normal, que León XIV retomó la alimentación habitual, que hizo kinesioterapia respiratoria, esa serie de ejercicios con incentivador y respiraciones profundas que sirven para volver a inflar bien el pulmón que quedó, y que empezó a caminar dentro de la habitación. Suena a parte de rutina, pero a mí, que cubrí suficientes recuperaciones de cirugías mayores, me dice algo más: que no hubo sangrado, que no hubo fuga de aire prolongada, que el pulmón remanente se está reexpandiendo como tiene que reexpandirse.
El tumor que casi no avisa
Acá viene un dato que me parece clave para cualquiera que tenga un ser querido con un hallazgo en una tomografía: el adenocarcinoma suele vivir en la periferia del pulmón, lejos de los bronquios grandes, y por eso tarda en dar síntomas. No tose, no ahoga, no hace sangrado. Estol me lo puso en números bien claros: representa entre el 55 y el 80 por ciento de los cánceres de pulmón en personas no fumadoras. La edad del Papa, setenta años, entra de lleno en la franja donde este subtipo aparece con más frecuencia, justamente en quien no tiene el antecedente de tabaco como factor explicativo a primera vista.
Cómo se define el pronóstico y qué lugar ocupa la genética
El neurólogo, que también se especializa en medicina interna, me planteó un escenario hipotético para que se entienda la lógica médica sin entrar en datos del paciente: si el nódulo mide alrededor de dos centímetros, si los ganglios están libres de tumor y si la pleura no está comprometida, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento. Esa cifra,aclara, es orientativa y corresponde a la mejor de las combinaciones posibles, no a un promedio. En paralelo, laboratorios especializados están corriendo estudios genéticos sobre el tejido extraído. Esos estudios buscan mutaciones específicas, como las del EGFR, el KRAS, el BRAF, el HER o el MET, que permiten indicar terapias dirigidas, que se toman por vía oral como un comprimido, y son distintas de la inmunoterapia, que se aplica por suero. Las dos opciones pueden dejar de funcionar con el tiempo, por eso el seguimiento oncológico no termina cuando el paciente se va de alta: es parte del tratamiento, no un extra.
Cierro como empecé, con la imagen del Papa caminando por la habitación del Gemelli después de que le sacaran un lóbulo del pulmón derecho. Es una foto que vale más que cualquier porcentaje: muestra que la cirugía salió bien, que el cuerpo responde, y que ahora empieza otra etapa, la del laboratorio y los controles, donde se define, con la genética del tumor en la mano, qué tan atrás queda el cáncer y cuánto adelante queda la vida.
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