La VTV del amor: por qué Rolón propone revisar cada tanto si la pareja sigue funcionando
El psicoanalista y escritor sugirió mirar las relaciones de pareja como se mira un auto antes de un viaje largo: prestando atención a qué se gasta, qué se rompe y qué se sostiene sólo por costumbre. También habló del deseo como una falta que no se apaga ni cuando conseguimos lo que queremos.

Lo vi por primera vez en una librería del centro, hace ya varios años, hojeando un libro que después recomendé a cuanta persona se cruzó en una cena. Por eso, cuando me senté a revisar la entrevista que Gabriel Rolón le dio a Luis Novaresio, no esperaba encontrarme con una imagen tan terrenal como la que terminó proponiendo. El psicoanalista, que suele moverse por territorios más abstractos, se detuvo en una comparación que cualquier porteño entiende al vuelo: la Verificación Técnica Vehicular. Y la trajo al terreno del amor. La llamó, sin vueltas, la VTV del amor.
La idea, según contó en la charla, es tan simple como útil: así como uno lleva el auto al taller cada cierto tiempo para revisar frenos, luces y cubiertas, también habría que detenerse a observar cómo está la pareja. Qué cosas chirrían, qué se gastó, qué se rompió y, sobre todo, qué se sigue arrastrando sólo por costumbre. No para reparar lo irrompible, aclaró, sino para ver con honestidad qué se sostiene y qué hace agua.
La costumbre, la resignación y el miedo a estar solo
Rolón puso el foco en tres movimientos que, desde su lectura, muchas personas repiten sin darse cuenta. El primero es la costumbre: seguir porque siempre se siguió, aunque algo ya no funcione. El segundo es la resignación: aceptar un vínculo que genera sufrimiento porque parece que no queda otra. Y el tercero, al que volvió más de una vez, es el miedo a la soledad, ese motor silencioso que empuja a cualquiera a quedarse un poco más en una relación que, en el fondo, ya no da aire.
“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón
Eso último lo dijo con una frase que resonó: la compañía de alguien querido ofrece calma, pero no borra del todo la experiencia de estar solo. Incluso un abrazo, explicó, puede aliviar lo que una persona siente sin terminar de resolverlo. Es una idea que, si uno se deja llevar, cambia bastante la forma de mirar alrededor. Pensé en Miguel, un vecino de 52 años que conozco del barrio y que hace meses me repite que se quedó en su matrimonio "por no saber hacer la cena solo". Lo dice entre chistes, pero cada vez lo dice más serio.
El deseo como una falta que no se apaga
La otra pata de la conversación fue el deseo, y ahí Rolón volvió a ir a contramano del sentido común. Conseguir algo que se anhela no elimina, según su planteo, la sensación de que algo sigue faltando. Y puso ejemplos de lo más variados: desde una necesidad cotidiana y concreta, como conseguir un trabajo, hasta búsquedas más grandes, como un éxito profesional, la lectura de un libro que uno viene postergando, tener un hijo o, justamente, encontrar una pareja. En todos los casos, dijo, la búsqueda puede cumplirse y, sin embargo, el deseo no se apaga del todo.
- Revisar la pareja como se revisa un auto: prestando atención a qué se gasta y qué se rompe.
- Distinguir entre lo que sostiene un vínculo por elección y lo que lo sostiene por costumbre o miedo.
- Escuchar al deseo como una señal de falta, no como una promesa de plenitud.
- Aceptar que la compañía no siempre borra la soledad, aunque la haga más llevadera.
Para el escritor, esa falta persistente que vuelve una y otra vez tiene una razón más profunda: la conciencia de que la vida y los afectos no son permanentes. La convivencia con esos límites, planteó, es parte de la experiencia humana. Y acá aparece, me parece, la parte que más cuesta tragar: pensar la pareja no como un refugio contra la soledad ni como una respuesta al deseo, sino como un vínculo que también hay que revisar cada tanto, sin dramatismo y sin dejarlo para cuando ya sea tarde. Como aquel primer libro que hojeé en la librería: lo elegí sin saber bien por qué, y me terminó acompañando más de lo que imaginaba. A veces, la mejor VTV es simplemente abrirlo y mirar qué dice hoy.
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