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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Lo que la menopausia no cuenta: el ovario sigue trabajando en silencio, décadas después

Un estudio de Northwestern y el Instituto Buck demostró que el órgano no se apaga tras la menopausia: cambia de función, se reacomoda y, con los años, se inclina hacia procesos de inflamación y reparación.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Lo que la menopausia no cuenta: el ovario sigue trabajando en silencio, décadas después

A veces uno lee un paper científico y piensa que la cosa no va con él. Pero esta vez me pasó al revés. Cuando me senté a leer la investigación publicada en Aging Cell sobre lo que hace el ovario después de la menopausia, me acordé de las vecinas del tercer piso del edificio donde me crié, de esas señoras que criaron cinco hijos, laburaron toda la vida y seguían yendo a la ginecóloga cada seis meses como si fueran adolescentes. Yo, de pibe, pensaba que era capricho. Hoy, después de leer este trabajo, entiendo que no: era sentido común con años de consulta encima.

El estudio, hecho por equipos de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en Estados Unidos, se metió de lleno en una pregunta que durante décadas se dio por cerrada: qué hace el ovario cuando la mujer ya dejó de menstruar. La respuesta corta es que no se jubila. La larga es lo que me sorprendió.

Cómo se hizo el trabajo y qué encontraron

  • Analizaron 28 muestras de tejido ovárico sin cáncer, obtenidas de mujeres operadas por causas benignas, con edades entre 50 y 75 años.
  • Dividieron a las participantes en tres franjas: 50 a 59, 60 a 69 y 70 años o más.
  • Usaron espectrometría de masas, una técnica que permite identificar y contar proteínas, y cuantificaron 5.812 grupos de proteínas.
  • Compararon los perfiles entre las tres franjas etarias para ver qué cambiaba con el paso del tiempo.

Lo que apareció fue un mapa con movimientos graduales, como esos glaciares que uno ve en los noticieros y que bajan tan de a poco que parece que están quietos. A mayor edad, subieron las proteínas asociadas a la inflamación, a la respuesta inmunitaria innata y al recambio de la matriz extracelular, esa red invisible de moléculas que le da soporte a los tejidos. En paralelo, bajaron las proteínas que sostienen la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas. O sea: el ovario fue dejando de mantener su forma clásica para pasarse a tareas de reparación y señalización.

El salto más fuerte se vio a partir de los 70. En esa franja detectaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las mujeres de 50 a 59: 84 habían disminuido y 33 habían aumentado. El dibujo describe un tejido que pasa de sostener su estructura a activar mecanismos de defensa y comunicación. Eso, en criollo, quiere decir que el órgano no se apaga: se reconfigura.

“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del trabajo

La frase de Duncan me resonó fuerte, sobre todo porque viene de alguien que lleva años mirando ovarios con microscopio. Para mí, que vengo del periodismo de calle, la traducción práctica es simple: el cuerpo de la mujer no entra en un modo de ahorro a los 50. Sigue gastando energía en ese órgano, solo que la gasta en otra cosa. Y eso, a los 40, 50 o 60 que estén leyendo, tiene consecuencias clínicas concretas, empezando por el hecho de que el ovario puede inflamarse, puede generar quistes benignos y puede, incluso, desarrollar tumores a edades avanzadas. Precisamente, el estudio cruzó sus datos con trabajos previos sobre cáncer de ovario y vio que en el grupo de 60 a 69 años aparecían con mayor presencia algunas proteínas que habían sido vinculadas a ese tumor, justo cerca de la edad mediana de diagnóstico. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de cáncer y que la coincidencia no implica causalidad, pero el dato está ahí y merece atención.

Volví a pensar en Rosa, mi vecina del tercer piso, que debe tener 72 años y cada vez que me la cruzo en el ascensor me pregunta si me acuerdo de cuando ella me curaba la rodilla raspada con agua oxigenada. Me acuerdo, Rosa. Y ahora también me acuerdo de algo que ella probablemente nunca leyó en un paper pero que su cuerpo viene diciéndole hace rato: que el ovario, aunque ya no libera óvulos ni maneja las hormonas de antes, sigue activo, sigue cambiando, sigue hablando con el resto del organismo. Y que la menopausia, lejos de ser un corte definitivo, es una transición larga, silenciosa y, como nos acaba de recordar la ciencia, todavía bastante desconocida.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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