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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mermelada de moras silvestres: cómo llegar al frasco sin perderse en el intento

Una receta casera que cruza moras, manzana rallada y limón, con el truco del colado fino para olvidarse de las semillas y el ritmo de cocción en cacerola a fuego medio-bajo.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo · · 4 min de lectura
Mermelada de moras silvestres: cómo llegar al frasco sin perderse en el intento

Amanecí con ese cielo de finales del verano en el que la térmica todavía pesa pero la brisa ya se anima a entrar por la ventana. Antes de salir a recorrer el mercado regional y charlar con los productores que ofrecen frutas de cosecha reciente, me detuve en la cocina con una idea dando vueltas: armar una mermelada de moras silvestres que no separe sabores ni dependa de un ingrediente estrella, sino que se banque sola en una tostada con manteca, en un yogur natural bien frío o coronando un queso crema de buena marca.

Lo que sigue es una preparación casera, sin química rara ni pasos de laboratorio, que combina moras, manzana rallada, azúcar y jugo de limón, y que termina en frascos guardados en la heladera hasta el momento de servir. La idea es que cualquier persona con una cacerola, un colador de malla fina y algo de paciencia pueda llevarla adelante sin sobresaltos.

Antes de empezar: qué dice y qué no dice la receta

Hay que ser honestos con el lector: la receta original tiene una limitación práctica que conviene aclarar de entrada. No precisa cuánta azúcar ni cuánta agua se necesitan, y tampoco indica la cantidad inicial de moras, manzanas o limones. Lo que sí ofrece son dos referencias de peso que sirven para imaginarse el volumen final: unos 525 gramos de moras ya trituradas y coladas, y alrededor de 175 gramos de manzana rallada. Son números que describen la preparación, pero no completan la lista de ingredientes, así que conviene ajustar el azúcar y el limón a gusto, probando sobre la marcha.

El paso clave: las moras sin semillas

El corazón de la receta está en cómo se tratan las moras para que la mermelada no se vuelva un campo minado de pepitas. El procedimiento empieza lavándolas bien bajo agua fría y dejándolas escurrir. Después se trituran con un poco de agua hasta que la mezcla quede uniforme; para eso alcanza con una batidora de mano o, si la cocina lo permite, con un robot de cocina.

Una vez que el puré está listo, viene el momento decisivo: se pasa por un colador de malla fina. Con un cucharón se presiona y se mueve la mezcla para que atraviese la malla, y así se separan las semillas que pueden resultar molestas al comer. Es un paso que pide muñeca y algo de tiempo, pero la diferencia entre una mermelada rústica y una textura amable al paladar pasa por ahí.

  • Lavar las moras con agua fría y dejarlas escurrir bien.
  • Triturarlas con un poco de agua hasta lograr un puré uniforme.
  • Colar el puré por un colador de malla fina, presionando con un cucharón para retirar las semillas.
  • Rallar la manzana pelada con un rallador grueso y sumarla al puré de moras en una cacerola.
  • Agregar el jugo de limón y el azúcar, y cocinar a fuego medio-bajo durante 30 minutos, revolviendo de vez en cuando.
  • Retirar del fuego, repartir en frascos, dejar enfriar y guardar en la heladera hasta el momento de consumir.

La cocción y el guardado

Mientras la cacerola trabaja a fuego medio-bajo durante media hora, conviene mover la mezcla cada tanto para evitar que se pegue al fondo. La manzana rallada aporta pectina natural y ayuda a que la preparación tome cuerpo, y el jugo de limón cumple ese doble rol de equilibrar el dulzor y colaborar con la conservación. Al terminar, la mermelada se reparte en frascos limpios, se deja enfriar y se guarda en la heladera hasta consumirla.

“La receta termina con una pregunta que me quedé dando vueltas: ¿con qué te gustaría acompañarla? Las tostadas del desayuno y la merienda son dos opciones clásicas, pero también se puede sumar a un yogur natural, acompañar un queso fresco o, si la mano se anima, incorporarla a una tarta de queso. Queda a elección del lector cerrar el círculo.”Receta de base

Como consejo práctico, les diría que tengan a mano un plato frío en la heladera para probar el punto de la mermelada: colocan una cucharadita, la dejan enfriar un minuto y pasan el dedo por el medio. Si la línea se mantiene, la textura está lista. Y otro dato que vale oro en la cocina: carguen los frascos todavía calientes, tapen y dejen enfriar boca abajo, así se sella mejor el vacío y la conserva aguanta varias semanas sin perder aroma ni color.

JI
Joaquín IturraldeTurismo y fin del mundo

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