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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Mover el cuerpo también puede mover la libido: lo que dice una especialista en suelo pélvico sobre cruzar la puerta del gimnasio

Erika Lydon, fisioterapeuta, sostiene que el ejercicio moderado mejora la circulación y el descanso, claves para el deseo sexual. Advierte, eso sí, que pasarse de rosca sin comer ni descansar bien puede jugar en contra.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda · · 4 min de lectura
Mover el cuerpo también puede mover la libido: lo que dice una especialista en suelo pélvico sobre cruzar la puerta del gimnasio

Acomodé la silla, serví el café y me quedé pensando en algo que me dijo la semana pasada una vecina mientras esperábamos el ascensor. María Eugenia, 52 años, contadora, madre de dos, me miró con esa media sonrisa que suelen poner las mujeres cuando hablan de un tema que todavía les cuesta poner en palabras y me preguntó al oído si era verdad que hacer ejercicio podía ayudar con eso. Le dije que volviera a llamar a la fuente y, mientras tanto, fui a buscarla yo.

Esa fuente se llama Erika Lydon y es fisioterapeuta especializada en suelo pélvico. La fui a ver con una libreta llena de preguntas y la orden de no inventarme nada. Lo que me respondió, palabra más palabra menos, es lo que intento reconstruir acá abajo con el mayor cuidado posible.

Caminar, trotar o pedalear: por dónde conviene empezar

Lydon arranca por lo más básico y, a la vez, lo más difícil de cumplir: la constancia. Su recomendación inicial es empezar con caminatas de 15 minutos y subir la exigencia de a poco. La idea no es sufrir ni transformarse en atleta de un día, sino encontrar algo que resulte agradable y, sobre todo, que se pueda sostener en el tiempo. Esa sostenibilidad es la que después permite cosechar beneficios, y entre esos beneficios aparece, alguna veces, la vida sexual.

  • 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana, o 75 minutos de actividad intensa.
  • Dos días por semana de entrenamiento de fuerza.
  • Una progresión gradual: de caminatas cortas a esfuerzos mayores según cada cuerpo.
  • Consulta previa con un profesional de salud o de suelo pélvico si hay dolor o dudas sobre el desempeño sexual.

Por qué moverse puede sumar en la intimidad

Según me explicó la fisioterapeuta, hay al menos tres mecanismos que conectan al ejercicio con la función sexual. El primero es la circulación: el trabajo aeróbico cuida el corazón y los vasos sanguíneos y, de ese modo, facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales. Ese flujo interviene en la erección y puede colaborar con la excitación y la función sexual femenina.

El segundo mecanismo es el descanso. Dormir mejor suele aparecer bastante rápido cuando se empieza a mover el cuerpo con regularidad. El tercero es el estrés: la tensión sostenida funciona como un enemigo silencioso del deseo, y el ejercicio puede ayudar a mejorar el ánimo y a relajarse. Lydon agregó que el entrenamiento de fuerza puede colaborar con procesos vinculados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal.

La advertencia: pasarse de rosca también tiene consecuencias

Acá la especialista fue muy clara y por eso lo subrayo: no todo lo que brilla es oro. Entrenar de más, sin alimentarse de manera adecuada y sin darse el tiempo de recuperarse, puede afectar el deseo. El cuerpo necesita combustible y pausa para volver a funcionar como una máquina aceitada.

También puso sobre la mesa el tema de los ejercicios de suelo pélvico, que no son una receta universal. Los Kegel, por ejemplo, pueden servir en algunos casos y aumentar la tensión en otros. Si los músculos permanecen contraídos o les cuesta relajarse, las relaciones pueden volverse dolorosas. Por eso insistió: cada cuerpo necesita una evaluación individual antes de empezar cualquier rutina específica.

Lo que dice la ciencia y lo que dice el cuerpo

Lydon fue prudente a la hora de marcar expectativas. La pauta de 150 minutos de actividad moderada o 75 intensos por semana, más dos jornadas de fuerza, apunta a la salud general. No constituye un tratamiento para el bajo deseo ni garantiza cambios en la libido, me dijo. La salud y el estado emocional de cada persona también intervienen, y a veces pesan más que la mejor rutina del mundo.

Antes de sumar ejercicios específicos, la recomendación concreta es atender las molestias y consultar a un profesional de salud o de fisioterapia de suelo pélvico si aparece dolor o preocupación por el desempeño sexual. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse, y a veces necesita, justamente, lo contrario: aprender a aflojarse.

Los tiempos: cuando se nota la diferencia

Algo que me llamó la atención es que Lydon no promete resultados mágicos. Según me dijo, los efectos aparecen en distintos plazos. Dormir mejor o sentirse menos estresado puede ocurrir antes que un cambio notorio en la libido, y eso depende, otra vez, de cada cuerpo y de cada historia. Lo que sí repitió es que, si el movimiento es moderado, sostenido y respetuoso de los tiempos de recuperación, las chances de que algo positivo pase en la intimidad aumentan. Si se cruza el límite del sobreentrenamiento, esas chances, en cambio, se achican.

Volví a llamar a María Eugenia y le conté lo que había averiguado. Me agradeció con un guiño y dijo que iba a empezar, esa misma tarde, con una caminata de 15 minutos por la plaza del barrio. No es mucho, me dijo mientras se acomodaba el bolso, pero es algo que sé que voy a poder sostener. Y la fuente que consulté, Erika Lydon, estaría de acuerdo con esa manera de empezar.

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Camila Ledesma TapiaSociedad y vivienda

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