Ponerse primera en la lista: una sobreviviente grabó desde el auto para que todas se acuerden de los controles
María José Riera, productora audiovisual y autora de "Fue un buen verano", subió a sus historias de Instagram un video camino a sus estudios anuales. Su mensaje, en el mes rosa, apunta directo a las mujeres: priorizarse no es egoísmo, es supervivencia.

Hay una ironía bastante porteña en esto de cuidarse la salud: dejamos el auto en doble fila, corremos al kiosco, llevamos el nene al colegio, respondemos quince mensajes del grupo familiar, y cuando nos acordamos de pedir un turno para la mamografía ya pasaron tres años. María José Riera conoce el precio de esa desidia. Lo pagó en 2020, en plena peluquería, con los papelitos de los claritos todavía pegados en la cabeza. Por eso este octubre agarró el celular antes de bajarse del auto y dejó un mensaje en sus historias de Instagram que vale más que cualquier spot oficial.
El video que grabó antes de entrar al consultorio
Riera es productora audiovisual, así que sabe de cámara y de tiempos. Pero el video que subió camino a sus estudios de control no tiene producción: tiene verdad. “Hoy es un día en donde durante todo el día tengo estudios de control. Y venía pensando que vengo con mucha alegría a hacerme eso”, dijo, con la tranquilidad de quien repite un ritual que ya conoce de memoria. La alegría, explicó, viene de dos lados: de poder acceder a la práctica y de haber tomado la decisión de hacerla. Ni más ni menos.
“Es la misma decisión de ir por el mismo camino, de ponerme primero en mi lista, de priorizarme, de cuidarme para poder estar en salud, para poder estar en disfrute.”María José Riera
La frase que eligió para cerrar
El video termina con una convocatoria seca, sin marketing ni música épica de fondo: “Especialmente en este octubre, chicas, háganse todos los controles necesarios”. Punto. Lo dijo Riera, no una fundación con presupuesto millonario ni una celebrity a la que le pagan por aparecer en la campaña. Lo dijo ella, que sabe lo que habla porque le tocó.
El recorrido desde el diagnóstico hasta el libro
El diagnóstico cayó el 24 de noviembre de 2020, en la peluquería, con los papelitos de la decoloración todavía en la cabeza. La operaron el 9 de diciembre y durante todo 2021 hizo quimioterapia y radioterapia. En el medio, tomó una decisión que nada tiene que ver con la medicina: después de 35 años de matrimonio, se separó. “No quería cargar con la angustia de otra persona que no me podía acompañar y que no tenía las herramientas emocionales para hacerlo”, explicó en su momento. A esa altura, perder una sobrina por la misma enfermedad ya le había confirmado el punto: la prevención no es opcional, es conversación pendiente.
De esa temporada salió el libro “Fue un buen verano”, su primer título, donde relata el paso por la enfermedad y la separación al inicio del tratamiento. Hay un capítulo —o un hilo, mejor dicho— que se roba la escena: el grupo de amigas que se mudó con ella durante la quimioterapia para acompañarla. “Acá se refleja el resultado de esos meses y está dedicado a la amistad femenina”, dijo sobre el libro. Lean eso de nuevo, lentamente: la amistad femenina como red de emergencia. No suena a novela rosa, suena a manual de supervivencia.
- El control anual es la herramienta concreta: sin turno sacado no hay mamografía realizada.
- Ponerse primera en la lista no es egoísmo: es lo que permite después estar para el resto.
- La decisión de hacerse los estudios vale tanto como poder pagarlos, según el propio relato de Riera.
- El grupo de amigas que acompaña es parte del tratamiento, no un accesorio.
(Dicho sea de paso: conseguir turno en octubre, el mes de la concientización, es un deporte de riesgo. Hay que pedirlo con tiempo o armarse de paciencia para noviembre. Pero pedirlo.)
Riera hoy está en la etapa de las supervisiones periódicas, ese carrusel de estudios que no termina nunca y que cada sobreviviente conoce de memoria: ecografías, resonancias, análisis, la espera del resultado, el suspiro, y a empezar de nuevo. Por eso su mensaje no es abstracto. Es del tipo que te agarra del hombro y te dice al oído: tomate el día, pedí el turno, andá. Después seguís con el resto de la lista, esa que siempre tiene a una afuera.
Mi recomendación, si mepermiten la opinión: este octubre, en lugar de repostear el lazo rosa sin pensar, saquen el celular, pidan el turno que vienen postergando y manden el video a sus amigas. Total, como diría cualquier fueguino con sentido común, no es lo mismo saber que hay que hacerse los controles que efectivamente ir a hacérselos. Y si Riera se filmó desde el auto antes de entrar al consultorio, bien podemos imitar el gesto más modesto de agendar la cita.
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